{"id":26850,"date":"2022-02-04T09:00:00","date_gmt":"2022-02-04T09:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lapampanuestra.com\/2022\/02\/04\/la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-el-delegado\/"},"modified":"2022-02-04T09:00:00","modified_gmt":"2022-02-04T09:00:00","slug":"la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-el-delegado","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2022\/02\/04\/la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-el-delegado\/","title":{"rendered":"La nueva historia de Marcelo Birmajer: El delegado"},"content":{"rendered":"<p><img width=\"600\" height=\"338\" src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-el-delegado.jpg\" class=\"attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image\" alt=\"la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer:-el-delegado\" loading=\"lazy\" \/><\/p>\n<div>\n<p>Qu\u00e9 ganas de irme por las ramas, de escribir y leer sin anteojos, de no contar caracteres, de recordar el juego, una cancha de tama\u00f1o tenis, tambi\u00e9n dividida en dos por una red, <strong>se eliminaban participantes por medio de un pelotazo<\/strong>, hasta que solo quedaba uno: El delegado.<\/p>\n<p> Pero ya estoy viejo, me pongo los anteojos, me atengo a mi historia, cuento los caracteres.<\/p>\n<p> \u201c<strong>El delegado de <a data-cke-saved-href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/juan-domingo-peron.html\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/juan-domingo-peron.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Per\u00f3n<\/a> era Paladino<\/strong> -me dijo el octogenario Pl\u00e1cido- : Yo asum\u00ed el t\u00edtulo con la se\u00f1ora. No con <a data-cke-saved-href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/isabel-peron.html\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/isabel-peron.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Isabel<\/a>, claro; sino con Matilda, la viuda.<\/p>\n<p>\u201cConoc\u00ed a Matilda en mi ferreter\u00eda; ella hab\u00eda venido a comprar clavos, y cuando le pregunt\u00e9 de qu\u00e9 di\u00e1metro, me respondi\u00f3 que ella no era hombre, como para saberlo&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Era una se\u00f1ora abandonando sus cincuenta, muy bien plantada, ya viuda, seg\u00fan se sab\u00eda en el barrio. Y yo a mis 45 nunca hab\u00eda sentado cabeza: muchas distintas me ven\u00edan bien. Pero por Matilda, sent\u00ed algo especial ni bien me pidi\u00f3 los clavos sin saber el di\u00e1metro. Podr\u00edamos decir que fueron los clavos de mi cruz, si usted me lo permite\u201d.<\/p>\n<p> &#8211; Para escuchar historias, soy ecum\u00e9nico -lo habilit\u00e9-.<\/p>\n<p> Pl\u00e1cido continu\u00f3: \u201cLe ofrec\u00ed acompa\u00f1arla a la casa, observar la viga y determinar el tama\u00f1o de la circunferencia de los clavos que necesitaba. Ahora usted me ve como un viejo cachuzo; pero en ese primer intercambio personal, toda la tem\u00e1tica de la conversaci\u00f3n, entre taladros y destornilladores,<strong> ten\u00eda un no s\u00e9 qu\u00e9 de <a data-cke-saved-href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/erotismo.html\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/tema\/erotismo.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">er\u00f3tico<\/a><\/strong>\u201d.<\/p>\n<p> &#8211; Pens\u00e9 lo mismo -reconoc\u00ed-.