{"id":50807,"date":"2023-03-18T10:33:30","date_gmt":"2023-03-18T10:33:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/adios-jorge-edwards-escritor-valiente-memoria-infinita_0_oKjBrPWJ34.html"},"modified":"2023-03-18T10:33:30","modified_gmt":"2023-03-18T10:33:30","slug":"adios-a-jorge-edwards-el-escritor-valiente-y-de-memoria-infinita","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2023\/03\/18\/adios-a-jorge-edwards-el-escritor-valiente-y-de-memoria-infinita\/","title":{"rendered":"Adi\u00f3s a Jorge Edwards, el escritor valiente y de memoria infinita"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/adios-a-jorge-edwards-el-escritor-valiente-y-de-memoria-infinita.jpg\"><\/p>\n<div><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/adios-a-jorge-edwards-el-escritor-valiente-y-de-memoria-infinita-2.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p>El pen\u00faltimo superviviente del periodo m\u00e1s f\u00e9rtil de la cultura literaria en espa\u00f1ol del siglo XX, Jorge Edwards, <a data-cke-saved-href=\"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/murio-escritor-chileno-jorge-edwards_0_PX8pQAHxqy.html\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/murio-escritor-chileno-jorge-edwards_0_PX8pQAHxqy.html\" rel=\"noopener noreferrer\">muri\u00f3 a los 91 a\u00f1os<\/a> en Madrid poco despu\u00e9s de decirles a sus \u00faltimos visitantes que se iba a dormir una siesta. Fue por la tarde del viernes, pues, una vez que hab\u00edan pasado los ruidos de Madrid y la ciudad en la que pas\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os, y tantos a\u00f1os, inauguraba su rato de silencio en la calle N\u00fa\u00f1ez de Balboa, cerca de donde estaban sus librer\u00edas y sus amigos y sus bares.<\/p>\n<p>El escritor que estuvo con \u00e9l poco antes, el peruano Jorge Eduardo Benavides, lo recuerda en ese instante entre la duermevela y la esperanza, como si en efecto considerara que, a pesar de su edad, iba a seguir atendiendo a quienes lo invitaran a salir, a comer o a tomar copas, como hab\u00eda pasado hasta tiempo reciente. Pero muri\u00f3. Muri\u00f3 Jorge Edwards y se cierra una \u00e9poca que hubiera sido otra, o no hubiera existido, sin su capacidad de memoria.<\/p>\n<p>Una capacidad infinita de memoria, en efecto, se va con \u00e9l.<\/p>\n<p>Quedan, naturalmente, sus libros, muchos de los cuales fueron dedicados a la memoria de otros, de sus parientes, por ejemplo, y de otro muy principal, Pablo Neruda, al que conoci\u00f3 cuando el reci\u00e9n fallecido era un muchacho y ya el autor de Canto general era m\u00e1s que un poeta, era un icono mundial de la l\u00edrica y del compromiso contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Tuvo la audacia, en el mundo de la memoria, de confrontar en primera persona uno de los acontecimientos m\u00e1s promisorios, y m\u00e1s triste, de la vida moderna en Am\u00e9rica Latina, la revoluci\u00f3n cubana. Su aspiraci\u00f3n a encontrarse all\u00ed, donde hab\u00eda ido como encargado de negocios del Gobierno de Salvador Allende, con un mundo verdaderamente nuevo se trunc\u00f3 en seguida.<\/p>\n<p>La Revoluci\u00f3n era un conjunto dis\u00edmil de burocracias y de \u00f3rdenes no realmente revolucionarias, y \u00e9l describi\u00f3 ese universo decepcionante en Persona non grata. \u00c9l se calific\u00f3 as\u00ed, cuando lo ingrato, para \u00e9l, y para el futuro de aquellas esperanzas, era comprobar que la revoluci\u00f3n ya ten\u00eda que recordarse (pues fue pronto un recuerdo) en min\u00fascula.<\/p>\n<p>Esa decepci\u00f3n de Edwards marc\u00f3 ese libro, pero desgraciadamente marc\u00f3, as\u00ed eran las cosas entonces, as\u00ed siguen siendo ahora, tambi\u00e9n la relaci\u00f3n del mundo de la literatura del compromiso con el autor de aquellas denuncias que un\u00edan rabia y melancol\u00eda. Ese Persona non grata fue el testimonio vital de un hombre que, sin haber sido v\u00edctima de la melancol\u00eda, s\u00ed fue reo de una pasi\u00f3n inesperada: la de tener que rehacerse como escritor, como intelectual, en medio de los avisos de traidor que al fin le resbalaron. Jam\u00e1s perdi\u00f3 el humor, y por supuesto que tampoco la memoria, que acaso fue el factor que lo mantuvo vivo hasta las \u00faltimas horas en que sus amigos, esta vez Jorge Eduardo Benavides, lo fueron a ver para que \u00e9l siguiera contando detalles in\u00e9ditos del largo tiempo de vida y de amistades.<\/p>\n<p>Pues Edwards fue durante mucho tiempo, salvadas las reticencias mezquinas de las primeras horas de su historia postCuba, el amigo de todo el mundo, como Kim de la India. Era invitado a casas y a trayectos literarios, hizo su vida cerca de Carlos Barral o de Mario Vargas Llosa, de Juan Mars\u00e9 o de Carmen Balcells, en ning\u00fan caso lo persigui\u00f3 aquel episodio m\u00e1s all\u00e1 de las mezquindades contempor\u00e1neas. Sobre su memoria (es infinita la extraordinaria biograf\u00eda\/novela sobre su t\u00edo Joaqu\u00edn Edwards, El in\u00fatil de la familia) se edific\u00f3 el mundo que otros no supieron contar, jam\u00e1s Jorge Edwards fue un egoc\u00e9ntrico.