A principios de 2023, entre las excentricidades del candidato y la aparente falta de robustez partidaria, para buena parte de la sociedad hubiera sido difícil predecir el triunfo electoral de La Libertad Avanza. A partir del desconcierto generado por esa victoria, el docente y ensayista Luis Ignacio García se volcó a escribir en su cuenta de Instagram para reflexionar sobre las causas profundas que la habían posibilitado y sobre el devenir de estos dos años de gobierno. Los textos, ahora compilados en el libro Fascismo cosplay (Caja Negra), trazan un recorrido que puede leerse en dos dimensiones: es una crónica o cápsula de época y también un esfuerzo teórico por comprender el proceso político argentino actual como un “laboratorio” de la ultraderecha global.

El docente y ensayista Luis Ignacio García, es autor de Fascismo cosplay (Caja negra). Foto: gentileza.

No es sobre Milei el libro, es un libro sobre las transformaciones técnicas subjetivas que hicieron posible el gobierno de Milei. Entonces, ahí ya hay una primera distancia, Milei como síntoma y no como objeto”, aclara el autor, que es Doctor en Filosofía, investigador del CONICET y profesor regular en la Universidad Nacional de Córdoba, provincia en donde se encuentra cuando se comunica con Clarín.

Utilizando como trinchera los 2200 caracteres por posteo, García explotó las contradicciones del medio para situarse en el fuego cruzado de la temporalidad vertiginosa de las redes y el tiempo largo de la elaboración intelectual. Llevado al papel, el resultado es el de un libro que se scrollea, con títulos que punzan como imágenes. Se trata, según expresa, de un intento de “pensar la época con la época, no desde afuera”.

Múltiples sentidos

Inspirado en los formatos de libros como Teoría de la gravedad de Leila Guerriero y, sobre todo, Calle de dirección única de Walter Benjamin, los fragmentos que componen Fascismo cosplay abren la discusión en múltiples sentidos.

El índice, convertido en una suerte de “nube conceptual”, adelanta algunos hitos del recorrido: “Capitalismo y nihilismo”, “Progresismo antiprogresista”, “Esoterismo y redes”, “Terraplanismo I”, “Economía y crueldad”, “Hay fakes y fakes”. En otras palabras: autocrítica del progresismo, debate sobre los discursos de odio, el rol de la posverdad, la desintegración de las instituciones democráticas en un tiempo de redes.

El título del libro permite anudar algunas de esas claves. Frente a las cautelas historicistas, García defiende la utilización de la palabra “fascismo” como una apuesta política y opina que fueron las marchas autodenominadas “antifascistas” las que saldaron la discusión a favor del término.Sin embargo, este fascismo poco tiene que ver con las rigideces de los autoritarismos del 30. Su estética entraña una rareza y en esa singularidad es que entra lo “cosplay”: es un fascismo que juega a la imitación.

Para García, esta cualidad resulta especialmente peligrosa porque “le da una capacidad camaleónica que de alguna manera es la mascarada, el caballo de Troya para ingresar al discurso público y para desplazar los límites de lo decible. [Agustín] Laje ha dicho muchas veces, ‘hemos sido durante mucho tiempo consumo irónico y así fuimos entrando’. Ahí hay algo de haber entendido el lenguaje de la época”, dice. “Entonces, decir fascismo cosplay es decir que el fascismo para volver a tornarse decible tuvo que operar con la astucia troll de la mascarada travesti, que creíamos que era nuestra”, continúa.

Las redes y la memética han sido terreno fértil para esta lógica que sigue un mecanismo sencillo: el tono burlón neutraliza la crítica, que siempre parece tomarse los chistes demasiado en serio. En ese sentido es que “la horizontalización del discurso promovida por las redes no fue democrática”, según afirma García.

“Un objetivo central del libro es lo que en términos filosóficos llamamos el nihilismo. El nihilismo es el ‘todo puede ser dicho’, que parece democrático, pero no lo es. La democracia no puede vivir en un territorio de posverdad”, postula el autor. La democracia, en cambio, necesita de criterios que jerarquizan los discursos. Si las redes desarman las jerarquías “lo que se impone es la ley de la selva, es decir, la jerarquía bruta de la violencia, que es lo que estamos viviendo hoy” dice García.

En ese contexto, la crueldad es, antes que una cuestión de moral, una estrategia. Pero no sólo se trata de violencia, sino de aquello que se considera como un conocimiento válido. En Fascismo cosplay, el terraplanismo, el esoterismo y las conspiraciones que nacen de aquella falta de criterios configuran otro de los fuertes ejes de reflexión.

¿Por qué tanta saña contra la ciencia?

“A mí, al principio me parecía tan exótico que los docentes universitarios pudiéramos ser un enemigo del gobierno porque me parecía ridículo. Si nosotros nunca existimos, ¿por qué tanta saña contra la ciencia?”, se pregunta el profesor de la UNC. La respuesta, dice, se liga al pensamiento de ideólogos como Curtis Yarvin, críticos de las instituciones académicas que legitiman la democracia.

El docente y ensayista Luis Ignacio García, es autor de Fascismo cosplay (Caja negra). Foto: gentileza.

Convertido en libro, Fascismo cosplay no pierde algunas huellas del medio que lo vio nacer. Según reconoce García, el lector original de los posteos no podía ser muy distinto a él mismo, lo que planteaba el desafío de la escritura en una época de burbujas de opinión. Así, buena parte del libro está dedicada a los debates dentro del “campo popular progresista” del que García se considera parte.

Entre lecturas de Pablo Semán y Susan Neiman, García dialoga con preguntas que subyacen y se repiten: ¿qué debe hacer la oposición: copiar o rechazar las formas de Milei? ¿Admitir o rechazar una lectura que señala excesos de corrección? En el carácter de diario de Fascismo cosplay se advierten las evoluciones de esas discusiones.

“Ahí aparecen una serie de objetivos dentro del campo progresista: desde los que consideran que el votante a Milei es un demente, un psicópata, hasta los que consideran que es la vanguardia de no sé qué nuevo plebeyismo. Se critican esos extremos, si se quiere: el que exotizó el gobierno de Milei como si no fuese una pésima respuesta a un muy buen conjunto de preguntas y el extremo de aquellos que parecen estar justificando a Milei”, señala.

En cambio, para García, la clave está en “construir una tercera posición en donde la única manera de hacer una autocrítica sea pensando que nuestro error no fueron nuestras banderas, sino que no las sostuvimos con la suficiente fuerza”.

Volver a sostener esas banderas, para el autor, implicará recordar el ejercicio del humor y la ironía que el progresismo supo movilizar: en la batalla por el fake, las drag queens ya sabían de cosplay y disfraces desde hace mucho tiempo.

Fascismo cosplay, de Luis Ignacio García (Caja negra).