
David Uclés (Úbeda, Andalucía, 1990) saltó a la literatura, y a la vida, española con un libro insólito, La Península de las casas vacías, que acabó de muy joven y tardó en abrirse camino en la historia reciente de la literatura española. Al fin hace un año lo publicó Siruela. Muy pronto halló relevancia en los medios y, sobre todo, en los lectores, que lo convirtieron en un best seller insólito que ahora lleva cerca de treinta ediciones y que pronto será materia literaria en lenguas extranjeras.
David Uclés (Úbeda, 1990) es escritor, músico, dibujante y traductor y acaba de ganar el Premio Nadal en enero de 2026. Foto: Guillermo M. Poza.Su autor, que aquí habla como es, abierto y alegre, y también profundo, no ha parado de dar entrevistas y de aparecer en medios, hablando de sus libros, de su vida, y del país que inspiró aquella obra impresionante que retrata la guerra civil como si él hubiera estado en las casas vacías en que se dirimió aquella batalla triste.
Cuando el libro llegaba a su segundo año le vino a Uclés otra alegría: el premio Nadal de Literatura, que otorga Destino y el más antiguo de los galardones españoles. Su título, La ciudad de las luces muertas, que ocurre en Barcelona, donde, en la novela, se apaga la luz, y donde aparecen ganadores pretéritos del mismo galardón: las escritoras Mercé Rodoreda, Montserrat Roig y Carmen Laforet.
En esta entrevista para Clarín, Uclés habla como quien es escribiendo y explicando lo que escribe: como un poeta que es a la vez un músico, un narrador y un muchacho de 37 años asombrado ante su éxito y, también, ante lo que ocurrió en el pasado de su país y, también, en el actual futuro inexplicable.
–¿Dónde queda ahora La península de las casas vacías?
–Sigo con La Península de las casas vacías. Yo tengo una promoción internacional con ese libro. No la voy a dejar nunca: es el libro de mi vida. Sigue ahora La ciudad de las luces muertas. Es un libro que estará en las estanterías como un título más de Uclés.
–¿Qué le dice La península de las casas vacías al nuevo libro, La ciudad de las luces muertas?
–Los lectores van a reconocer el mismo estilo, porque está en clave de realismo mágico y hay pistas de audio, porque soy el mismo narrador. Y, sobre todo —esto es importante—, porque la nueva novela la comencé a escribir en 2021, antes del boom de La península de las casas vacías. Es muy fiel a mí. No he tenido ese miedo de “¿qué escribo ahora?”, con el vértigo de los focos. Aunque las novelas tienen la misma estructura, en el título y demás, son historias diferentes, pero se nota que están talladas por el mismo carpintero. La novela siguiente ya será hecha desde el vértigo del éxito, pero Las luces muertas y Las casas vacías fueron talladas bajo el anonimato.
–¿Puedes recordar la primera vez que cogiste la pluma para escribir La península de las casas vacías?
–Sí. En 2009, en Úbeda. Fue para hacer el mapa de personajes con mis familiares. A partir de ahí comencé a tallar la historia. Me acuerdo de que era de noche, que estaba mi madre en el salón viendo la tele. Le enseñé la cartulina y me bajé al sótano a hacerlo. Me acuerdo muy bien de ese día. Empecé con esa ilusión hace dieciséis años.
–¿Cómo fue ese origen?
–Le decía a un amigo que yo he dado clases de español y de otros idiomas hasta hace dos años, y que he estudiado un máster de traducción. Es decir, yo hacía carrera de profesor de idiomas porque no tenía la comezón de dedicarme únicamente a esto. Lo hacía por amor al arte, aunque suene muy manida la frase. Yo quería construir un mundo y, si no se publicaba, daba igual. Tú puedes construirlo, aunque no se publique. Fue precioso, fue un refugio. Como Mercè Rodoreda, que decía que escribía novelas porque era su momento de meterse en un mundo y aislarse de su vida. Pues yo, cuando escribo, estoy fuera del mundo, que a veces es inhóspito, incómodo y caduco.
–¿Qué significa ahora esa historia humanamente?
