
Pocas son las voces que se animan a dar testimoniodesde la misma tierra que esta mañana fue testigo de la operación que sacó de Venezuela al presidente Nicolás Maduro. Otros autores, desde el exilio, reflexionan acerca de lo ocurrido. El dolor de los años transcurridos y la incertidumbre de lo que vendrá.
Fedosy Santaella, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.“Todo acaba de ocurrir y todo me remueve el espíritu en este momento. Pero te respondo desde lo que siento y espero que puedan comprenderme. ¿Qué siento en primer lugar al ver tu correo? Pues siento miedo y tengo dudas. ¿Será esta persona quien dice ser? ¿Cómo ha conseguido mi correo? ¿Me estará alguien montando una trampa? En caso de que ella sea quien dice ser, ¿con qué intenciones lo hace? El mundo se ha lanzado a un torbellino delirante de derechas e izquierdas, donde ya no somos personas, sino entes rojillos o de derechas», destaca a Clarín Fedosy Santaella (1970), el escritor, novelista y poeta venezolano.
Santaella es autor de Hopper en el fin del mundo, Leonora del viento y El dibujo de la isla y tiene recuerdos muy amargos: «Yo salí del país, ahora vivo en México, salí porque no quería que mis hijos siguieran viviendo en una nación sumida en el caos, en la oscuridad. ¿Sabes la primera imagen que me viene a la cabeza de aquellos años previos antes de irme del país? Tengo la imagen de dos señoras mayores peleándose en el mercado por una bolsa de pan. Cuando me fui de Venezuela, no se conseguía pasta de diente en los mercados. Tampoco medicinas, o simplemente, no podías pagarlas. Si tu hija de dos años se enfermaba, ¿qué medicinas le darías? Yo vivía con miedo. Yo vivía con miedo en el gobierno de Maduro«, confiesa el autor de El dedo de David Lynch, finalista del Premio Herralde.
Ahora, en este momento, ese miedo ha vuelto. «¿Tengo que justificar la legalidad o no de lo que ha hecho Estados Unidos o si prefieres Donald Trump? Sólo te digo que, como cualquier persona común y corriente, siento un aire de satisfacción en el pecho al saber lo que ha pasado. Eso no me hace magazolano, no lo soy, todo lo contrario. También siento miedo al ver cómo una nación ejerce su poder sobre otro, el peligro que eso significa. Siento miedo. Miedo de responderte, miedo sobre lo que va a pasar. Pero, como he dicho, se me hace también una sonrisa en el rostro, como la que se le haría en la cara al chico sometido de la clase al ver cómo otro más grandulón que el grandulón que te hizo daño, pisotea a ese imbécil que te ha maltratado y casi llevado al suicidio durante tanto tiempo. Así es la vida de compleja”.
La labor del arte
Oriundo de Maracay, Luis Carlos Azuaje (1983) vive en la Argentina desde 2015. “La labor del arte es muy profunda y opera a un nivel casi imperceptible: tiene que ver con la concepción misma del tiempo. Mientras todo el sistema nos pide velocidad, el arte funda un ritmo diferente, más contemplativo; mientras el sistema promete felicidad a cambio de consumo, el arte te dice que incluso la felicidad puede convertirse en un mandato», le dice a Clarín.
Luis Carlos Azuaje, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.«Tal vez por eso no haya educación en libertad sin una pedagogía sensible, y no haya sensibilidad posible sin arte –reflexiona el escritor que, con su primera novela, El gran farsante, abordó los desmanes del poder en Venezuela, en plena movilización de 2014, 2015–. Pero lo que sigue no lo digo desde mi modesta figuración en el ámbito cultural, sino como ciudadano: estimo que la gran mayoría de los venezolanos sólo quiere justicia«.
El autor reconoce que esa justicia no llegó a tiempo por las vías democráticas. «El papel de una parte significativa de la izquierda latinoamericana ha tenido mucho que ver en todo esto. Repudiar un ataque militar extranjero mientras se evitó condenar durante años una de las dictaduras más brutales y cínicas que ha conocido el continente es, como mínimo, una gran hipocresía. Ha habido juicios extrajudiciales, pruebas de torturas y violaciones, cientos de presos de conciencia, hay ocho millones de venezolanos —¡Ocho millones! — dispersos por el mundo, elecciones fraudulentas y una represión feroz a la protesta.
