Alan Rickman será siempre recordado como uno de los actores más hábiles interpretando a villanos inolvidables. Desde su papel como el profesor Severus Snape en la saga ‘Harry Potter‘, hasta su icónico Hans Gruber de ‘Jungla de cristal‘ o el inolvidable barbero demoníaco de ‘Sweeney Todd‘, su carrera está marcada por esa oscuridad magnética que ha cautivado a varias generaciones de espectadores.
Eso ha hecho que muchos asocien a Rickman exclusivamente con personajes más bien vinculados a la oscuridad, pero su talento iba mucho más allá. Una prueba de ello es cuando interpretó al Coronel Brandon en la versión de 1995 de ‘Sentido y sensibilidad‘. En ella nos mostró su lado más noble y romántico, demostrando que su versatilidad abarcaba mucho más.
En ‘Sentido y sensibilidad’, Rickman interpretó a un hombre reservado, alejado del galán clásico y del protagonista carismático y más vinculado a ese tipo de bondad más tranquila. Su presencia sutil y su forma de actuar demostraron cómo esa solemnidad intimidante en otros roles puede transformarse en ternura, paciencia y serenidad.
Su Coronel Brandon acabó mostrando cómo el amor verdadero puede ser silencioso, pero también muy poderoso. Y quizá pocos actores consiguieron equilibrar ambos extremos como lo hizo él.
Abandonando el lado oscuro

Rickman construyó gran parte de su carrera interpretando a villanos memorables. Tan solo mencionar a Hans Gruber o Snape nos lleva a pensar en su voz pausada, su mirada intensa y la precisión que ponía en cada línea.
Sin embargo, en ‘Sentido y sensibilidad’ Rickman hace algo completamente distinto. Su Coronel Brandon no actúa desde la fuerza, sino que abraza la ternura y se mueve desde la confianza silenciosa de quien sabe lo que quiere. El cariño que siente por Marianne se expresa con gestos discretos, una generosidad constante y una lealtad que llega a emocionar sin necesidad de grandilocuencias.
De esta manera, Rickman nos recuerda que su talento no estaba limitado a la oscuridad. Su presencia en una película romántica cohesionaba un equilibrio perfecto entre la dignidad emocional y el coraje.
En muchas adaptaciones de Jane Austen, el Coronel Brandon ocupa el lugar del héroe sosegado, un hombre olvidado que luego es reconocido. Rickman lo convierte en algo más, haciendo de él un hombre con cicatrices invisibles, paciente y cuya lealtad y afecto crecen durante toda la película sin pedir nada a cambio.
La interpretación de Rickman encarna a la perfección esa idea de que el amor más poderoso puede ser el que no se defiende a gritos. Esa misma diplomacia que hacía temibles a sus antagonistas se vuelve amable aquí, transformando su solemnidad en consuelo y estabilidad.
Por eso mismo, el legado de Alan Rickman también debe destacar al Coronel Brandon, un personaje modesto pero lleno de valentía. Porque fue un actor caapaz de incomodar y conmover con la misma fuerza, en papeles diametralmente opuestos.
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