–Es que esa historia es ahora de tantos… En todas las presentaciones la gente se muestra muy emocionada con el texto, porque reconoce a su abuelo, reconoce una vida perdida del campo que ya no está… Muchos ven su infancia, independientemente de que tengan 80, 40 o 20 años. Es un libro que ha sido revulsivo para muchas personas, que les ha enseñado a comprender las raíces de su país, que les ha provocado a viajar. Ahora veremos qué provocan las traducciones en los idiomas extranjeros. Yo creo que provocarán ganas también de venir a España, ¿no? Porque también es una oda a la riqueza y a la belleza de este país. La península de las casas vacías, por eso lo digo, es la novela de mi vida.
–Una vez que esa novela fue escrita, ¿cómo pensaste que iba a ser recibida? ¿Cuál era tu expectativa?
–Mi expectativa no era ninguna, porque fueron trece años llamando a puertas constantemente. Así que yo tenía tantas expectativas de que se pudiera publicar como de que no se publicara nunca. Era totalmente consciente. Mi expectativa era llegar a una segunda edición y poder salir en El País. Esa era mi expectativa. Y ya está. Se lo decía a mis amigos: “como no haya a una segunda edición me voy a Dinamarca, y trabajo de otra cosa. ¿Llevo ya quince años aquí trabajando en esto para tan poco?” Entonces las expectativas están desbordadas. Todo es nuevo para mí. Nunca soñé con esto.
–De todo lo nuevo, ¿qué te ha parecido viejo?
–Que todavía se siga juzgando al libro por la portada… Que juzguen por cómo vistes, cómo sonríes más o si sonríes menos. ¿Por qué me llaman “el de la boina”? ¿Hemos evolucionado como sociedad como para no criticar a alguien porque lleva una boina…? Es que es tan absurdo… Cuando hace cincuenta años era al contrario. En eso no hemos cambiado.
–Hay muchos méritos en tu libro más importante, La Península de las casas vacías. ¿Cuál sería para ti el mérito que vino después, cuando ya habías escrito, cuando ya eras alguien conocido en las letras españolas? ¿De qué estás orgulloso de este tiempo que pasa, por ejemplo, de enero del año pasado a enero de este año?
–Estoy contento de haber sabido elegir a quién acercarme y a quiénes quiero que sean mis amigos y mis compañeros. Estoy feliz y creo que he acertado al comprobar con el tiempo que quienes yo pensaba que eran bondadosos, nobles y sin falsedad, han coincidido con eso. No me he defraudado con nadie. He tenido buen ojo. Y en la gente de la que me he rodeado yo noto el cariño. Y me ayudan, estén de acuerdo o no.
David Uclés (Úbeda, 1990) es escritor, músico, dibujante y traductor y acaba de ganar el Premio Nadal en enero de 2026. Foto: Guillermo M. Poza.–¿A qué le tienes miedo?
–A la incapacidad. Aunque de repente tengo tantas ideas, tantos proyectos, se me han abierto tantas puertas que, de repente, digo, yo qué sé, ¿y si pierdo una mano, si me quedo ciego?, cosas así. Ese es mi único miedo. Porque luego el miedo a la hoja en blanco no la he tenido nunca. No la reconozco como un mal, porque no la he sentido.
–¿Cómo era la hoja en blanco cuando tú empezaste a escribir aquel libro, La península de las casas vacías?
–Era una hoja… Era una hoja amable. Es que nunca le he tenido miedo a la hoja. Vendrá, probablemente, porque todo llega, pero no le he tenido nunca miedo. Ya veremos cuando escriba el siguiente si me ocurre. Pero, ¿sabes, Juan? Me tomo las cosas en serio. Yo estoy muy feliz de poder dedicarme a esto, de poder ver a la gente feliz leyendo, y si me va muy mal, muy mal, muy mal, y pasa lo que sea —que de repente ya nadie quiera leerme o lo que sea—, para mí vivir es viajar. Me voy a Praga, me cojo el acordeón en la calle y soy feliz, ¿sabes? Así que como sé que tengo esa felicidad ahí, pues yo juego. Me dejo llevar. Hago lo que siento de corazón. Y si el día de mañana no cuaja, no pasa nada. No pasa nada.
