{"id":122567,"date":"2026-03-05T23:06:00","date_gmt":"2026-03-05T23:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/lobo-antunes-noche-oscura_0_hjtPIbGsNZ.html"},"modified":"2026-03-05T23:06:00","modified_gmt":"2026-03-05T23:06:00","slug":"lobo-antunes-contra-la-noche-oscura","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2026\/03\/05\/lobo-antunes-contra-la-noche-oscura\/","title":{"rendered":"Lobo Antunes contra la noche oscura"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/lobo-antunes-contra-la-noche-oscura.jpg\"><\/p>\n<div><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/lobo-antunes-contra-la-noche-oscura-2.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<div id=\"element-body-0\" readability=\"67\">\n<p><strong>Ant\u00f3nio Lobo Antunes<\/strong> era un lector fan\u00e1tico del gran poeta Dylan Thomas. Recitar de memoria algunos de sus versos le cambiaba la cara. Readapt\u00f3, de hecho, uno de los t\u00edtulos del gal\u00e9s para uno de sus propios libros: <strong><em>No entres tan deprisa en esa noche oscura<\/em><\/strong>. El fr\u00e1gil y fuerte poema de Thomas est\u00e1 dedicado a la muerte de su padre. Podr\u00eda invocarse esa misma l\u00ednea para contrarrestar la noticia que lleg\u00f3 esta ma\u00f1ana desde Lisboa. En todo caso, para interpretarla como dirigida por el propio Lobo de ni\u00f1o -a quien tanto evoc\u00f3 en sus escritos- al oso macizo y silencioso que fue el portugu\u00e9s durante sus \u00faltimas d\u00e9cadas. Alguna vez al que fue en su ni\u00f1ez de esta manera y en tiempo presente: \u201cS\u00f3lo conoces el sol y pocas voces, algunos rumores esenciales, el agua, las hojas del olmo a las seis de la tarde, el regreso de los reba\u00f1os confundido con el peso de silencio de tu padre\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\" readability=\"75\">\n<p>Dif\u00edcil creer que se enga\u00f1ara: <strong>Lobo Antunes<\/strong> era un poeta que se hac\u00eda pasar por novelista. Un astuto infiltrado, un honesto estafador. Ah\u00ed est\u00e1n para demostrarlo sus ficciones no programadas <strong><em>Esplendor de Portugal, Yo he de amar una piedra, El orden natural de las cosas, La muerte de Carlos Gardel, En el culo del mundo<\/em><\/strong> y, en no menor medida, sus preciosos vol\u00famenes de cr\u00f3nicas, acaso la mejor puerta de entrada a su mundo. Lo blanque\u00f3 en un texto titulado \u00abReceta para leerme\u00bb: \u201cLas que por comodidad he llamado novelas, como podr\u00eda haberlas llamado poemas, visiones, lo que se quiera, s\u00f3lo se entender\u00e1n si se las toma por otra cosa. Las personas tienen que renunciar a su propia llave, la que todos tenemos para abrir la vida, la nuestra y la ajena, y utilizar la llave que el texto le ofrece\u201d. Era una manera elegante y cort\u00e9s de pedir paciencia.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\" readability=\"68\">\n<p>Desobediente de la puntuaci\u00f3n tradicional, en la p\u00e1gina sus frases avanzan a fuerza de tangentes y digresiones, de fustazos de recuerdos que nunca terminan de arder: \u201cLa infancia es el lujo de quien posee tiempo para haberla tenido\u201d. Mediante una evidente concentraci\u00f3n sobrenatural al escribir, <strong>Lobo <\/strong>suelta una gracia r\u00edtmica, escandida y a la vez torrencial, que disimula la desesperaci\u00f3n de exorcizar varios pasados. En sus libros el posicionamiento del narrador -a menudo una mujer, acaso como cortina de humo de su remontarse autobiogr\u00e1fico- es siempre de una entereza clara, anacr\u00f3nica, indispensable..<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\" readability=\"64\">\n<p>Durante d\u00e9cadas, escribi\u00f3 doce horas por d\u00eda lo que prefiri\u00f3 llamar \u201cepopeyas l\u00edricas\u00bb (prometidas ya desde sus largos y l\u00edricos t\u00edtulos). Ese sue\u00f1o hab\u00eda arrancado temprano, a los siete a\u00f1os. Al poco tiempo hac\u00eda peri\u00f3dicos, por \u00e9l escritos e ilustrados y que \u00e9l mismo vend\u00eda. Aprendi\u00f3 el rigor de juzgarse cuando a los doce a\u00f1os le mostr\u00f3 unos sonetos a su madre: \u201cDeb\u00edan de ser malos, porque recib\u00ed la mirada de pena que se concede a los lisiados y a los tontos irremediables\u201d. