{"id":80768,"date":"2024-06-02T21:30:13","date_gmt":"2024-06-02T21:30:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.clarin.com\/cultura\/edgardo-cozarinsky-retrato-espia-distinguido_0_2Czg8MChCk.html"},"modified":"2024-06-02T21:30:13","modified_gmt":"2024-06-02T21:30:13","slug":"edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobateve.net\/index.php\/2024\/06\/02\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido\/","title":{"rendered":"Edgardo Cozarinsky: retrato de un esp\u00eda distinguido"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido.jpg\"><\/p>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"48\">\n<p>Lo primero que hizo <strong>Edgardo Cozarinsky<\/strong> en un texto dedicado a su gran amigo Alberto Tabbia, brillante cr\u00edtico de cine, fue recordar la cita \u00abcada individuo que muere es una biblioteca que arde\u00bb. En el caso de Cozarinsky, quedan una bibliograf\u00eda y una filmograf\u00eda enteras, intactas, cuyas vers\u00e1tiles riquezas vuelven imposible su catalogaci\u00f3n o simplificaci\u00f3n. Era un hombre con atributos de doble agente, contrabandeando virtudes de la literatura al cine y del cine a la literatura, traficando entre lenguas y continentes, ida y vuelta. Un <em>passeur<\/em> de \u00e9pocas, de generaciones y de g\u00e9neros, arm\u00f3 libros sobre cine &#8211;<strong><em>Palacios plebeyos<\/em><\/strong>, <strong><em>Cinemat\u00f3grafos<\/em><\/strong>&#8211; y documentales sobre escritores, en especial aquel dedicado a Ernst J\u00fcnger, el magn\u00edfico <strong><em>La guerra de un solo hombre<\/em><\/strong>.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"41\">\n<p>Cozarinsky era un aficionado a la vida secreta, y no deber\u00eda ser absurdo conjeturar que la suya estaba en los delicados films que les dedic\u00f3 a Jean Cocteau &#8211;<em>Autorretrato de un desconocido<\/em>&#8211; y al fundador de la Cinemateca Francesa, Henri Langlois, reubicados ahora que ya se ha roto el hilo de su arco temporal, en los intervalos y pausas de <strong><em>Los libros y la calle<\/em><\/strong>, <strong><em>Blues<\/em><\/strong> y <strong><em>El pase del testigo<\/em><\/strong>, sus libros m\u00e1s abiertamente personales. Acaso lo m\u00e1s veladamente \u00edntimo sean las misivas a s\u00ed mismo de <strong><em>Vud\u00fa urbano<\/em><\/strong> y sus novelas tard\u00edas (\u00faltimas ficciones y pel\u00edculas materializadas bajo el amparo de la noche).<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"48\">\n<p>Un devoto de las citas, de una discreci\u00f3n que no permit\u00eda saber o adivinar -otra cara de su versatilidad- qui\u00e9nes eran todos los otros grandes o peque\u00f1os amigos suyos. Dentro de un generoso corte transversal, <strong>Cozarinsky<\/strong> hac\u00eda de cada amistad una amistad particular, espec\u00edfica, no replicable. Complicidades que no necesitaban de condiciones, cumplidos, ni siquiera demostraciones. A salvo, incluso, de los defectos circunstanciales de las partes. A la vez, cultivaba una clara fascinaci\u00f3n con la figura del traidor, del delator (algo no tan llamativo en un descre\u00eddo observador de la Historia y sus extorsiones, en un enemigo declarado de cualquier asomo de nacionalismo). Intereses y rasgos que eran -son- inseparables de sus escritos. En su hipn\u00f3tica retrospectiva como lector, <strong><em>Los libros y la calle<\/em><\/strong>, acot\u00f3: \u00abLos motivos que alimentan una amistad suelen permanecer t\u00e1citos para sus actores\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"46\">\n<p>Fue la parte de la Historia local que le toc\u00f3 padecer