«Genio». «Maestro». Acompañado por voces que lo celebraban, el escritor, músico y pensador Alejandro Dolina avanzó esta noche por el pasillo del auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales para recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Alejandro Dolina recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA en la Facultad de Ciencias Sociales. Foto: Martín Bonetto.

Los aplausos, las risas y las muestras de cariño no se detuvieron ni durante la laudatio, ni con el agradecimiento del autor de El Ángel Gris, ni tampoco mientras dialogó con el psicoanalista Gabriel Rolón, ni cuando un ataque de tos lo interrumpió momentáneamente. Ese público, su público, no dejó de agradecerle.

El nombramiento para Dolina fue promovido por dos de las cinco carreras que se dictan en esa facultad: la licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, representada en el acto por su directora Larisa Kejval; y la de Ciencias Políticas, en cuyo nombre estuvo su director, Miguel De Luca.

La idea fue acompañada por unanimidad en todas las instancias formales y esta tarde, de manos del rector Ricardo Gelpi y del vicedecano de Sociales, Diego de Charras, el escritor recibió el diploma de honor y la medalla.

“Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza. No porque uno sienta los achaques, sino porque uno comprende mejor la naturaleza humana, siendo ésta trágica», dijo Dolina ante un auditorio colmado por estudiantes, docentes, público en general y no pocos periodistas y amigos del homenajeado.

«Quiero decir que no poder disfrutar enteramente de esta alegría me alegra muchísimo», agregó Dolina.

Momento de comunión

El conductor radial y televisivo, que inmortalizó ya no un programa sino un ritual llamado «La venganza será terrible», valoró que «la universidad pública es donde se recibe, pero también donde se da. Y donde se produce un momento de comunión, pese a que nuestra vida es creadora de soledad».

Alejandro Dolina recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA en la Facultad de Ciencias Sociales. Foto: Martín Bonetto.

Y compartió recuerdos de sus tiempos de estudiante de Derecho, de la camaradería y de la amistad que encontró en las aulas. «Pocas comuniones hay más fuertes que la del compañero. El compañero es preferible al profesor muchas veces. El profesor está demasiado lejos. O por lo menos así era cuando no era joven. En cambio, los compañeros estaban cerca y ayudaban mejor a buscar el conocimiento y el sentido«, evocó.

Dolina bromeó con la idea de la «universidad de la calle». «No puedo evitar sentirme un poco farsante, un poco impostor porque no provengo del mundo académico», reconoció y rogó: «Le voy a rogar que nadie me diga que yo provengo de la universidad de la calle. No es un foro muy adecuado para formarse. Las cosas que se aprenden en la esquina no siempre son académicamente interesantes».

Y, aunque valoró el aprendizaje por fuera de las instituciones, aseguró que «si uno quiere aprender verdaderamente, estudiar y aprender, pero además vivir todo ese mundo maravilloso de intercambio, de sensaciones y de reflexiones acerca de la constitución de la realidad, es mejor que vaya a la universidad y no al boliche de la esquina«.

Por eso, agregó, «deberían entenderlo así quienes los estados nacionales gobiernan y propender cuando se trata de educación a preferir la inauguración de universidades y colegios antes que las de parrilladas”. Lo secundó una estruendosa ovación.

Duelos de ingenio y erudición

Luego de las formalidades, Dolina invitó al psicólogo y escritor Gabriel Rolón a subir al estrado y replicar, por un ratito, aquellos duelos de ingenio y erudición que durante catorce años compartieron en “La venganza será terrible”.

Alejandro Dolina recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA. Foto: gentileza Prensa UBA.

Personificando un espontáneo tutor de doctorado, Rolón fue recorriendo los grandes temas que Dolina ha trabajado a lo largo de los años. Del amor a la poesía, de la filosofía a la mitología o a la música.

«La duda es la vida», recitó Rolón unos versos escritos por Dolina, para preguntarle por esa conexión: «La respuesta es definitiva y se trata de eludir lo definitivo. La pregunta abre. La respuesta clausura», respondió el escritor.

Posteriormente, consultado por su interés fervoroso por la mitología, Dolina consideró que se trata de «la ciencia reemplazada por la poesía. Y el mundo que resulta de esa construcción tiene sentido. La mitología tiene metáforas para todo, para todo hay sentido, el sentido que da el arte».

Ovacionado llegó Alejandro Dolina a la Facultad de Ciencias Sociales para recibir el doctorado Honoris Causa de la UBA. Foto: Martín Bonetto.

Rolón «aprobó» al nuevo doctor y, emocionado hasta las lágrimas, le agradeció: «Gracias por su generosidad, por abrir puertas que de otro modo no se habrían abierto; gracias por ser un ejemplo de artista y de pensador; y gracias por una vida juntos, en la radio y hoy en este momento. Yo pensé que la Universidad de Buenos Aires ya no podría hacerme más feliz que el día que recibí mi título de psicólogo, que me costó tanto. Pero estaba equivocado«, dijo conmovido y conmoviendo.

Reconocer el conocimiento

El nuevo doctor Honoris Causa fue recibido por el vicedecano Diego de Charras, que explicó: «Este diploma es la máxima distinción de nuestra universidad y busca reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas pero que es tanto más importante porque en esta casa de estudios nos dedicamos a estudiar la cultura popular».

Alejandro Dolina recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA en la Facultad de Ciencias Sociales. Foto: Martín Bonetto.

De Charras recordó que la Facultad de Ciencias Sociales «es una facultad joven, nacida en 1988, que vivió con mucha intensidad esos finales de la década del 80 y los principios del 90, durante los cuales la figura de Alejandro Dolina circulaba cual Ángel Gris por los pasillos de nuestra casa«.

Por eso, el vicedecano concluyó que «la presencia de Alejandro atraviesa la formación de nuestros y nuestras estudiantes a lo largo de toda la historia de esta casa de estudios».

La laudatio, un discurso que recorre los méritos del celebrado, fue leído por la directora de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, Larisa Kejval, que revisó la vida y la obra de Dolina con un texto doliniano, acorde al protagonista de la tarde:

«Escritor, ensayista, observador, actor, conductor de radio, cómico, filósofo, orador, pensador y músico –enumeró–. Casi no hay medio de comunicación de la actualidad por el que Dolina no haya pasado«.

Un nombre que se volvió adjetivo

Kejval recordó que “Dolina, quizás a su propio pesar, ha dejado de ser solamente un hombre. Su nombre se volvió adjetivo, verbo, una forma de retórica argumentativa: A lo Dolina. Eso es dolinesco. Eso es doliniano. Vaya pavada de legado».

Alejandro Dolina recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA en la Facultad de Ciencias Sociales tras la lectura de la laudatio de Larisa Kejval. Foto: Martín Bonetto.

Y recordó que «incluso una plaza del barrio de Flores no lleva su nombre sino que va más allá: lleva el nombre de uno de sus personajes. El Ángel Gris. Es el triunfo de la prosa. La demostración de que la ficción puede cruzar la frontera de la página e intervenir sobre la realidad«.

Por eso, la académica cerró agradeciendo: «Gracias por haber construido durante décadas un lugar al que millones de personas pudimos entrar, donde todavía cabe la imaginación, el humor, la música, la literatura, el amor, la melancolía y, por supuesto, las palabras. Gracias, Alejandro Dolina. Gracias, Negro. Gracias, Doctor”.