De motivación crítica y espíritu colaborativo, Club del collage especulativo, la instalación comisionada a Ad Minoliti para Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, revela el proceso de relectura de una de las colecciones más importantes de arte latinoamericano a 50 años de haberse iniciado, como parte del trabajo con la comunidad de la pujante empresa en la región norte de México.

La exposición acaba de abrir al público en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO), de Monterrey, donde se podrá visitar hasta el 9 de agosto, y reúne las obras de 174 obras de 100 artistas latinoamericanos. En cinco núcleos conceptuales se proponen diálogos que hablan de las constelaciones en lugar de recorridos lineales, para establecer conexiones nuevas entre el arte del siglo XX con los contemporáneos y guiños a lo colonial.

Vista de sala de "Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA", en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) en Monterrey, México. (EFE)

“El modelo de constelaciones nos permite entender que no existe una sola historia del arte latinoamericano”, explica Beto Díaz Suárez, curador de la Colección FEMSA junto a Eugenia Braniff y Paulina Bravo. “Más bien se trata de una red de conexiones que se pueden reconfigurar continuamente, generando nuevas lecturas entre artistas que trabajan desde contextos y momentos distintos”, agrega. Ellos tres son curadores de la exposición junto a Adriana Melchor.

Durante su estadía en el Marco, la exposición formará parte de la oferta cultural de la ciudad para la Copa del Mundo que tiene a Monterrey como una de las sedes en México. Sin ir más lejos, el ese mismo estadio tiene la localía el Football Club Monterrey Rayados, cuyo propietario es FEMSA. Luego la exposición comenzará un recorrido itinerante por el país que tiene al Museo Amparo, de Puebla, como primera parada.

"Mujer dormida (la primavera)" del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros. (EFE)

Los temas en que está dividida la exposición hablan de una relectura del conjunto de obras. Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la abstracción: geometría y forma en América Latina, Alquimia e Identidades. «Hablar de identidad es hablar de todas las posibilidades de habitar este mundo”, señala Beto Díaz. “ Y es la primera vez que como colección nos ponemos a revisar el género”.

Una carpa suave para debatir

Construida en el centro de la sala dedicada a la abstracción, Club del collage especulativo se llama la instalación de Ad Minoliti especialmente creada para esta exposición. Inspirada en los clubes de lectura o espacios informales de reflexión, es transportable, de textura blanda y tiene eso de suave que asegura le está faltando al arte contemporáneo.

“Está inspirado en el juego de bloques de Alma Buscher, artista de la Bauhaus, que tenía figuras geométricas con los colores primarios para construir diferentes objetos”, cuenta Ad Minoliti a Clarín, en la previa a la inauguración. “El juego de la instalación es una alfombra cuadrada, una mesa circular y las cortinas triangulares. Son formas básicas junto a módulos geométricos que sirven como asientos y el furry como un visitante fantástico, cerrando esta tienda porque es como una carpa, con la idea de lo blando”, completa.

Ad Minoliti en su estudio. (Foto: Lila Lunez)

Allí, en un espacio delimitado por telas, se harán reuniones con miembros de la comunidad como Ana Eugenia Rodríguez, activista política y primera mujer trans en ocupar un cargo político en Nuevo León por voto popular. Ese mismo día participaba de la manifestación frente al Congreso pidiendo que se incorpore al código penal la figura del transfemicidio.

“Para mí la instalación es un punto de partida donde la obra no es un producto cerrado como una tela o una escultura, sino un espacio de activación y de debate, que rompe con este binario de público y obra, donde se funden para producir conocimiento, cuestionamientos más que para hablar de una verdad, como planteaba el modernismo, que intentó imponer un universalismo europeo. Y creo que esa es la forma de romper con los binarios en el arte de género, de raza, de estilos, incluso de pensar figuración/ abstracción. La abstracción es una herramienta para pensar justamente fuera de los estereotipos”.

Latinoamérica como territorio

La primera obra de la colección fue un paisaje del pintor mexicano Gerardo Murillo, conocido como DR.ATL. Esta pieza invita a pensar en los territorios como espacios para habitar, ya sean paisajes o cuerpos. Una idea central en el origen del arte latinoamericano en su singularidad, con vocabulario propio.

Vista de sala de #Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA". (EFE)

Dos instalaciones de llamativa actualidad reelaboran los conflictos con Estados Unidos. Desde Sonora, el también economista Miguel Fernández de Castro investiga la frontera, mientras que Monoblock (1971), de Juan José Gurrola, encierra el motor de un automóvil en una heladera industrial como respuesta a una imposición de fabricar esta autoparte en México.

