Cuando llegamos a ciertas edades, tal vez fruto de las falsas expectativas generadas o de la celeridad con la que se mueve el mundo que nos rodea, muchas personas creen —o creemos— que nuestra trayectoria laboral está a punto de ser vista para sentencia. No obstante, en lo que respecta a la creatividad, la fecha de nacimiento del DNI es sólo un rasgo identificativo, y el medio audiovisual tiene ejemplos de ello para dar y tomar.
Pedro Pascal, enfermero sin igual
Sin ir más lejos, Ridley Scott estrenó ‘Los duelistas’, su primer largometraje, recién convertido en cuarentón, y Michael Haneke no hizo lo propio hasta cumplir los 47. Pero tener infinidad de referentes no está reñido con que las inseguridades hagan mella con fuerza en nuestra psique, y Pedro Pascal lo dejó bien claro en una entrevista con Vanity Fair en la que aseguró que estuvo a punto de tirar la toalla a punto de llegar a la treintena.
El chileno, que ahora tiene 50 años y está protagonizando infinidad de memes que le etiquetan como poco menos que una entidad omnipresente en Hollywood, explicó cómo se planteó abandonar su carrera interpretativa para hacerse enfermero. Eso sí, tampoco se muestra demasiado convencido de que hubiese sido un profesional a la altura.
“En mis 30 se suponía que ya debía tener una carrera. Pasar de los 29 sin una carrera significaba que todo había terminado, definitivamente. Habría sido un enfermero selectivo, como lo era de camarero. Me habría enamorado de algunos pacientes y odiado a otros. ¡Y pobre del paciente al que odiara!”.
Por suerte, y aquí está la clave en muchos casos, su familia le apoyó para seguir adelante, incluyendo su hermana mayor, que se negó a permitir que Pedro se rindiese.
“Cuando Pedro decía: ‘Me voy a la escuela de enfermería’ o ‘Voy a ser profesor de teatro’, era como ‘¡No, no, no, no! ¡Eres demasiado bueno!’. Él ha querido ser actor desde que tenía cuatro años. Lo único que nunca íbamos a permitir era que Pedro se rindiera.”
Para Pascal, el gran cambio en cuanto a madruez se experimentó en la transición de los 30 a los 40, alcanzando el punto álgido en su «vulnerable» salto a la cincuentena.
“Entrar en mis 40 se sintió adulto y empoderador. Cumplir 50 fue más vulnerable, mucho más vulnerable. ¡Qué cosa tan tonta para un hombre de 50 años — tener toda esta atención! Es como esa voz sombría en la cabeza, ¿sabes a lo que me refiero?”.
Perdimos a un enfermero pero ganamos a una de las figuras más queridas —y queribles— del panorama internacional actual. Grande, Pedro.
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