«Nada de esto bastó para que este sector condenara enfáticamente lo que en su momento vivieron en carne propia en la Argentina: el horror –continúa Azuaje que, en 2021, consiguió con su novela Los verdaderos paraísos el Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana–. Si esta condena hubiera sido unánime tal vez hoy no estaríamos ante esta encrucijada trágica”.
Desde Venezuela, la licenciada en Letras mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana (Universidad de Los Andes, ULA, Mérida) e investigadora de la Cinemateca Nacional, Carolina Lozada (1974) responde a Clarín un correo breve: “Vivo en Venezuela y en consecuencia debo ser prudente, porque la represión es verdadera, el gobierno es policial, dictatorial y cruel».
Carolina Lozada, escritora venezolana. Fotos: redes sociales y gentileza.La autora de Adictos y transeúntes, Historias de mujeres y ciudades y Los cuentos de Natalia mide las palabras: «Estos momentos los vivimos con incertidumbre y anhelos de cambios beneficiosos para todo el país. Las noticias las leemos en las redes (usando VPN), hay poca información oficial y también mucha especulación. En la calle hay gente haciendo compras nerviosas y el ambiente parece el de un 1º de enero extendido. ¿Qué te digo? La sensación general es de una alegría contenida, la necesidad de que termine esta larga pesadilla”.
Una gran contradicción
El actor, escritor, y director teatral venezolano Orlando Alfonzo (1985), que decidió salir del país el 14 de noviembre de 2014 con destino a la Argentina, reflexiona: “Cierto es que hace 26 años atravesamos un proceso ideológico y político que destruyó progresivamente nuestra nación y nuestro espíritu. Pero esta madrugada se ha materializado una gran contradicción. Ver apresado al dictador es justicia histórica, contemplar a Caracas bombardeada es siniestro».
Orlando Alfonzo, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.Alfonzo fundó en 2023 el colectivo de Autores Venezolanos en Argentina y es reconocido por Marti, el tigre mariposa, una fábula para niños y jóvenes que representaba entre otras cosas, su propia de búsqueda libertad e identidad. «Un alma demócrata no puede ansiar nunca la guerra. Aún no es el momento de la celebración, sí de la cautela. Se abrió una puerta para nosotros que aún no muestra la luz, no sabemos qué hay detrás. Recordemos que vivimos bajo la lógica del mercado. Quizás pagaremos el inicio de la vuelta a la democracia con barriles de oro negro. Ojalá esa factura no incluya más vidas inocentes ni la posibilidad de auto determinarnos”, concluye en diálogo con Clarín.
Por su parte, el escritor y poeta radicado en la Argentina, Gustavo Valle (1967) lo primero que dice a este medio es: “Soy antimilitarista por principio y condeno el uso de la fuerza letal en cualquier contexto y procedencia», reconoce el autor de Amar a Olga, Happening y el libro de poemas La máquina de leer los pensamientos.
Gustavo Valle, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.Y agrega; «Al mismo tiempo estoy convencido de que todo esto pudo ser evitado si se hubiesen respetado los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024. Estamos hablando de un gobierno ilegítimo, una dictadura represora a la que no le importó poner en riesgo a un país entero, teniendo en cuenta que recibía las amenazas de la nación más poderosa del mundo. Qué ocurrirá a partir de ahora es la pregunta que todos nos hacemos”.
Kira Kariakin, escritora venezolana.La poeta, escritora, editora y gestora cultural Kira Kariakin (1966) confiesa desde Venezuela a Clarín que los sentimientos son contradictorios. «Un dulce amargo –deja saber la autora de Química de los desencantos y de la antología poética Mujeres del mundo uníos–. Pero es temprano para opinar concienzudamente. La situación no está clara por completo y hay incertidumbre a pesar de la rueda de prensa del presidente Trump y luego de la de Delcy Rodríguez hace poco. Sin embargo, algo sí es cierto. Los venezolanos votamos el 28 de julio y hubo un ganador. Si ello no es reconocido, todo este país se aglutinará alrededor de la figura que le devolvió la fortaleza y la esperanza de nuevo».