<\/p>\n<p>Al contrario: Edwards estaba hecho, como escritor, para dar testimonio del tiempo pasado sin que el presente le llevara a las melancol\u00edas sucesivas del rencor. Era un conversador tranquilo; sab\u00eda m\u00e1s que lo que contaba, y hablaba como si lo estuviera escribiendo. En los \u00faltimos meses de su relaci\u00f3n m\u00e1s cercana al destino que ahora fatalmente se ha cumplido, hablando de \u00e9l y de los suyos (es decir, de todo el mundo que roz\u00f3 las fronteras y los territorios del boom) se refer\u00eda a los otros como si los hubiera tocado o encontrado recientemente.<\/p>\n<p>Recuerdo que en la \u00faltima entrevista que le hice, sobre el probable envenenamiento de Pablo Neruda, lo contaba todo con tal lujo de detalles, de sospechas, de nombres propios, de barbarie alrededor y tambi\u00e9n de estupor, que parec\u00eda que ten\u00eda una l\u00ednea directa con el m\u00e1s all\u00e1, o el m\u00e1s ac\u00e1, de recuerdos que parec\u00edan reliquias del presente.<\/p>\n<p>A esa conversaci\u00f3n me acompa\u00f1\u00f3 Benavides, y coincidi\u00f3 por casualidad con aquella pol\u00e9mica, aun presente, sobre el envenenamiento del poeta. Habl\u00f3 con nosotros con fluidez, parec\u00eda renacer no s\u00f3lo su memoria, sino el esp\u00edritu que la habitaba, y al final nos convid\u00f3 a almorzar a cualquier sitio con tal de seguir hablando, o escuchando hablar, pues \u00e9l era m\u00e1s conversador que otra cosa, aunque la otra cosa, precisamente la literatura, fuera la raz\u00f3n verdadera de su prestigio.<\/p>\n<p>Otra de esas veces en que convers\u00e9 con \u00e9l, junto con su amigo, el profesor asturiano Eduardo San Jos\u00e9, estuvo d\u00e1ndole hilo a una cometa in\u00e9dita: su capacidad para estar atento a la vida que segu\u00eda, siendo \u00e9l parte de la misma, y no un hombre que se desped\u00eda. Ten\u00eda 92 a\u00f1os y nos recibi\u00f3 vestido para ir a almorzar, para seguir hablando con Eduardo sobre los cuentos completos que, una vez sellados y acabados, podr\u00edan ser editados como una novedad y un homenaje al gran cuentista que segu\u00eda siendo.<\/p>\n<p>Antes de esa pen\u00faltima entrevista, una vez que le fui a ver porque s\u00ed, Jorge Edwards me pregunt\u00f3: \u201c\u00bfY no me vas a entrevistar?\u201d. En ese rasgo tan solo, adem\u00e1s de otros muchos, se escond\u00eda la alegr\u00eda de vivir de un coqueto que s\u00f3lo quer\u00eda que estuvieran cerca por lo menos un mill\u00f3n de amigos. Los consigui\u00f3, a pesar de Cuba y de otras par\u00e1bolas de los malos tiempos. Fue adem\u00e1s una buena persona, y eso es algo que, pasando lo que ha pasado por debajo de los aguaceros que le depar\u00f3 la vida, es mucho m\u00e1s que un elogio: es la parte m\u00e1s notable de una comprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 un hombre bueno que antes que del mundo o de los otros se re\u00eda de s\u00ed mismo como si \u00e9l fuera tambi\u00e9n, como aquel antepasado suyo, el in\u00fatil de la familia, cuando fue quiz\u00e1 el m\u00e1s listo, y el menos vacuo, de sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>De \u00e9l me dijo ayer Jorge Eduardo Benavides: \u201cFue un intelectual de enorme trascendencia y exquisita sensibilidad. Nos dio p\u00e1ginas hermosas y sobre todo valientes. Un hombre \u00edntegro, l\u00facido y vital. Hace unos diez a\u00f1os, en Ginebra, cuando \u00e9l acababa de terminar su labor como embajador chileno en Par\u00eds, me confes\u00f3 su deseo de mudarse a Madrid. \u00b4Quiero vivir all\u00ed antes de hacerme viejo`. Ten\u00eda ochenta a\u00f1os. Creo que eso pinta de cuerpo entero su inmensa vitalidad, la que mantuvo hasta el \u00faltimo momento. Ma\u00f1ana nos \u00edbamos a tomar un aperitivo. Eso me dijo horas antes de morir\u201d. Y me dijo esto Fernando Iwasaki, peruano, amigo suyo, escritor como \u00e9l: \u201cFue un Montaigne chileno: un escritor de la memoria, un artista del retrato literario y un cronista excepcional de las ciudades que am\u00f3\u201d.<\/p>\n<p>Siempre nos dec\u00eda: \u201c\u00bfCu\u00e1ndo vamos a almorzar?\u201d Vivi\u00f3 para juntarse con otros. Y jam\u00e1s vendi\u00f3 su alegr\u00eda de vivir: la regalaba.<\/p>\n<p> <span class=\"title-related\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/span> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pen\u00faltimo superviviente del periodo m\u00e1s f\u00e9rtil de la cultura literaria en espa\u00f1ol del siglo XX, Jorge Edwards, muri\u00f3 a los 91 a\u00f1os en Madrid poco despu\u00e9s de decirles a sus \u00faltimos visitantes que se iba a dormir una siesta. 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