“El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo”, apunta en un manifiesto de 1962, y escrito en italiano, el argentino Alberto Greco, “un artista decisivo de la vanguardia experimental”, lo definirá el curador de la retrospectiva que se inaugura en Madrid.

Viva el arte vivo, retrospectiva de Alberto Greco, hasta el 8 de junio en el Museo Reina Sofía de Madrid, edificio Sabatini, Planta 0. Foto. EFE

Amante de la intemperie y de lo cursi, orfebre de lo escatológico y del autobombo ficticio, la obra de Greco, que nació en Buenos Aires en 1931 y murió en Barcelona, por voluntad propia, 34 años después, se desplegará, a partir de este miércoles, en ocho salas del Museo Reina Sofía de Madrid.

Entre el 11 de febrero y el 8 de junio, la muestra Alberto Greco, Viva el arte vivo enhebra sus itinerarios vanguardistas desde 1949 hasta su muerte, en 1965, a través de más de 200 obras.

“Esta muestra reúne un corpus muy importante de obra de esos años pertenecientes a diferentes colecciones públicas y privadas”, dice a Clarín el curador de la retrospectiva, el argentino Fernando Davis.

En la imagen, una de las obras Alberto Greco, incluida en la nueva exposición del Museo Reina Sofía ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’.EFE

“Sabemos que buena parte de la obra está en Buenos Aires, pero también hay mucha obra en España, no solamente en Madrid, sino en otros museos y colecciones –agrega–. En Roma, en Estados Unidos.”

Ambicioso deseo de Greco

A través de lienzos, dibujos, collages, escritos, fotografías y hasta un archivo de voz del artista que se pudo rescatar, la muestra se rinde ante el ambicioso deseo de Greco de mostrar la movilidad fugitiva de la existencia en tránsito.

Viva el arte vivo, retrospectiva de Alberto Greco, hasta el 8 de junio en el Museo Reina Sofía de Madrid, edificio Sabatini, Planta 0. Foto. redes sociales.

Con imágenes de los afiches de “Alberto Greco, qué grande sos” con los que empapeló la calle Lavalle para alimentar la autoficción del artista en tiempos en los que Perón estaba proscrito hasta la obra de teatro herética sobre la pasión de Cristo por la que terminaron expulsándolo de Italia, la exhibición propone parte de su itinerario, tan errático como fecundo, por el mundo.

Su paso por París, donde hizo cursos de historia del arte en el Louvre y visitó los talleres de Ferdinand Léger y de Pablo Picasso al tiempo que se desbocaba en los baños públicos donde dejaba escrito un “Greco Puto” como marca registrada. Hasta su temporada en Ibiza, donde escribió su novela visceral, Besos Brujos: un collage desmesurado en el que alterna el desamor que lo desangra por el artista chileno Claudio Badal con canciones de Palito Ortega y por el que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) pagó 400.000 dólares en 2018.

Los viajes fueron experiencias centrales para Greco. Cada uno de ellos derivó en nuevas maneras de concebir el objeto artístico”, señala en el catálogo de la muestra Marita García, investigadora y curadora del Malba.

En palabras del curador Davis, “la vida en movilidad permanente es central en la obra de Greco. Lo vemos tanto en sus acciones de arte vivo, donde va capturando elementos que integra en ese diario de adiciones y superposiciones”.

La materia de Alberto Greco consistía en el contacto directo con “movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, ruidos, lugares, situaciones”, según enumera en su manifiesto “Dito dell’ arte vivo”, enunciado en julio de 1962.

Una de las obras expuestas en ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, una retrospectiva dedicada al artista argentino que estrena el Museo Reina Sofía.EFE

Porque Greco no fue tan amigo del pincel como del dedo (dito, en italiano) que señala la realidad fugaz que muta en arte.

Las ideas no se pueden realizar. Si se las realisara (sic), ya no serían ideas”, escribió en un enjambre de mayúsculas y minúsculas de tinta oscura sobre un kilométrico rollo de papel.