–¿Eso es algo que también aprendiste cuando eras niño?
–Sí. Sufrí bullying y violencia física de pequeño… por ser gay. Por aparentarlo, porque yo no sabía que era gay. Así que de pequeño me di cuenta de que había gente mala. Yo dije: “Vale, esta gente es mala, tiene veneno por dentro”. Y crezco y noto que esa gente sigue ahí. A lo mejor han cambiado mucho, pero hay otros que siguen siendo malos. Entonces, cuando comprendes eso, lo que haces es descartar y quedarte con lo bueno. Sigo manteniéndolo. Eso lo hacía de niño, sí. Lo hacía de niño y lo hago de mayor, y tengo buen ojo. Si veo que el otro no tiene buen fondo, por muchas riquezas —supuestas riquezas— que me vaya a dar, no me acerco.
–Ahora eres primera plana de la prensa. ¿Cómo te afecta eso?
–Pues… bien. Pero es verdad que yo necesitaba cambiar de proyecto, porque llevo dos años con muchísimas presentaciones sobre La península de las casas vacías. Estoy cansado de la guerra. Estoy agotado de la guerra. Para mí esto es una alegría, un alivio. A lo mejor hay quien piensa: “Estás sobreexpuesto”. Pero es que yo no lo decido. Si la prensa me pide, pues yo voy.
–¿Ahora qué sería la felicidad?
–Todo. Mi vida. Yo llevo dos años en que soy la persona más feliz del mundo todos los días. Todos los días. Haber publicado ha sido un salvavidas para mí. Y ya me puede pasar lo que pase, que ya tengo aquí el testimonio que yo puedo dejar: La península de las casas vacías.
–¿Esperabas el éxito de una historia sobre la Guerra Civil española contada por un joven?
–Yo no me esperaba el éxito, porque vas a una librería, hablas con la editora, hablas con el librero y sabes que el mundo editorial es complicado. Pero —y esto puede sonar pedante, pero tengo que ser fiel a lo que pienso— sí que, cuando terminé La península de las casas vacías, la veía y era consciente de que el libro era distinto. Que el libro era muy ambicioso y que si tenía la suerte de que alguien con poder lo leyera y se extendiera, el libro podía hacer mucho ruido. De eso sí era consciente. Si no, no le habría dedicado tantos años. Legar a esa situación es un milagro. Es como intentar que te toque la Primitiva. Y todavía no sé muy bien cómo ha funcionado. Ha sido progresivo. No ha sido de la noche a la mañana.
–Has escrito ya varios libros, todos ellos en este país. ¿Cómo encuentras tú a este país al que ahora te diriges?
–Muy crispado, muy polarizado. La primera entrevista que me hizo El País, al principio —no había salido el libro aun—, el titular que sacaron era una foto mía y una frase que decía: “No me extrañaría una segunda guerra civil entre nosotros”. Y todo el mundo se me echó encima. Incluso yo mismo me eché encima de mí y dije: “David, hijo mío, qué frase…”. Pero ahora, Juan, ahora ese titular no sorprendería a nadie. Es decir, hemos alcanzado una crispación entre nosotros, una polarización. Hay tantos grupos que hacen tanto ruido, o tanto mal, que nos están intentando separar más. Lo veo mal, veo mal el país en muchos sentidos. Hay una decadencia, una decadencia espiritual y social.
David Uclés (Úbeda, 1990) es escritor, músico, dibujante y traductor y acaba de ganar el Premio Nadal en enero de 2026. Foto: Guillermo M. Poza.–¿A qué lo atribuyes?
–Lo atribuyo a la individualización a la que nos llevan las redes sociales y al apéndice del smartphone. Ese efecto no lo vimos al principio, pero se genera con el tiempo. Porque debilita los vínculos humanos, los vínculos carnales: el juntarnos para decir “oye, ¿qué pasa en el bloque?”, “oye, ¿qué pasa en el barrio?”, “salgamos a movilizarnos”. Eso se ha perdido. En lugar de eso, hacemos una manifestación individual que se pierde en un mar de manifestaciones individuales. Viene de ahí. Sin el smartphone y sin las redes tendríamos otros problemas, pero desde luego no tendríamos este: no somos sociedad. Siempre cito a Bauman: no somos una sociedad unida: somos individuos separados que nos juntamos, hacemos mogollón, pero no nos hablamos entre nosotros. Es complicado, ¿eh?
