
La periodista y escritora Mercedes Halfon no encontraba el micrófono. Rieron. Mientras el público se acomodaba en las butacas, algunos con ejemplares de su libro en sus manos, la cineasta Lucrecia Martel dijo que iban a “tratar de brillar” y sin dudas lo lograron. Una tarde espléndida de primavera, que tanto se venía haciendo desear, fue el marco de esta conversación en el Auditorio del Malba, incluida dentro de las actividades de cierre del Festival Internacional de Literatura (Filba), que cuenta este año con el apoyo de Clarín y revista Ñ como media partners.
La periodista y escritora Mercedes Halfon entrevistó a la cineasta Lucrecia Martel en el cierre del Filba. Foto: Jiniva Irazabal gentileza.Fue una distendida y a la vez profunda charla que giró alrededor de las más recientes obras de la cineasta: su libro Un destino común, que recopila sus conferencias, editado por Caja Negra y Nuestra Tierra, y su documental estrenado en el Festival de Venecia en 2025, en el que narra el asesinato del líder de la comunidad Chuschagasta Javier Chocobar y el posterior juicio, atravesado por las historias y archivos de las personas que viven en aquella región del norte argentino.
Halfon, luego de presentar ambas obras y de describir las conferencias de Martel como “una cachetadita” que se filtraba cada tanto en algún reel, y de agradecer el hecho de tenerlas recopiladas en un libro, abrió el diálogo preguntándole por las preguntas que se había hecho Martel durante el rodaje de su documental y después, ya que acompañó las proyecciones y estableció diálogos con diversos públicos.
“Fue una bisagra en un momento de transición mundial. Nos potenció”, admitió y comentó que le llevó bastante tiempo a todo su equipo el hecho de encontrar un lenguaje a través del cual poder acercar un tema para el cual ella encontraba que la mayoría de la sociedad contaba con “suficientes anticuerpos como para hacer que no nos importe su padecimiento histórico. La colonia ha sido una excusa para no hacernos cargo de decisiones que deberíamos haber tomado como Nación sobre la tierra”, sentenció.
Martel comentó que pensó la película “sobre todo para mis contemporáneos del norte, donde siento que esta problemática es gravísima”. Además, dijo que sucedió algo que muchas veces no le pasó: “que se disfrutara, permitiera hacer asociaciones con la propia vida y se expandiera más allá del circuito comercial”. Allí, supuso que sus espectadores habían sido muchos más. “Me saludaban en Tilcara o Humahuaca y me comentaban sobre la película, cuando antes sólo me reconocían en el Malba. Bueno, es difícil decirlo aquí”, comentó entre algunas risas del público.
La periodista y escritora Mercedes Halfon entrevistó a la cineasta Lucrecia Martel en el cierre del Filba. Foto: Jiniva Irazabal gentileza.Un servicio a la comunidad
También comentó en varias oportunidades que esta película le había servido para reconciliarse con su idea de cine. Para recordarle por qué había elegido dedicarse a dicho arte: “Para mí siempre había tenido que ver con un servicio a la comunidad. Intentar cambiar el mundo. Para que sea un poco mejor. Esta película nos lo hizo vivir. Fue una balsa en medio de catástrofes”.
Halfon le preguntó acerca de cómo ella veía los documentos. Los veía como escenas y no como historiadora. Martel explicó un poco más esta perspectiva. Habló de cómo, al examinar expedientes, uno se encuentra con un “peloteo, un pinball aterrador mientras pasan generaciones”. Comentó que ella ve algo parecido a un guion con indicaciones.
Se explayó más respecto a los trámites: “Son una estructura porosa al parentesco y la plata. Es la base de los ciudadanos junto a la escuela. Uno no elige escuela teniendo en cuenta si enseñan bien geografía, sino si mi hijo va a ser amigo del futuro juez o abogado. Para facilitar el trámite. Eso hace que sea más fácil para algunos. Es una forma de extinguir el reclamo de un montón de gente. La comunidad Chuschagasta no fue al Newman”, lanzó.
