{"id":70465,"date":"2024-01-13T05:28:34","date_gmt":"2024-01-13T05:28:34","guid":{"rendered":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2024\/01\/13\/el-tabano-quiroga\/"},"modified":"2024-01-13T05:28:34","modified_gmt":"2024-01-13T05:28:34","slug":"el-tabano-quiroga","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2024\/01\/13\/el-tabano-quiroga\/","title":{"rendered":"El t\u00e1bano Quiroga"},"content":{"rendered":"<div class=\"media_block\"><\/div>\n<div><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/el-tabano-quiroga-1.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p>Cada tanto alguna historia vieja, alg\u00fan mito olvidado parece recuperar una vigencia muchas veces mayor que la que supo tener en su origen. Cosa rara. Como si se hubiese adelantado a su \u00e9poca y la esperara&nbsp;despu\u00e9s ah\u00ed, paciente, en las l\u00edneas del relato.<\/p>\n<p>Algo as\u00ed sent\u00ed cuando hace algunos a\u00f1os di con \u201cJuan Dari\u00e9n\u201d, ese cuento extraordinario de Horacio Quiroga. Una met\u00e1fora tan explosiva sobre el odio al diferente; una imagen tan vigente sobre el miedo de la sociedad a esa fiera que ella misma ha engendrado; que parec\u00eda estar escribi\u00e9ndose ah\u00ed mismo y comentando la realidad. Me zambull\u00ed a escribir su versi\u00f3n teatral en un reflejo de entusiasmo. Nunca, en los a\u00f1os que llevo escribiendo, una obra sali\u00f3 tan f\u00e1cil ni tan r\u00e1pido. Salvajada fue escrita en cinco d\u00edas, con sus canciones incluidas. En estado de precioso embeleso. Ese fluido misterioso al que los artistas hemos vivido invent\u00e1ndole nombres y cre\u00e1ndole mitos: musas, numen, \u00e1ngel, inspiraci\u00f3n, vena. Formas de explicarnos esa exaltaci\u00f3n y sus caprichos, de entender el estro. Estro. De todos esos nombres que le hemos dado a la magia el que m\u00e1s me gusta, ya anacr\u00f3nico, y fe\u00edto, dig\u00e1moslo, es ese: estro. El estro po\u00e9tico mentaban los viejos vates. Y de su referencia reproductiva, hormonal, es, nada menos, de donde viene la palabra estr\u00f3geno. Pero tiene el t\u00e9rmino otra singularidad m\u00e1s grande todav\u00eda en su origen que es la que me conmueve. Porque estro es el nombre de un t\u00e1bano que pica y desova en el ganado, que lo parasita. Eso que en el campo llaman bichera. Siniestra met\u00e1fora pero elocuente: estar inspirado es tener adentro presencias vivas. Bichos. Es inquietante, y no tengo sin embargo, mejor manera de explicar lo que me sucede (cuando sucede, claro).&nbsp;<\/p>\n<p>En Salvajada sucedi\u00f3. El t\u00e1bano Quiroga. Ten\u00eda yo, claro, una clave a favor: escrib\u00eda para t\u00edteres, el mecanismo m\u00e1s po\u00e9tico de todos los teatrales. Ese que resuelve solvente a pura figura las exigencias m\u00e1s fastidiosas de cualquier realismo, por crudo que sea. S\u00ed en la cabeza del espectador la realidad representada se arrastra, la figurada en cambio, vuela. El t\u00edtere, \u2013parte por el todo a veces, a veces met\u00e1fora pura\u2013, es el arte-facto perfecto para crear convenciones. Y el teatro \u2013al fin y al cabo\u2013 no es otra cosa que eso: una eterna f\u00e1brica de convenciones. Pero lo m\u00e1s notable de sus c\u00f3digos \u2013los del t\u00edtere\u2013 es que una vez instalados ti\u00f1en a todo a su alrededor, y el otro lenguaje, el de los actores, el corporal \u2013m\u00e1s inflexible siempre\u2013 gana con este arco iris una rara flexibilidad. A ver: si aceptaste la idea de que esa mano que aletea emplumada es un p\u00e1jaro, nada resulta m\u00e1s f\u00e1cil que aceptar luego que lo cace la otra mano del mismo cuerpo. Y si ese p\u00e1jaro habla, nada m\u00e1s natural que pueda ahora el actor dialogar con \u00e9l. La diferencia nunca bien ponderada en las artes entre lo verdadero y lo veros\u00edmil. No se trata de que la cosa sea verdad, se trata de que sea cre\u00edble. Claro, nada m\u00e1s f\u00e1cil que ponerlo en teor\u00eda. Lo dif\u00edcil es hacer que suceda.<\/p>\n<p>Cuando el Teatro Nacional Cervantes me propuso esta nueva versi\u00f3n de Salvajada (hab\u00eda tenido su estreno hace unos cuantos a\u00f1os en una puesta inspirada de Tito Lorefice), la acept\u00e9 con la condici\u00f3n expresa de que en su direcci\u00f3n estuviese Luis Rivera L\u00f3pez. Hab\u00eda sido simple escribirla porque pedir magia por escrito es de un facilismo algo c\u00e1ndido. Pero hac\u00eda falta ahora el prestidigitador. Los bichos Quiroga llegaron a Luis por v\u00eda de Salvajada. Convoc\u00f3 a un elenco estupendo. El talento de M\u00f3nica Felippa y Pablo Mariuzzi, la sensibilidad de Valentina Bassi y el histrionismo de Carlos Belloso, por nombrar solo a cuatro. Y en la puesta de Luis las alima\u00f1as aquellas del mito obedecieron su gen\u00e9tica, habitaron a esos cuerpos, y por qu\u00e9 no, a esos t\u00edteres.<\/p>\n<p>La temporada en el Cervantes result\u00f3&nbsp;fuera de lo com\u00fan, cuarenta funciones a sala llena. El d\u00eda del estreno, sintiendo desde un palco la vibraci\u00f3n de la sala no pod\u00eda dejar de pensarlo: aquel t\u00e1bano de 1920 hab\u00eda llegado vivo ahora a los espectadores. Ese misterioso atavismo vital de los mitos.<\/p>\n<p>Reestrenamos en enero en el Metropolitan. Sue\u00f1o bichera en la calle Corrientes.<\/p>\n<p>*Director, actor y dramaturgo<\/p>\n<p>Salvajada:&nbsp;Teatro Metropolitan<\/p>\n<div class=\"article__tags\">\n<p>En esta Nota<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada tanto alguna historia vieja, alg\u00fan mito olvidado parece recuperar una vigencia muchas veces mayor que la que supo tener en su origen. Cosa rara. Como si se hubiese adelantado a su \u00e9poca y la esperara&nbsp;despu\u00e9s ah\u00ed, paciente, en las l\u00edneas del relato. 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