–Estás hablando para un periódico argentino, una revista literaria en la que aparecen desde Ricardo Piglia hasta Jorge Luis Borges. ¿Cómo has vivido tú, como lector, las figuras que son parte de la literatura argentina?
–Piglia me encanta. Lo descubrí hace muy poco. Borges, por supuesto. Ernesto Sábato me maravilló. Cortázar para mí era argentino; no era belga, aunque naciera allí. Me fascinan también contemporáneas como Mariana Enríquez, que es un referente. Los argentinos, además, en el cine toman riesgo. Tienen una voz muy… muy reconocible. Yo localizo su manera de decir, su manera de escribir, y me gusta, lo celebro. Y tengo muchas ganas de ir. Por eso este año que viene hago la gira internacional. Como nunca he cruzado el charco y me da miedo, solo he cogido cuatro destinos, y de Latinoamérica solo tres: Bogotá, Guadalajara y Buenos Aires. Voy a la Feria del Libro de Buenos Aires. Por cercanía literaria. Porque sus voces no me son ajenas y me apetece conocer el país y la ciudad de Buenos Aires.
Voy a la Feria del Libro de Buenos Aires. Por cercanía literaria. Porque sus voces no me son ajenas y me apetece conocer el país.
David Uclés
–¿Qué es para ti el aprendizaje? ¿Sigues aprendiendo?
–Todo el rato. Eso no se me ha ido: la sed de aprender y de mejorar. Aprendo de las críticas, incluso las que van con veneno. Intento pulir todo cuanto pueda en torno a mí, siempre y cuando sea para mejorar lo que hago.
–Ahora has ganado un premio importante. ¿Cómo es ganar?
–Ganar un premio es precioso. A mí me gusta, sí, porque ganar, cuando has invertido mucho tiempo en algo, es una palmadita en la espalda. Es recuperar un poco del aliento que dejaste por el camino. Yo me he sacrificado mucho por el libro, por este oficio, es mi vida. Entonces todo lo que gano ahora lo recibo muy feliz, la verdad. No sé si algún día llegaré a decir lo que dijo Antonio Gala una vez: “Vengo a que me deis un premio, pero no me deis la figurita, que no me caben más en casa”. Son abrazos, son reconocimientos. A mí me viene muy bien.
–¿Lo más hondo que has sentido en este episodio que concluye con tu premio y con el libro que vendrá?
–Lo más profundo que he sentido es estar en el mismo palmarés que Carmen Laforet, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute y Francisco Umbral, que lo ganaron… Pertenecer, de alguna forma, a la estela que dejaron ellos. Es algo que, cuando lo pienso, me produce vértigo y, al mismo tiempo, una enorme ilusión
–Conociste a una de las hijas de Carmen Laforet, Cristina Laforet, mientras escribías el libro en el que también aparece su madre. ¿De qué te sirvió aquel momento?
–Conocer a su hija me ayudó mucho, porque de tal palo, tal astilla. La sensibilidad que tú le ves a Carmen en los textos la ves en Cristina: la ves en su pintura, la ves en su literatura y la ves en ella, esa dulzura. Me ayudó muchísimo. También, no solo por su palabra, sino por las percepciones: el color con el que tienen pintadas las paredes de su casa, que hay muchas ventanas, la importancia que le da al jardín, los encuentros musicales. Todo eso te conforma una idea de cómo pudo ser su madre y eso me ayudó mucho. Fíjate que hablé ayer con ella y me dije: “Tengo miedo, porque a ver qué opina”. He hecho un retrato total que abarca toda la vida de Carmen, no solo un punto. Eso los lectores no lo saben todavía. A ver qué dice la hija. Yo lo he hecho con cariño. Solo le dije: “Lo he hecho con cariño. Ya me dirás si ves a tu madre o no”.