<\/p>\n<p>\u201c Cuando llegu\u00e9 a la casa, ya de por s\u00ed sorprendido de que ella me lo permitiera, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n la vitalidad que rezumaba el interior. Una mujer viviendo sola, era razonable el orden, incluso el confort. Pero la claridad luminosa y la frescura me admiraron. Espont\u00e1neamente quise amanecer all\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>No le digo convivir, pero s\u00ed que no fuera un revolc\u00f3n -aunque ni siquiera a\u00fan se hab\u00eda insinuado una simpat\u00eda-, sino un encuentro que durara hasta el desayuno, incluso el almuerzo, en esa casa, que me la hac\u00eda a la propia Matilda a\u00fan m\u00e1s atractiva\u201d.<\/p>\n<p> \u201cPero esa tarde no ocurri\u00f3. Cerr\u00e9 la ferreter\u00eda y la acompa\u00f1\u00e9 en vano. Hab\u00eda llevado un surtido de clavos y la cantidad suficiente. <strong>Rechac\u00e9 el pago y me march\u00e9 refunfu\u00f1ando para m\u00ed mismo<\/strong>. A los cuatro d\u00edas ella se apareci\u00f3 por la ferreter\u00eda poco antes del cierre; y cuando le pregunt\u00e9 qu\u00e9 necesitaba, replic\u00f3: hacerle una propuesta\u201d.<\/p>\n<p> \u201cNo pod\u00eda creer mi buena suerte. Pero algo en m\u00ed advert\u00eda: ojo, nada es tan f\u00e1cil. <strong>La cautela siempre es m\u00e1s sabia que el entusiasmo<\/strong>. Efectivamente\u201d.<\/p>\n<p>\u201cMatilda, la viuda, <strong>me ped\u00eda que representara a su marido muerto<\/strong>. Hab\u00eda notado, dijo impasible, cierta atracci\u00f3n de m\u00ed hacia ella. Por su parte, desde la muerte de su amado esposo, quince a\u00f1os atr\u00e1s, no hab\u00eda sentido nada por ning\u00fan hombre. Pero extra\u00f1aba tanto al difunto que ya no pod\u00eda soportar el dolor: o consegu\u00eda un delegado, o se mataba&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;De alguno de los dos modos se reunir\u00edan. Yo no ser\u00eda un reemplazante -eso era imposible-, sino un delegado. Deb\u00eda dejarme llamar con el nombre del marido, Vicenzo; repetir su modo de hablar, incluso sus posturas f\u00edsicas, en todos los sentidos&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Ella se portar\u00eda como una esposa en todas las dependencias de la casa, me cocinar\u00eda y atender\u00eda; de hacer falta, suplir\u00eda los gastos para que yo alcanzara el grado de prosperidad de Vicenzo (su colonia cara, su camisa de lino, su ropa interior francesa, su co\u00f1ac a\u00f1ejado en roble del siglo anterior, los cigarros armados en La Habana)&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Esta \u00faltima parte del contrato me ofendi\u00f3 (durante un tiempo). El resto lo acept\u00e9 ipso facto\u201d.<\/p>\n<p>\u201cHay que decir que el tal Vicenzo, si me baso en los requerimientos de la viuda, propiciaba frecuentemente la uni\u00f3n conyugal. Llegu\u00e9 a necesitar, cuando a\u00fan no se hab\u00edan inventado los aditivos que ahora conocemos, alguno de esos placebos que por entonces fung\u00edan como sustancias afines&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Toda idea de otra mujer qued\u00f3 eliminada. <strong>No daba abasto con Matilda<\/strong>. Por momentos me preguntaba si realmente el tal Vicenzo hab\u00eda cumplido en esa proporci\u00f3n, o si la avidez de Matilda respond\u00eda a los quince a\u00f1os en el desierto afectivo&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;En cualquier caso, siempre me llam\u00f3 Vicenzo. Me exig\u00eda un ligero acento italiano. Me reclamaba aquellas caricias de reci\u00e9n casados; pero tambi\u00e9n gritos, maltratos, circunstancias que no me atrevo a repetir. Todas las goc\u00e9\u201d.