{"id":135474,"date":"2026-10-08T20:55:17","date_gmt":"2026-10-08T20:55:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/leve-breve-aproximacion-anne-carson_0_BwsLbouoIT.html"},"modified":"2026-10-08T20:55:17","modified_gmt":"2026-10-08T20:55:17","slug":"leve-y-breve-aproximacion-a-anne-carson","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2026\/10\/08\/leve-y-breve-aproximacion-a-anne-carson\/","title":{"rendered":"Leve y breve aproximaci\u00f3n a Anne Carson"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/leve-y-breve-aproximacion-a-anne-carson.jpg\"><\/p>\n<div><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/leve-y-breve-aproximacion-a-anne-carson-2.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<div id=\"element-body-0\" readability=\"72\">\n<p>Un <strong>Nobel de Literatura<\/strong> a una poeta remite enseguida a nombres como Gabriela Mistral, Nelly Sachs, Wislawa Szymborska, Louise Gl\u00fcck y paremos de contar. Un resumen demasiado mezquino de parte de la Academia Sueca, que este mediod\u00eda lo ampli\u00f3 premiando en Estocolmo a la canadiense <strong>Anne Carson<\/strong>, menos permeable que las otras, menos amable si se quiere, m\u00e1s delicada, m\u00e1s sofisticada. En todo caso, m\u00e1s ostensiblemente literaria, astuta, erudita (aunque este t\u00e9rmino es casi siempre odioso y confuso) en un campo limitado pero para ella sobradamente poderoso: \u00abYa sabes lo que dicen, que un carnicero zen ejecuta un solo corte justo y el buey entero se derrumba como un rompecabezas\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\" readability=\"67\">\n<p>Consciente de la tradici\u00f3n &#8211;<strong>Carson<\/strong> no s\u00f3lo se remonta a los griegos, se ha quedado orgullosa y sumisamente con ellos- se nutre de ese linaje pionero y a cambio lo mantiene vivo. Para una escritora que tiene tan presente otros siglos, el Nobel no ha sido una aspiraci\u00f3n ni llega -cruzada hace rato la frontera de cierta edad- como rescate o consuelo. Viniendo de un indescifrable jurado escandinavo, este es un <strong>Nobel <\/strong>que resultar\u00e1 un tanto m\u00e1s arduo de explicar (con los justificativos pol\u00edtico-sociales que suelen esgrimir) y doblemente bienvenido por eso, aunque golpee la puerta, como para casi todos los beneficiados, demasiado tarde: \u201cel invierno nunca llega lo suficientemente pronto\u201d, anot\u00f3 Carson hace a\u00f1os. Y hace a\u00f1os atin\u00f3 a profetizar el mes: \u201cLa lengua es el olor de octubre para m\u00ed\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\" readability=\"74\">\n<p>Ante las l\u00edneas de esta helenista y profesora esteta y estoica que se niega a retirarse del todo, el lector est\u00e1 frente a un poema pero no \u00fanicamente. <strong>Carson <\/strong>crea objetos alusivos, levemente refractarios, a peque\u00f1a escala, en tono enga\u00f1osamente menor, que cruzan datos, gui\u00f1os, postas, pistas. Sobre un cuadro de Seurat apunt\u00f3: \u201cest\u00e1 del otro lado \/ de la atenci\u00f3n, desde ac\u00e1 un viaje largo y lento en bote\u201d. Carson se mantuvo siempre en di\u00e1logo con buenos muertos &#8211;<strong>tradujo a Safo, Catulo, Eur\u00edpides, Esquilo<\/strong>&#8211; y en <strong><em>La belleza del marido<\/em><\/strong> -publicado por Lumen con traducci\u00f3n de Andreu Jaume, distribuido recientemente en la Argentina- es John Keats su interlocutor, m\u00e9dium y esp\u00edritu tutelar.