–¿Qué se puede decir de tu libro que todavía no se conoce?
–Pues que está escrito en realismo mágico, de nuevo, en clave de realismo mágico. Y es una aventura onírica, una fantasmagoría, porque los personajes están casi todas muertas y son personas que vivieron en la ciudad. Son luces muertas, los personajes. Son luces que alumbraron en su día, pero que ahora están muertas y que, en cierta forma, siguen alumbrando. Un poco como las estrellas: siguen brillando, aunque se supone que los cuerpos celestes ya no están, pero su luz todavía no ha dejado de llegarnos. La novela cuenta que se va la luz en Barcelona, la artificial y la solar. Solo queda la desgracia del fuego y vuelven todas las Barcelonas físicas que han existido y todos los intelectuales que o bien nacieron en Barcelona o hicieron de Barcelona su ciudad durante un tiempo. Y ellos serán quienes intenten averiguar qué ha pasado, si es posible que vuelva la luz y de qué manera. Es una aventura. Es mi novela más aventurera, en el sentido de que la lees diciendo: “¿Pero qué ha pasado? ¿Por qué se ha ido la luz? ¿Cómo volverá? ¿Y esto qué es?”. Va de un lado para otro. Es una novela de aventura.
David Uclés (Úbeda, 1990) es escritor, músico, dibujante y traductor y acaba de ganar el Premio Nadal en enero de 2026. Foto: Guillermo M. Poza.–¿Es una novela de aventura tal como nosotros conocemos las novelas de aventura, o es “de Uclés”?
–Eso lo tendrían que decir los que me leen, no yo. Pero, haciendo el ejercicio de verme desde fuera, sí que hay rasgos que he mantenido en las cuatro novelas que he escrito y que me han señalado los críticos como algo diferente. Que es realismo mágico, un género que en este país se ha cultivado poco. El narrador que rompe la cuarta pared. Y el poco pudor a la hora de hacer lo que quiera. No sé: pongo una canción, dejo una página en blanco. No he inventado la rueda, esto lo han hecho muchos escritores, pero yo lo hago siempre. Entonces, esas tres cosas a lo mejor pueden conformar una identidad, pero eso no me toca a mí decirlo.
David Uclés básico
- Nació en Úbeda, en 1990. Es escritor, músico, dibujante y traductor e intérprete de alemán, francés e inglés.
- Su última novela, La ciudad de las luces muertas (Destino) fue galardonada con el 82ª Premio Nadal.
- Su tercera novela, La península de las casas vacías (Ediciones Siruela), fue galardonada con el Premio Cálamo a Mejor Libro del Año 2024, el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio Espartaco a Mejor Novela Histórica, el XX Premio Dulce Chacón, el Premio San Clemente y el Premio Kelvin 505 a Mejor Novela Fantástica. También fue la candidata española al Premio de Literatura de la Unión Europea 2025 y finalista de la VI Bienal Vargas Llosa. En menos de dos años, ha alcanzado 30 ediciones y ha superado los 300.000 ejemplares vendidos, situándose entre los bestsellers de 2024 y 2025. La novela está siendo traducida a quince idiomas, entre ellos francés, portugués, italiano, danés, rumano, catalán, euskera, checo, alemán y griego. Fue elegida segunda mejor novela del año por el jurado de la lista anual de Babelia (2024).
- También ha publicado las novelas Emilio y Octubre (Dos Bigotes) y El llanto del león (Premio Complutense de Literatura 2019), y fue galardonado con las becas Leonardo y Montserrat Roig. En sus obras predomina el realismo mágico.
- Ha trabajado en Alemania, Suiza y Francia. Actualmente escribe para La Vanguardia, El País, Diario Jaén y La SER. También ha participado en varios festivales literarios, como Centroamérica Cuenta, Festival Eñe, Hay Festival, Festival 42, FLEM, Book Friday y Literaktum, y clausuró la Biennal de Pensament de Barcelona.
- Actualmente reside en Madrid.
La península de las casas vacías, de David Uclés (Ediciones Siruela).