la que lo impuls\u00f3 en los tempranos a\u00f1os 70 a convertirse en un inc\u00f3modo vecino de Par\u00eds. Acaso lo incit\u00f3, tambi\u00e9n, la cercan\u00eda inhibitoria de esos monstruos admirados -Borges, Bioy, Silvina Ocampo, Bianco y el clan de la revista Sur-, privilegio que conspir\u00f3 para que tardara en llegar de veras a la literatura. <strong>Cozarinsky<\/strong> renegaba de aquel primer ensayo sobre Henry James, de t\u00edtulo cinem\u00e1tico, <em>El laberinto de la apariencia<\/em>, como renegaba de sus traducciones (la de los ensayos de Graham Greene, por ejemplo, de una de cuyas novelas parec\u00eda haberse escapado). <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"46\">\n<p>Otro poco atribu\u00eda ese retraso, con un sarcasmo de doble fondo, a su signo astrol\u00f3gico, Capricornio, que defin\u00eda como de tranco \u00ablento y seguro\u00bb. <strong>Cozarinsky<\/strong> se permit\u00eda leves supersticiones, que en su caso ten\u00edan, desde luego, menos de supercher\u00eda que de contrase\u00f1a, vocablo clave en su glosario m\u00e1s rec\u00f3ndito. (La de retirarse sin saludar de ciertas reuniones se parec\u00eda m\u00e1s a un gui\u00f1o). En su terreno, nunca nada se explicitaba del todo. Inclinado a la ambig\u00fcedad, jam\u00e1s fue de opiniones de medias tintas. Leemos en <strong><em>Vud\u00fa<\/em><\/strong> <strong><em>urbano<\/em><\/strong>: \u00abPero \u00e9ste no es el momento de recordarle que durante unos meses los compa\u00f1eros de ella hab\u00edan impuesto en la universidad el estudio de la prosa ap\u00f3crifa de Eva Per\u00f3n como literatura, que el matrimonio de las palabras nacional y popular hab\u00eda engendrado una prole copiosa de toscos y pomposos abortos culturales\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"44\">\n<p>Centr\u00e1ndose en el viaje como matriz, el vaiv\u00e9n Buenos Aires-Par\u00eds de las esquelas troqueladas de <strong><em>Vud\u00fa<\/em><\/strong> <strong><em>urbano<\/em><\/strong> le permitieron articular un g\u00e9nero propio, mientras desplegaba una inusual habilidad para precisar puntos y perspectivas en la calle en fuga del calendario. Desliz\u00e1ndose de la primera a la tercera persona, siempre partiendo hacia otra parte, en calma huida, su narrador se trata con educada impiedad: \u00abHe escrito estas tarjetas postales en ingl\u00e9s, un &#8216;ingl\u00e9s de extranjero&#8217; que luego traduje a mi espa\u00f1ol natal, menos por las razones autobiogr\u00e1ficas que para m\u00ed hicieron del ingl\u00e9s la lengua de lo literario, de lo imaginario, que para borrar la noci\u00f3n de original\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"45\">\n<p>En <strong><em>Blues<\/em><\/strong> conviven varias capas de tiempo y un mismo \u00e1nimo por sobrevolar \u00e9pocas y edades con rumores y una capciosa liviandad. Un texto sobre Malvinas, recuerdos y repasos de la vieja vida literaria argentina, anotaciones de un pasajero en tr\u00e1nsito y homenajes a amigos \u2013Silvina Ocampo, Jos\u00e9 Bianco, Enrique Pezzoni, Susan Sontag, Rolando Paiva\u2013 componen un <strong><em>Blues<\/em><\/strong> de melancol\u00eda cr\u00edtica, elegantemente belicosa. (Cozarinsky ten\u00eda, entre otros, el coraje de la contradicci\u00f3n: m\u00e1s que negarse lo que no le gustaba de s\u00ed mismo -\u00abla nostalgia, sentimiento del que siempre me he defendido como de un veneno insidioso\u00bb- prefer\u00eda hacerlo arder).