“Yo escribo historias de amor de la inmigración y la gente que me sigue o que ha leído mis libros me busca a veces en las redes para contarme sus propias historias. Me pasa mucho esto de que se sienten identificados y que me dicen, ‘Yo también tengo una historia para contar’. De esta forma llegó Alicia Guevara Quarti a mi vida. Me mandó un mensaje a través de Instagram diciendo que creía que la historia de Lola y Rosa, sus dos abuelas inmigrantes, era para hacer una novela y que me iba a encantar”, cuenta a Clarín la escritora Diana Arias sobre el origen de Más allá del mar (Penguin Random House), su última novela.

El libro cuenta la historia de Lola, quien en pleno cruce del Atlántico cumple 15 años, dejando atrás su Galicia natal para emprender una nueva vida en Argentina, y la de Rosa, cuya familia huye del fascismo en Italia con la esperanza de encontrar paz en el nuevo continente. Es una novela sobre los orígenes y los nuevos comienzos, pero también sobre la red de mujeres que sostenían la vida diaria en un nuevo país, con una nueva cultura e idiosincrasia, lejos de sus culturas y de sus seres queridos.

“Empezamos a hablar con Alicia y le pedí unas fotos, algunos datos y la verdad es que me enamoré de la historia. Puntualmente algo que me dijo me llegó al corazón y es que sus dos abuelas, cuando se hicieron mayores, habían perdido la memoria y se habían olvidado de su propia historia, pero que ella había escrito en un diario íntimo los retazos de estos recuerdos, y me los daba a mí porque también tenía miedo de olvidarse de esa historia”, dice Arias.

–¿La literatura como guardiana de la memoria?

–Es así, porque es una historia verídica y todo lo que sucede en el libro pasó, está atestiguado por fotos, por cartas, por documentos; pero a la vez fue como rescatar la sensibilidad de estas dos mujeres tan distintas y a la vez tan parecidas a nuestras abuelas, a gente que hemos conocido todos como argentinos, descendientes de inmigrantes.

–¿Qué es lo que la hace única a Lola?

–Es una adolescente que llega a Argentina con sus mandatos, viene de una familia muy tradicional, pero que cuando llega al país empieza a vivir su vida y a elegirse a ella misma. Lola decide seguir su camino, se hace modista, después se enamora de alguien que estaba fuera de su alcance porque era un hombre casado, pero ella da todo por ese amor y después elige, equivocándose o no, no atarse a las convenciones de lo que se esperaba para una mujer de su época en ese lugar. Prefiere escuchar su voz de mujer antes que la voz de su amante o de quien fue su marido o inclusive de su patrón, sigue eligiendo a sus hijos, a sus amigas mujeres.

–¿La red de mujeres es la que las sostiene?

–Sí, me encanta rescatarla y visibilizarla porque las redes siempre están en las historias que se nos han contado sobre esta época de la inmigración. Generalmente la figura masculina, el hombre proveedor, el que venía a hacer la América, era el que llegaba primero y después, cuando lograba tener un trabajo estable, mandaba a buscar a su familia. Y se veía la imagen de una mujer que se quedaba siempre esperando, siempre relegada en segundo plano y la verdad es que yo en estas historias he descubierto el coraje y la valentía de esas mujeres, lo aguerrridas que eran y todo lo que hicieron en silencio; esto de acompañarse, de ayudarse, está presente en tantas historias. Fueron esas redes las que sostuvieron a las familias y fueron esas mujeres las que quisieron otro destino para sus hijas.

–¿Qué nos podés contar de Rosa?

–Rosa era una mujer mucho más tradicional, más como de puertas adentro; también ella quiere que sus hijas no vivan lo que ella vivió y lo logra. La construcción de Rosa como personaje también fue de mano de los familiares: los Quarti habían huido desde Italia en 1924, porque a Arturo Quarti lo perseguía el fascismo, él era socialista. Los fascistas les quemaron la casa y tuvieron que huir con sus 5 hijos a las 3 de la mañana. Cuando llegaron a Argentina parecían ser personas silenciosas, pero en realidad eran refugiados políticos y tenían terror de hablar porque temían que los vinieran a buscar o que tomaran represalias con la familia que había quedado en Italia. En una parte del libro escribí: ‘Rosa quería llorar del cansancio que tenía’: me imagino una madre viniendo con cinco hijos en un barco en segunda o en tercera clase, cansados, sucios, agotados.

–¿Cómo está siendo tomada la novela?

–La familia Guevara Quarti está muy emocionada, sobre todo porque creían que la historia estaba destinada a quedar en medio del olvido y de pronto es un libro que está en todas las librerías. Estoy teniendo hermosas devoluciones de lectores, de libreros, de gente que conozco, que me dice que la historia los hace pensar en sus propias raíces, en sus propias historias y eso para mí es como tocar el cielo con las manos.

–¿Es pensar que todos podemos tener familias de novela?

–Claro, es esa sensación que despierta querer conocer la propia historia familiar, me encanta que se genere eso a partir de este libro y de las historias que cuento. Me parece super potente que despierte el deseo de conocer la propia identidad porque este caso se puede transpolar a cualquier otra historia: estos nietos o bisnietos de esta familia tuvieron un bisabuelo al que le quemaron la casa y los echó el fascismo de Mussolini y una bisabuela que se vino sola y que después rompió todos los mandatos. Es llevar esas historias en las venas y creo que eso es una fortaleza que como seres humanos no tenemos que perder.

Más allá del mar, de Diana Arias (Penguin Random House).