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\" readability=\"67\">\n<p>Es un mundo, el de la vida y obra de <strong>Anne Carson<\/strong>, de los que suelen pasar por debajo del radar; en este sentido vale la pena acatar el azar o destino y celebrar el contraste entre la pompa del Nobel y la modestia de p\u00e1ginas con abundante blanco: \u201clos jardines de un hotel son un lugar donde las leyes que gobiernan la materia \/ son puestas del rev\u00e9s\u201d. Tampoco es que Carson haya vivido en la luna, aunque se haya mudado a la izquierda de este planeta, a la ciudad de Reikiavik, donde pasa buena parte del a\u00f1o (en 2022 adopt\u00f3 la islandesa como segunda nacionalidad). No todo es Homero y compa\u00f1\u00eda en sus d\u00edas; ha escrito sobre Marylin Monroe y, m\u00e1s ac\u00e1 en el tiempo, sobre Rosal\u00eda. El vestuario de esta esteta y estoica fotog\u00e9nica acompa\u00f1a su idiosincrasia de institutriz arty.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\" readability=\"67\">\n<p>Su trabajo -no menos que el de su colega John Ashbery, uno de sus espejos- deja en claro que su v\u00eda po\u00e9tica ha consistido en la administraci\u00f3n de la arbitrariedad y de las l\u00e1minas de la transparencia. T\u00e9cnicas para llevar la vida propia a otra dimensi\u00f3n, para neutralizar sus efectos, para recalcular sus insinuaciones. Concentrand\u00edsimos sentidos, una dicci\u00f3n extra\u00f1ada, un montaje sincopado, se al\u00edan para que <strong>Carson <\/strong>venga a una p\u00e1gina a saldar cuentas, como hace a menudo en <strong><em>La belleza del marido<\/em><\/strong> con un esposo que rima con mentiroso.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\" readability=\"66\">\n<p>De all\u00ed su filo y sus aristas, su impronta no convencional, sus posturas fr\u00eda y sonrientemente intransigentes, que la llevaron a una obra de reconocible versatilidad: ning\u00fan libro a solas puede terminar de definirla y ninguno de ellos podr\u00eda haber sido escrito por otra mano. (A prop\u00f3sito, a <strong>Carson <\/strong>nunca le agrad\u00f3 su caligraf\u00eda y su reciente Parkinson la impuls\u00f3 a escribir bella e \u00edntegramente sobre la letra, los vaivenes neurol\u00f3gicos y los preciosos garabatos de su admirado pintor Cy Twombly). Su conexi\u00f3n con el arte -siempre dibuj\u00f3- puede apreciarse sobre todo en su libro <strong><em>Nox<\/em><\/strong>, un duelo por un hermano (y no es el \u00fanico duelo en su bibliograf\u00eda).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\" readability=\"71\">\n<p>Lo fueron anticipando sus l\u00edneas de tinte narrativo, bien contrahechas, y su inventivo borroneo de las fronteras entre g\u00e9neros: <strong><em>Charlas breves, Red Doc, Eros. El dulce amargo, Decreaci\u00f3n, Autobiograf\u00eda de Rojo, Cristal, iron\u00eda y Dios, Tipos de agua<\/em><\/strong>. Carson nunca ignor\u00f3 que a esta altura el lenguaje, sea simple o complejo, tiene que estar de vuelta del lenguaje; ya no puede pecar de una inocencia absoluta. Es la \u00e9tica superior de lo indirecto: \u201cPeque\u00f1o sonido seco son los huesos del pescuezo de un p\u00e1jaro que encuentran su lugar para cantar. Sus ojos se abren y se ensanchan. Los p\u00e1jaros de ojos m\u00e1s grandes cantan primero\u201d. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\" readability=\"65\">\n<p>El rodeo de las traducciones ha trazado y guiado su paciente camino, aunque en su propia obra -suele suceder en especial con poetas- al precio de verse debilitada en su trasplante a otros idiomas, \u201ccomo pavos reales saliendo de jaulas a una cocina vac\u00eda de Dios\u201d. Una obra elogiable la de<strong> Anne Carson<\/strong>, en no menor medida, por intempestivamente inasible. De las que exigen un lector de ciega y benigna rapacidad que tramite a escondidas la sucesi\u00f3n de su autor, para ir tomando posesi\u00f3n de su propiedad.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un Nobel de Literatura a una poeta remite enseguida a nombres como Gabriela Mistral, Nelly Sachs, Wislawa Szymborska, Louise Gl\u00fcck y paremos de contar. 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