<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"43\">\n<p>La frase de <strong>Cozarinsky<\/strong> se toma su tiempo y condensa tiempo (experiencia filtrada, o quemada con una lupa) y en esa concentraci\u00f3n lo que cobra relieve es lo que se omite, y lo que rodea a las palabras: importa el acorde pero tambi\u00e9n la vibraci\u00f3n de la cuerda. Su prosa le sugiere al lector que puede simpatizar con un escritor, en especial, por aquello que <em>no<\/em> est\u00e1 en sus p\u00e1rrafos, por sus omisiones, silencios y elipsis. Lo que emociona del autor de <strong><em>El rufi\u00e1n moldavo<\/em><\/strong> es poder distinguir, entre l\u00edneas, las acrobacias tendidas para imponer el pudor (callar su emoci\u00f3n).<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"47\">\n<p>Son artilugios que pueden estimarse en <strong><em>El pase del testigo<\/em><\/strong>, de suma discreci\u00f3n para reinventar el arte del retrato \u2013Barthes, Copi, Sarduy, Beatriz Guido\u2013, especialmente el de seres solitarios y figuras laterales. Este cineasta con debilidad por los actores secundarios consigue definir a un personaje en un plano que no dura m\u00e1s de dos oraciones. No sorprende que esa facilidad lo haya ido guiando hacia la ficci\u00f3n. Hay que recordar que fue en 2001, con los relatos de <strong><em>La novia de Odessa<\/em><\/strong>, que Cozarinsky termin\u00f3 de darse a conocer como un rar\u00edsimo escritor argentino, \u00fanico en su especie. Es all\u00ed, en los mencionados <strong><em>Blues<\/em><\/strong> y <strong><em>El pase del testigo <\/em><\/strong>y en sus otros libros de ensayos y cr\u00f3nicas donde se dibuja m\u00e1s claramente su inasible singularidad, la de alguien que era, curiosamente, un escritor de escenas (sobre todo reconstruidas). <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"38\">\n<p>El montaje en p\u00e1gina del se\u00f1ero <strong><em>Museo del chisme<\/em><\/strong> elev\u00f3 esta pr\u00e1ctica a la categor\u00eda de arte. <strong><em>El vicio impune<\/em><\/strong> prolong\u00f3 esa serie de trastiendas con rese\u00f1as y <em>remakes<\/em> literarias. <strong><em>Palacios plebeyos<\/em><\/strong> se aventur\u00f3 en la arqueolog\u00eda c\u00e9ntrica y barrial de los cines desaparecidos de Buenos Aires. (Del cine \u00abviejo\u00bb Cozarinsky llevaba grabados planos puntuales y prefer\u00eda recordar actores y actrices m\u00e1s que directores). O bien <strong><em>Disparos en la oscuridad<\/em><\/strong>, excepcional miscel\u00e1nea editada por su albacea Ernesto Montequin. O el reciente y cautivante volumen dedicado a uno de sus h\u00e9roes m\u00e1s fieles, <strong><em>Variaciones Joseph Roth<\/em><\/strong>, que abre y cierra con alusiones a las madres respectivas. Su sello es la frase que viene con una daga debajo de la capa.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"42\">\n<p>La antolog\u00eda <strong><em>Cinemat\u00f3grafos<\/em><\/strong> -editado durante el Bafici 2010- lo confirm\u00f3 o revel\u00f3 como un ojo de una sagacidad cr\u00edtica que hasta pudo inquietarlo. En medio de notas sobre Welles, Renoir, Bergman, Duras, Marker, Alberto Fischerman y Hugo Santiago, se las arregl\u00f3 para infiltrar en un texto sobre Nicholas Ray un rasgo v\u00e1lido para su propia obra, en literatura y en cine. Anotaba all\u00ed que Ray logr\u00f3 \u00abimprimir a su trabajo la m\u00e1s impalpable y tenaz de las cualidades: un tono\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"57\">\n<p>Es un tono, justamente, lo que puede apreciarse, asimismo, en <strong><em>D\u00edas n\u00f3mades<\/em><\/strong>, un tejido de punto con paradas textuales en Berl\u00edn, Rodas, Budapest, Mosc\u00fa, Beirut, N\u00e1poles. En abril de este a\u00f1o apareci\u00f3 en Espa\u00f1a su \u00faltimo libro, <strong><em>Rastros<\/em><\/strong>, suerte