“En cualquier momento aparece el coágulo o cualquier otra forma de irse. Cuando se cumple un circuito, uno se termina y debe aprender a despedirse progresivamente”, dijo Eva Giberti a la escritora María Moreno en una entrevista en 2003. Pasaron veintidós años de esa frase y recién el pasado domingo 14 murió en Buenos Aires su autora, a los 96 años de una vida en donde dejó una gran huella en la psicología, en el campo de los derechos humanos y en la función pública.

Giberti tenía dos títulos universitarios: el más conocido, el de licenciada en Psicología. Y el menos, el de asistente social, que era la nomenclatura añeja para denominar lo que hoy es Trabajo Social. Ambas carreras las hizo en la UBA.

Practicó desde joven el periodismo en Mundo Argentino y La Razón, y en este diario comenzó a publicar por entregas su “Escuela para padres”, en donde ofrecía recomendaciones y guías para un nuevo modelo de crianza. Esa obra llegó a tener tomos y más de treinta ediciones, aparte de convertirse en sí en una entidad con ese nombre. De sus primeros alumnos muy pocos deben quedar vivos y los hijos que criaron bajo ese paradigma deben superar los 65 años.

Dentro de la psicología, se inclinó, como la gran mayoría de sus colegas argentinos, por el psicoanálisis, una de las rarezas nacionales de ese campo académico. Tomó clases con el propio Jacques Lacan en Francia. No obstante, y como lectora voraz, hasta el final buscaba nutrirse de diferentes mundos. “Ya no se puede psicoanalizar sin una mínima información sobre economía y ciencias políticas. O sea, sigo avanzando mientras hago preguntas y poniendo en jaque lo que pienso y lo que piensan otros”, había señalado en la entrevista antes citada.

Su camino intelectual, que la llevó a abordar temáticas como la violencia de género, la salud mental y la adopción, hizo que se dedicara a dar conferencia por el mundo entero. Por caso, “El rol de la mujer por la paz” se tituló la que dio en Jerusalén en 1964, en el contexto de la Guerra Fría y de la tensión entre Israel y los países árabes que lo rodean. En 1972, en Santo Domingo, ofreció otra conferencia en la IX Convención Internacional de Pediatría.

Al año siguiente, su vida cambió cuando uno de sus hijos, Hernán Invernizzi -la otra es Vita Escardó, fruto de la relación de Giberti con el pediatra Florencio Escardó- fue detenido en septiembre de 1973 cuando, como conscripto, facilitó el ataque por parte del PRT-ERRP del Comando de Sanidad del Ejército, en Capital, acción en la que murió baleado el teniente coronel Raúl Duarte Hardoy. Invernizzi pasó preso más de diez años, y su madre nunca dejó de visitarlo, en un periplo que incluyó las cárceles de Magdalena, Rawson y Devoto.

Ya hacia 1984, cuando su hijo seguía detenido, ella organizaba cenas los miércoles en su casa con distintos personajes del mundo progresista. Algunos de esos asistentes, como Jorge Lanata, entre otros, luego crearían Página/12, del que la propia Giberti formaría parte como fundadora y luego columnista habitual.

Entre 1993 y 1999, fue consultora para UNICEF Argentina y vicepresidenta de la Comisión Permanente por la Vida de los Niños de América Latina y el Caribe. Y en 2003 fue distinguida como “Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

Tenía además un intenso interés por la adopción como temática. Y ya en 1981 había publicado por Sudamericana un libro sobre el particular. Entre 2008 y 2012 fue asesora de la Dirección Nacional de Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines adoptivos entre 2008 y 2012. Sus reflexiones al respecto son y serán fundamentales, habida cuenta de la caída en la cantidad de adopciones y, algo menos explorado, en el aumento de las familias que devuelven chicos que habían adoptado.

Miembro honoraria de la Asociación Argentina de Bioética y asesora del Foro por los Derechos de las Mujeres, Giberti además integró el Consejo de Presidencia de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. En 2006 había sido nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario y en 2016 se le otorgó el Konex de Platino por Estudios de Género.

También creó y dirigió en 2006 el programa “Las víctimas contra las Violencias”, que inicialmente funcionó bajo la órbita del Ministerio de Justicia de la Nación. Sobre esa iniciativa, la Asociación de Psicólogas y Psicólogos de Buenos Aires recordó ante la muerte de Giberti: “Dejó una huella indeleble en el abordaje de las violencias desde una perspectiva integral, comprometida con la dignidad de las personas y con la responsabilidad del Estado. Supo tender puentes entre la universidad, las políticas públicas y los sectores más vulnerados, sin renunciar nunca a la complejidad del pensamiento ni a la escucha singular de cada subjetividad. Su legado es vasto, múltiple y transversal, y continúa orientando prácticas clínicas, dispositivos institucionales y debates contemporáneos en el campo de la salud mental”.

La misma organización destacó que ella “decía con claridad y convicción: ‘No me interesa formar psicólogos exitosos. Me interesa formar psicólogos comprometidos con su tiempo y con el sufrimiento humano’”. Quedan como legado más de veinte libros publicados por Giberti por diferentes editoriales. Y, como un rasgo positivo de este mundo tan digital, varias entrevistas en Youtube para recordar su imagen, su voz y sus ideas hasta que el ciberespacio lo permita.