El rollo, tan descartable como documento fundacional de su legado de impulsos creativos imprevistos, fue bautizado por el artista, en 1963, como «Gran manifiesto–rollo–arte–vivo–dito».

“Este rollo era una superficie viva que incluía fotografías, frases de canciones populares, anuncios publicitarios, notas policiales, correspondencia personal”, señala Manuel Segade, director del Reina Sofía, el museo anfitrión de la muestra que es la primera del año dedicada a un artista argentino. Le seguirán, en noviembre, una retrospectiva dedicada a la obra de Marta Minujín y, a principios de 2027, una exhibición de obras de Fernanda Laguna.

Collage “Asesinato de Kennedy”, de Alberto Greco. Foto: gentileza.

La capital del Grequismo

“Greco convirtió Piedralaves –el pueblo de Avila en el que se instaló y al que denominó ‘capital mundial del Grequismo’–, en una obra de arte. En sus calles desplegó un rollo de casi 100 metros de largo sobre el que fue escribiendo, invitando a los habitantes a contribuir con dibujos, garabatos, reflexiones o anotaciones de todo tipo. Incluso invitó a los niños del pueblo a caminar sobre o papel dejando sus huellas”, cuenta Segade.

El curador, Fernando Davis, de la muestra de Alberto Greco en el Museo Reina Sofía, durante un recorrido, hoy, 10 de febrero de 2026. Madrid. España. Foto Cézaro De Luca

Para el artista español Antonio Saura, cómplice necesario en algunas de las puestas en escena del argentino, la vida y obra de Greco latían como un “sismógrafo interior” que supo registrar las temperaturas afectivas de una época que él mismo se encargó de agitar.

La trayectoria de Greco es una trayectoria corta pero intensa y precipitada –dice el curador Davis–. Me interesa pensar esa trayectoria como una suerte de derrotero; más que como una línea recta, como una línea quebrada, más próxima al desvío queer, a lo intempestivo y extemporáneo de ciertos gestos que tuercen y contravienen cierta trayectoria estabilizada del arte moderno y de la vanguardia y provocan una serie de detonaciones hacia lo contemporáneo.”

Vista parcial del Gran Manifiesto-rollo, del artista argentino Alberto Greco, durante la exposición retrospectiva Viva el Arte Vivo, en el Museo Reina Sofía, de Madrid, España, 10 de febrero de 2026. Foto Cézaro De Luca

Davis propone, como clave de interpretación de la retrospectiva de Greco, “la idea de contramarcha, entendida no tanto en los términos de un retroceso sino como una suerte de vuelco, de giro o de torción en lo esperable”.

La idea de descentramiento, el vagabundear, las estéticas rezagadas y las temperaturas afectivas atraviesan la obra de Greco y decepcionan las narrativas heterocentradas, adultocéntricas y heroicas de la vanguardia”, subraya.

“Otra dimensión que atraviesa la muestra tiene que ver con la ficción de sí que Greco construye a través de sus apariciones públicas, apariciones que tienen que ver con la provocación y con la espectacularización de sí”, agrega.

El director del Museo Reina Sofía de Madrid, Manuel Segade, recorre la muestra del artista argentino Alberto Greco, hoy, 10 de febrero de 2026. Foto Cézaro De Luca

“Enterrarme aquí MISMO, traten de quemarme y/VINO para los que me VISITEN./ Como epitafio SERAFIN que DIGA:/ ¡Si!… PARECIA MENTIRA!”, figura en el rollo manifiesto donde, sin embargo, Alberto Greco no anticipó aquella puesta en escena final, la que ocurrió un día de octubre de 1965, cuando atinó a escribirse un “Fin” en el brazo izquierdo, antes de que las pastillas le hicieran efecto.

Viva el arte vivo, retrospectiva de Alberto Greco, hasta el 8 de junio en el Museo Reina Sofía de Madrid, edificio Sabatini, Planta 0.