<\/p>\n<p> \u201c<strong>Un d\u00eda, est\u00fapidamente, le dije que la amaba<\/strong>. Si no le parec\u00eda que pod\u00edamos probar ese mismo amor, pero siendo yo mismo. Me sent\u00ed un idiota: era casi diez a\u00f1os mayor que yo, en algunos aspectos finalmente hab\u00eda terminado manteni\u00e9ndome, no me exig\u00eda nada m\u00e1s que impostar al finado. \u00bfQu\u00e9 le reclamaba? \u00bfPor qu\u00e9 terminar con la gallina de los huevos de oro?&#8221;.<\/p>\n<p> &#8211; Nadie sabe qui\u00e9n es -reflexion\u00e9-. Pero si nos obligan a ser otros, fatalmente preferimos el misterio de ser quien se supone que somos.<\/p>\n<p> &#8211; No lo entiendo -me contradijo Pl\u00e1cido-. Pero si quiere, le sigo contando.<\/p>\n<p> &#8211; Yo tampoco s\u00e9 por qu\u00e9 dije esa estupidez -me retract\u00e9-. Pero por favor, siga contando.<\/p>\n<p> \u201cEse parad\u00f3jico Para\u00edso continu\u00f3 con una serie de incursiones que me dejaron estupefacto. Hab\u00eda recovecos de su mente femenina, aparentemente recuerdos con Vincenzo, que yo no hubiera imaginado en mis m\u00e1s afiebrados anhelos. Pero un par de meses m\u00e1s tarde, todo termin\u00f3\u201d.<\/p>\n<p> &#8211; Todo termina -se me escap\u00f3-.<\/p>\n<p> Pl\u00e1cido asinti\u00f3.<\/p>\n<p> &#8211; Matilda me explic\u00f3 que ya hab\u00eda agotado su amor por Vicenzo. Su marido hab\u00eda muerto antes de tiempo; pero ella le hab\u00eda arrebatado a la muerte, gracias a m\u00ed, el delegado, lo que le hab\u00eda faltado. <strong>Ahora estaba en paz, con Vicenzo, consigo misma, y conmigo<\/strong>. Pod\u00eda marcharme.<\/p>\n<p>\u201cSiempre pude marcharme, pero no quiero, le respond\u00ed. Si quer\u00e9s, puedo ser el delegado el resto de mi vida. Pero a tu lado. Te amo, Matilda&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Matilda me mir\u00f3 con tristeza, y respondi\u00f3 que <strong>ella no me amaba a m\u00ed<\/strong>. Yo solo hab\u00eda sido un delegado. Ahora hab\u00eda conocido a un hombre, Luciano; y lo quer\u00eda como era. Luciano jam\u00e1s hubiera aceptado ser el delegado. Vicenzo estaba finalmente muerto, y yo nunca hab\u00eda calificado\u201d.<\/p>\n<p> \u201cLe rogu\u00e9 que lo pensara. Pero <strong>en el amor, las plegarias se anulan a s\u00ed mismas<\/strong>. Mi gran debilidad hab\u00eda sido enamorarme. Volv\u00ed a la ferreter\u00eda como a una forma de cautiverio, a mi casa de soltero como a una sala de tormentos. Pens\u00e9 en matarme. Pero me provocaba celos que ella estuviera en el mundo sin mi presencia\u201d.<\/p>\n<p>&#8211; Es una historia muy triste -conclu\u00ed-.<\/p>\n<p>Pero Pl\u00e1cido agreg\u00f3: &#8211; Algo m\u00e1s: aunque sus fotos proliferaban por la casa, supe que el tal Vicenzo nunca se hab\u00eda casado con ella. Hab\u00edan vivido un romance furtivo, de no m\u00e1s que un par de meses. Vicenzo la hab\u00eda dejado: estaba vivo, casado y con cuatro hijos.<\/p>\n<p><em>WD<\/em><\/p>\n<div>\n<h2>TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Qu\u00e9 ganas de irme por las ramas, de escribir y leer sin anteojos, de no contar caracteres, de recordar el juego, una cancha de tama\u00f1o tenis, tambi\u00e9n dividida en dos por una red, se eliminaban participantes por medio de un pelotazo, hasta que solo quedaba uno: El delegado. Pero ya estoy viejo, me pongo los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[21],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26850"}],"collection":[{"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26850"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26850\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26850"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26850"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26850"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}