CUL / Lucrecia Martel
También se expresó respecto al Estado Nacional. “Estaría bueno que al terminar un gobierno se sepa cuántas tierras fiscales se vendieron. Ahí la grieta sería inexistente”, comentó. También citó a Dostoievski: “Él decía que al pobre no se lo echa a palos sino con una escoba. Es una violencia humillante. Como ahora cuando el Jefe de Estado dice que las deudas de los argentinos no son su responsabilidad. Un país que tiene una parte importante de su población humillada está condenado al fracaso”.
Acerca de su compromiso con este film, que la llevó a recorrer infinidad de salas de pueblos alejados del circuito comercial, comentó que eso era lo que quería hacer: “Conozco la vida del director de cine que va a cócteles y festivales y es bien aburrida. Quería hablar con personas que tenían la espada del desalojo en su cabeza. La identificación era inmediata. El cine era eso. La industria, como todo lo que se vuelve gigantesco, empieza a tener características despegadas del deseo humano. Deberíamos redefinir algunas cosas. Como la rentabilidad”, resaltó y agregó: “Ya estamos lo suficientemente enloquecidos. Todos estamos hartos. Deberíamos poner un freno. Si no, esto termina muy triste, muy mal y sin nosotros”.
Luego la conversación viró al libro y sus conferencias. Comentó que empezó a hablar en público luego de estrenar La mujer sin cabeza y sentir que no quería ir hacia allí, sino hacia donde “la película pueda incidir en transformar el mundo”.
Ante una pregunta sobre los relatos que le contaba su abuela y que sirvieron a modo de inspiración en cuanto a la oralidad, comentó que entiende la conversación como un modo de expandir el espacio y el tiempo: “La conquista del espacio era verdad. Pero era el espacio de este planeta. Tenemos que conquistarlo de nuevo. Podemos estar cansados, pero hay cosas increíbles. Lo bueno es un montón. Que no nos arrebaten todo”.
La periodista y escritora Mercedes Halfon entrevistó a la cineasta Lucrecia Martel en el cierre del Filba. Foto: Jiniva Irazabal gentileza.También recomendó algunos consejos para salir de las redes sociales, ir hacia la aventura y expandir el espacio de otro modo. Los mismos despertaron, también, algunas risas sorprendidas: “Hagan esta experiencia: escribir alguna cosa. Un cuento. Y van a ver cómo ese día la vida es más extensa”. Otra: “En vez de usar las redes, usar más la cámara. Filmar a los vecinos. Luego ir a esos lugares y conversar con ellos. Lentamente, vamos a salir de nuestra casa a conquistar el espacio”.
La utilidad en el arte
En el libro también reflexiona sobre la utilidad en el arte. Halfon leyó una cita y Martel comentó que para ella tiene que ver con algo que te haga “percibir de otra manera el mundo. El cine no trata sobre la verdad. Es sobre cómo se construye la verdad y si sirve para algo. El cine que sustituye algo como verdad es el de Santiago Oría. Las películas se parecen a una droga que altera tu percepción y quizás te ayuden a imaginar una salida para algo horroroso. Ese es nuestro trabajo”.
Al pensar la relación entre lo útil y la intención, Martel sorprendió al ejemplificar con ratas y cucarachas: “En Londres y París intentaron liquidarlas y no resistieron. Inventaron otros circuitos. La invención es todo lo contrario a la resistencia. Frente a la violencia que ejerce el poder sobre la ciudadanía, la respuesta es la invención”.
La periodista y escritora Mercedes Halfon entrevistó a la cineasta Lucrecia Martel en el cierre del Filba. Foto: Jiniva Irazabal gentileza.Sobre el final, Halfon preguntó si seguiría haciendo documentales y Martel comentó que actualmente se encontraba trabajando en otro proyecto muy diferente: “Estoy escribiendo ciencia ficción, con mis ideas y mis teorías. Voy a tratar de juntar mucho dinero y que sea un éxito de público”. Y al mismo tiempo dejó una última reflexión a modo de consejo cargada de entusiasmo: “Yo les comparto mis deseos a ustedes. Declaren sus deseos. Después vemos si lo logran. Pero salgan para adelante por la conquista del espacio”.