En tiempo real
Daniel Centeno Maldonado (1974) ha vivido entre Venezuela, España y Estados Unidos. En la actualidad se encuentra en Houston, Texas. “Me enteré casi en tiempo real y aquí, junto a mi madre que vino de visita después de 8 años de no verla», comenta vía WhatsApp a este diario el hombre que fue finalista del XV Premio Internacional de Relato Breve Julio Cortázar, de la 30º edición del Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo y como editor ayudó a crear un catálogo de autores venezolanos en su país natal entre los años 2006 y 2009. También fue director general de las revistas literarias Río Grande Review y Corot.
Daniel Centeno Maldonado, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.«Lo que te digo es que representa el sentimiento de muchos colegas escritores que estamos en el exilio y algunos que incluso siguen en Venezuela. La intelectualidad no ha apoyado el chavismo y el madurismo. Nunca voté por el sistema chavista a pesar de que estoy consciente que la oposición venezolana históricamente ha sido bastante penosa. Te mentiría si te dijera que nosotros no queríamos ver la foto de Maduro con esposas. Nos da un alivio de que después de 26 años alguien esté pagando por los crímenes que han cometido», comenta el autor de La vida alegre.
Dice Centeno Maldonado que mentiría «si no te digo que me preocupa la vulneración de la soberanía nacional, cómo el presidente de los Estados Unidos entra al país sin pasar por el congreso. Es preocupante. Yo vivo en Estados Unidos desde el 2009. He sido profesor de diferentes universidades y trabajo en el condado de Harris para una líder demócrata, soy el encargado de hacer las comunicaciones en español», indica el profesor de cine y literatura en el Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas de la Universidad de Houston.
Y concluye: «Nunca he sido trumpista ni me gustan sus políticas migratorias. Tampoco apoyé el bombardeo a los barcos. Pero, también por otro lado, aborrezco el régimen madurista. Así que me siento como si me hubiese dicho el médico ´oye saliste de la operación te extirpamos un cáncer y estás libre de él, pero tiene otro, en otro lado, que está avanzando muy rápido”.
El poeta Ricardo Suárez nació en Maturín, capital de estado Monagas, en 2000 y vive en Buenos Aires, desde 2018. Todavía impactado con lo que sucedió cree que es demasiado temprano para hablar. «Hay mucho miedo y autocensura dentro y fuera del país por las posibles represalias de los brazos armados del régimen», dice a Clarín el joven que publicó Hojaldre.
Ricardo Suárez, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.«Expresar una opinión abiertamente es un lujo que muchas personas no pueden darse cuando siguen teniendo familiares que viven allá. Se sabe que existe la represión trasnacional: ahí están los casos de Ronald Ojeda en Chile y Luis Peche en Colombia. Aun así, esta esperanza velada con la que hemos estado viviendo por meses ha encontrado un canal por el que salir hoy. Fueron trece largos años. No puedo dimensionarlo del todo. Aún sigo sin creerlo. No he podido dejar de ver el teléfono en todo el día. He estado hablando con amigos, familiares e incluso personas con las que no trataba hace años. Y todos coincidimos en el estupor, la ansiedad y, cautelosamente, en la ilusión», agrega.
En la red social X, el escritor radicado en España Rodrigo Blanco Calderón (1981) que por el momento prefiere no dar declaraciones la prensa sobre lo que está pasando en su país “todo muy incierto”, dice por WhatsApp a este medio.
Rodrigo Blanco Calderón, escritor venezolano. Fotos: redes sociales y gentileza.“No se veían unos bombardeos así sobre Caracas desde 1992, cuando Hugo Chávez ordenó atacar y matar a los propios soldados venezolanos y a civiles. Esto no me lo contaron. Yo lo viví. En esa época vivía en La Pastora, muy cerca del Palacio de Miraflores”, posteó en redes.
El autor de The Night, ganadora del Premio de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en 2019 y finalista de la longlist del Premio Internacional Booker por Simpatía compartió en otro de los posteos la imagen de una vieja moneda en la que se puede leer Estados Unidos de Venezuela: “Yo tenía una de estas monedas. Acabo de chequear el país se llamó así hasta 1953. Al parecer, este año no ´llamaremos ‘así de nuevo. Ojalá sea por poco tiempo”.



