Como bien nos ha enseñado ‘Los Simpson’, prácticamente cualquier cosa que aparezca en sus episodios es un buen barómetro de la cultura del momento. Entre los habitantes más queridos de Springfield está Clancy Wiggum, un rechoncho policía no demasiado preocupado por su trabajo y con una severa obsesión por los donuts.
Este personaje no es ni mucho menos exclusivo de la serie animada. En ‘Twin Peaks’, el gusto por el café del agente Cooper es quizás equivalente al que el resto del departamento del sheriff tiene por estos dulces, y le dan la bienvenida con una mesa llena de ellos. Así, son muchas las series de televisión y películas que han asociado las fuerzas de la ley con comer donuts hasta el punto de que ha calado dentro y fuera de la ficción.

Pese a lo exagerado que resulta hoy el estereotipo, resulta que hay una base histórica que lo fundamenta. Según cuenta en su canal de TikTok Treehouse Detective, creador de contenido y analista de ficción, es en los años 50-70 donde se arraiga esta idea en la cultura popular, y se debe especialmente a la presencia de inmigrantes camboyanos y vietnamitas en Estados Unidos.
Entrando en la segunda mitad del siglo XX, el país no tenía todavía la cultura tan consumista que tiene ahora. Eso se notaba en los negocios, que en su gran mayoría cerraban relativamente pronto, haciendo que la gente se organizase para realizar sus compras antes de que cayera la noche. Esto era ideal para el ciudadano y el empresario medio, pero no tanto para aquellos que trabajaban a altas horas de la noche, como los policías con sus patrullas nocturnas.
Bien sea por aquellas noches tranquilas sin nada que hacer, por si querían tomarse pequeños descansos en noches ajetreadas o incluso si buscaban sitios donde rellenar el papeleo más cómodos que en los asiendos de su vehículo, a estas altas horas de la horas madrugadas estos policías no tenían ningún sitio a donde ir que no fuera el coche patrulla.

Es aquí donde entran los inmigrantes asiáticos y sus convenientes negocios de donuts de 24 horas, que empezaron a proliferar especialmente a partir de los años setenta cuando estas familias ya se habían asentado en el país. Sin ver la necesidad de acatar las jornadas laborales de los norteamericanos, estas tiendas se convirtieron en paradas indispensables para los agentes de la ley y todo aquel que estuviera despierto a esa hora.
Llegados a Nueva York por comerciantes neerlandeses a principios del siglo XVIII, el país llevaba casi 200 años con este dulce en las calles en diferentes formas y tamaños, pero se puede decir que la verdadera cultura del donut no nació hasta esta época y gracias a esta nueva visión de negocio. Es fácil ver por qué gustaban tanto. Es un snack rápido, cómodo de llevar si hay que transportarlo y un chute de azúcar que puede acompañarse fácilmente por un café.
Como todo buen arquetipo cinematográfico, hay mucho de retroalimentación aquí entre realidad y ficción. Lo cierto es que una vez se demostró que estos negocios de 24 horas eran un éxito, se expandieron más allá de los donuts. Pero por alguna razón esta relación entre policías y donuts que debió calar hondo en la sociedad de la época y fue la que se potenció en cine y series de televisión, quedándose desde entonces como el vicio policial por defecto.
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