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\" readability=\"70\">\n<p>Nunca reneg\u00f3 de sus lecturas de Sandok\u00e1n, como tampoco de las posteriores, igualmente decisivas: <strong>Felisberto Hern\u00e1ndez, Lezama Lima, Juan Benet, Mija\u00edl Bulg\u00e1kov, William Gaddis, Malcolm Lowry<\/strong>. La iron\u00eda estaba inscripta en su gen\u00e9tica: \u201cAdmiro a la gente que escribe libros, como si yo nunca hubiera escrito uno\u201d. Y cierto humor no estaba proscripto en su prosa encendida; al principio de <em>En el culo del mundo<\/em> reciben al lector \u201cavestruces id\u00e9nticas a profesoras de gimnasia solteras, ping\u00fcinos torpones con juanetes de conserje, cacat\u00faas de cabeza ladeada como contempladores de cuadros\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\" readability=\"70\">\n<p>Como se dice de los apasionados, le corr\u00eda sangre por las venas. M\u00e1s all\u00e1 de que, de joven, hab\u00eda visto correr sangre de otra manera, en la guerra de <strong>Angola<\/strong>. No sali\u00f3 del todo ileso de ese trance pero tampoco herido de muerte. Ejerci\u00f3 durante d\u00e9cadas como psiquiatra en el <strong>Hospital Miguel Bombarda de Lisboa<\/strong>. All\u00ed mismo ten\u00eda su oficina para escribir, en letra m\u00ednima, manuscritos atiborrados de incisos e inserciones, m\u00e1s que de tachaduras. As\u00ed atraves\u00f3 este simpatizante del <strong>Benfica <\/strong>y de la cercan\u00eda del mar la bella, detenida, sufrida y pantanosa Portugal del siglo XX, y un cuarto de este siglo m\u00e1s despejado en aquellos cielos.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\" readability=\"67\">\n<p><strong>Lobo Antunes<\/strong> sab\u00eda despedir a sus m\u00e1s queridos, y no s\u00f3lo en cr\u00f3nicas con aire de obituario. En su obtusa voluntad de renombrar el mundo, podr\u00eda decirse que sus novelas no son otra cosa que molinos de la memoria que giran y giran hasta limpiar sus aguas de todo sedimento venenoso, hasta poner en su sitio el mobiliario familiar. Al recordar al jardinero de sus padres anot\u00f3: \u201cNaci\u00f3 en S\u00e3o Martinho de Anta, me llamaba \u201c-Ni\u00f1o\u201d, y era mucho m\u00e1s elegante de alma que yo, de una delicadeza (iba a escribir aristocr\u00e1tica, escribo artistocr\u00e1tica) que no he pose\u00eddo nunca: estoy hecho de cardos y hay palabras que dej\u00e9 secar dentro de m\u00ed o las sec\u00f3 la vida\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\" readability=\"62\">\n<p>El autor de <strong><em>Manual de inquisidores<\/em><\/strong> nunca dej\u00f3 de ser -valga el juego de palabras- un Lobo estepario: \u201cAcerca de mi rechazo a integrar la comitiva portuguesa a la Feria del Libro en Alemania&#8230; Los grupos existen porque existen debilidades individuales. No tengo nada contra aquellos que se juntan, siempre que no me pidan que me junte a ellos\u201d. Hablaba poco, pero no se callaba.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-8\" readability=\"64\">\n<p>Fue, junto a su amigo <strong>Jo\u00e3o Cardoso Pires, Agustina Bessa-Lu\u00eds y Antonio Tabucchi<\/strong>, de los escritores m\u00e1s interesantes del \u00faltimo medio siglo de la literatura portuguesa. (La militancia vociferada de Jos\u00e9 Saramago era materia ideal para la ceguera de la Academia Sueca). Cardoso y Lobo se repart\u00edan la mesa: el primero se aferraba a su lampar\u00f3n de whisky y el segundo a su inmaculado vaso de abstemio. Se dec\u00edan \u201camigo de infancia a primera vista\u201d. La vida es bien extra\u00f1a en los momentos m\u00e1s simples. Ante un libro, por ejemplo.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ant\u00f3nio Lobo Antunes era un lector fan\u00e1tico del gran poeta Dylan Thomas. Recitar de memoria algunos de sus versos le cambiaba la cara. 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