de posdata o nuevo tramo de un viaje sin destino final. No hay un solo escrito de Cozarinsky que no evidencie que se puede adjetivar con distinci\u00f3n sin caer en manierismos. Uno de los m\u00e1s escondidos de sus t\u00edtulos, <strong><em>Palabras prestadas<\/em><\/strong>, resume en medio centenar de pasajes ajenos sus obsesiones m\u00e1s constantes: la pertenencia geogr\u00e1fica, la identidad, lo que est\u00e1 \u00abin-progress\u00bb, la juventud, la muerte, lo invisible, los fantasmas, en suma, el tiempo y sus poco amables reveses y perjurios. <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-fe41104-0 iJNYzW container-text\" readability=\"40\">\n<p>El aplomo no siempre es un espejismo. El fotof\u00f3bico y fotog\u00e9nico Cozarinsky manejaba como pocos una pr\u00e1ctica no tan habitual o tan tolerada en el territorio nacional: la iron\u00eda. Como lector, quiso que en sus \u00faltimos d\u00edas lo acompa\u00f1ara al modo de un talism\u00e1n una edici\u00f3n -\u00abcosida a mano\u00bb, subrayaba- de poemas de Ossip Mandelstam. Como cineasta, no pudo resistirse al magnetismo y la resonancia de las llamas de una fogata o de un f\u00f3sforo. Como escritor, sin el menor gesto ampuloso, fue capaz de prenderle fuego a la casa de mu\u00f1ecas de lo dicho o visto mil veces.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-ddee33b4-0 dPCLVL\">\n<div class=\"separator-title\">\n<div class=\"sc-4ada9cbc-0 htZNJW sepFullAdaptive\">\n<hr>\n<div class=\"sc-4ada9cbc-1 bQjyzF sepFullAdaptive\">\n<div class=\"left\">\n<p><h2 class=\"sep\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/h2>\n<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"inner-card-m\" readability=\"6\">\n<div class=\"related-content\" readability=\"7\">\n<p><span class=\"body-title\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/span><\/p>\n<h3>Acertijos de una mirada audaz<\/h3>\n<source media=\"(min-width: 975px)\" width=\"340\" height=\"340\" srcset=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido-2.jpg\"><img alt=\"Acertijos de una mirada audaz\" src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido-2.jpg\" width=\"340\" height=\"340\" decoding=\"async\" data-nimg=\"future\" loading=\"lazy\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"sc-ddee33b4-0 dPCLVL\">\n<div class=\"separator-title\">\n<div class=\"sc-4ada9cbc-0 htZNJW sepFullAdaptive\">\n<hr>\n<div class=\"sc-4ada9cbc-1 bQjyzF sepFullAdaptive\">\n<div class=\"left\">\n<p><h2 class=\"sep\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/h2>\n<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"inner-card-m\" readability=\"6\">\n<div class=\"related-content\" readability=\"7\">\n<p><span class=\"body-title\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/span><\/p>\n<h3>Ecos misteriosos entre la belleza de una pianista y su virtuosismo<\/h3>\n<source media=\"(min-width: 975px)\" width=\"340\" height=\"340\" srcset=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido-3.jpg\"><img alt=\"Ecos misteriosos entre la belleza de una pianista y su virtuosismo\" src=\"http:\/\/cordobateve.net\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/edgardo-cozarinsky-retrato-de-un-espia-distinguido-3.jpg\" width=\"340\" height=\"340\" decoding=\"async\" data-nimg=\"future\" loading=\"lazy\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que hizo Edgardo Cozarinsky en un texto dedicado a su gran amigo Alberto Tabbia, brillante cr\u00edtico de cine, fue recordar la cita \u00abcada individuo que muere es una biblioteca que arde\u00bb. 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