En esta sala hay obras de Francis Alÿs, Ana Bella Geiger, Donna Conlon, Ligya Pape y un David Alfaro Siqueiros en diálogo con Ana Mendieta. Por primera vez se exhibe una obra de Pía Camil, una gran tela de remeras cosidas que hace referencia a los tianguis y espacios de intercambios es que se puede activar de manera colectiva y recorrer las calles.

Al fondo, obra de la artista mexicana Pía Camil con remeras cosidas. Es la primera vez que se muestra al público. (EFE)

500 años después

El mito del oro o el rescate de Atahualpa (1978), una inmensa obra abstracta monocroma con pequeñas manchas de color rojo de Clorindo Testa, se exhibe en la sala destinada a revisar precisamente las Estructuras coloniales. En relación con Testa, por primera vez se muestra al público La conquista, de José Clemente Orozco.

El artista y arquitecto argentino aborda el episodio del secuestro del líder Inca por parte de Pizarro y el ofrecimiento de Atahualpa de llenar su habitación de oro para recuperar su libertad. “El graffiti que se ve a la altura de la pared muestra la altura a la que tenía que llegar el oro para la liberación”, cuenta a Clarín Joaquina Testa, hija y miembro de la Fundación Clorindo Testa, que participa de la apertura.

“La obra se la hizo justo después de que se firmara la Carta de Machu Picchu, en respuesta a la carta de Atenas de Le Corbusier que hablaba de la funcionalidad de la arquitectura, es decir, habitar, circular, trabajar, recrearse. Cuando en la carta de Machu Picchu hablaban de la territorialidad, de la importancia del contexto y las vidas de las personas que van a habitar esas casas”.

"Nínt’ani. Volver a casa" (2024), una instalación de Salvador Xharicata. (Cortesía Colección FEMSA. Fotografía Michelle Lartigue)

Ocupa un lugar central, Nínt’ani. Volver a casa (2024), una instalación de Salvador Xharicata junto a videos que reconstruyen de manera escalofriante una carta en la que el Marqués de Rayas habla de la manera en que disponían de los cuerpos de los indígenas.

Líneas y planos a debate

Lejos de las dicotomías que dividían en los artistas entre los enfocados en la abstracción y los de la política en los 50 y 60, la propuesta de la sala Debatiendo la abstracción: geometría y forma en América Latina, es mostrar a los artistas experimentar con el plano, la escultura y el color. Como los grandes lienzos de figuras libres de la argentina Vivian Suter, una obra del período cubista de Diego Rivera, Joaquín Torres García en su época de la Escuela del Sur y los eximios Bichos de Lygia Clark.

Vista de sala de "Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA", en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Monterrey. (EFE)

La Argentina tiene interesante representación: Julio Le Parc, Manuel Espinosa, César Paternosto, Kazuya Sakai y Luis Tomasello se suman a las mismas salas en las que Ad Minoliti plantó su tienda especulativa, que propone pensar lo geométrico con elementos de género líquido y pensar el collage como técnica queer.

La ventana surrealista

Un capítulo entero está dedicado a los artistas que abrazan la alquimia pero entendida no literalmente sino como proceso de transformación. Se reúnen aquí las obras de Remedios Varo, Leonora Carrington por Kati Horna y una emblemática Carrington, Leonor Fini, Alice Rahón y Olga de Amaral y Ángela Gurría en una interpretación libre que habla del “tejido como gesto alquímico de transformación”. Está la recreación de un cometa de la también escritora Ale de la Puente y una ensoñadora cama de rosas de Betsabee Romero.

Obra de Remedios Varo, en la exposición que celebra los 50 años de la Colección FEMSA.

Finalmente, la exposición se adentra en un territorio nuevo, las identidades, en el que se ocuparon las adquisiciones de los últimos años. “Identidades habla de las historias que se quedan al margen y de historias queremos contar”, cierra el curador Beto Díaz Suárez. Y cuenta en detalle la pieza Estudio para la reconstrucción de un perfil, 2024, de la también argentina Ana Gallardo, que ocupa una pequeña habitación, casi en el orden de lo íntimo.

Dentro de esta obra, Ana Gallardo presenta dibujos de gran tamaño inspirados en los retratos y naturalezas muertas de su madre, Carmen Gómez Raba, quien no pudo seguir una carrera artística debido a los prejuicios de género de su época. La hija de Ana, Rocío Gallardo, aporta obras de cerámica que reinterpretan los bodegones de su abuela en arcilla. Juntas, sus prácticas forman un acto colectivo de restauración, uniendo a tres generaciones en la recuperación.

Se suman una bellísima instalación de los tocadores de Beatriz González y Teresa Margolles (que tiene una exhibición individual en otras salas) presenta sus retratos de mujeres trans en diferentes geografías que se ven aterradoramente similares. «Hablar de identidad –resuena la frase del curador– es hablar de todas las posibilidades de habitar este mundo».