
“Creo que Hebe fue una maestra, pero sin discípulos”. Quien habla es Liliana Villanueva que acaba de reeditar las Clases de su maestra Hebe Uhart. A diez años de su primera edición, este volumen ampliado agrega nuevas meditacionesde una escritora que se preocupaba por los detalles, las historias mínimas y la observación profunda.
Su interés reposaba por detrás del lenguaje. En esta charla, la arquitecta, periodista y escritora, discípula de Uhart, repasa algunas claves de las enseñanzas de su maestra y reflexiona sobre su trabajo a la hora de recopilar su voz. Una voz que, según cuenta, todavía sigue escuchando.
Las clases de Hebe Uhart, de Liliana Villanueva (emecé). Foto: gentileza.“Algo que yo le agradezco a Hebe, no solo de sus talleres sino de su literatura, es que ella te permitía escribir sobre temas que normalmente no son considerados como material literario. Sus cuentos y crónicas te dan permiso para escribir. No se trata del qué, sino del cómo”, afirma mientras recuerda, al mismo tiempo, que a Uhart nunca le importó tanto el qué dirán: “La posteridad le importaba un pepino. Creo que dijo algo así alguna vez, cuando le preguntaron, pero no me atrevo a ponerle comillas a la frase. Quizás dijo: un comino».
–¿Cómo trabajaste esta reedición?
–Fue muy trabajoso. Desde que salió el libro (N.del R: la primera edición fue en 2015 por el sello Blatt & Ríos) fui juntando el material para ampliar las clases. De vez en cuando empezaba algún nuevo capítulo cuando veía que había suficiente material pero los editores anteriores no mostraron mucho interés en una reedición ampliada o modificada: el libro funcionaba así como estaba. A mi me parecía incompleto. A fines de 2024 y principios de 2025, cuando al fin se decidió su publicación en otra editorial (no era Emecé todavía) hice una sentada de dos meses con días de trabajo de 11 a 12 horas, fiestas y cumpleaños incluidos. Después, cuando me decidí por Planeta, hicimos un trabajo de edición que duró medio año hasta la versión final.
–¿Cómo decidiste los agregados?
–Tienen que ver con las temáticas que Hebe fue trabajando en sus últimos años, desde 2015 en adelante. En un principio pensé que agregaría solo tres capítulos (la Clase de Felisberto Hernández, la de Simone Weil y algún otro texto) pero había juntado tanto material que dio para diez capítulos más y muchos anexos temáticos, algunos funcionan casi como capítulos aparte. La clase sobre la infancia, que en la versión original ocupa un par de carillas, en este nuevo libro tiene 12 carillas además del listado anexo. El capítulo sobre Construcción de personajes, que ya era largo, con los agregados dio para dos Clases: Construcción, por un lado, y Caracterización de personajes por otro.
La escritora Liliana Villanueva. Foto: Emiliana Miguelez.–¿Cuál te resultó más interesante?
–Un tema que para Hebe era muy importante y ocupa ahora dos capítulos: la Clase sobre la atención y el detalle y el de La curiosidad y la pasión, ambas temáticas se engloban con la Clase sobre Simone Weil. Pero si me preguntás qué clase es la más divertida para mí (y que puede leerse como un pequeño ensayo en sí mismo, aunque es un armado), es justamente un tema que Hebe no dio como clase específica: La observación de los animales. Hablaba mucho de animales en el taller porque estaba investigando y escribiendo para un libro, era un tema que ella aconsejaba para empezar a escribir (le fascinaban los chimpancés), pero nunca existió como clase temática.
–Su sensibilidad hacia los animales era notable ¿Cuál te parece la mayor potencia dentro de su literatura a la hora de narrarlos?
–Los animales te permiten una observación más sostenida, más duradera en el tiempo. A nadie en particular le gustaría ser observado como a un animal de un zoológico o un objeto de estudio. Tenés que pensar que Hebe empezó a interesarse por la crónica de animales a una edad avanzada, cuando ya había superado o pasado por otros temas. Ella decía que nosotros/as, por una cuestión de edad, seguíamos sumergidos en temáticas amorosas, relaciones por lo general desastrosas. En una antología de nuestros textos se disculpa un poco por eso. Los animales también te permiten ver cómo reaccionan los humanos, como en las descripciones de Flannery O’Connor de la reacción de la gente ante el pavo real.
–En el libro hay un momento en donde Hebe desliza que no se puede enseñar a escribir. ¿Cómo pensaba ella esto y qué pensás vos al respecto que has meditado tanto sobre el tema -es tu libro Maestros de la escritura-?
–Sí, yo estoy de acuerdo con Hebe en que no se puede enseñar a escribir, pero sí se puede acompañar el proceso de la escritura, guiarlo, de alguna manera, pero no con reglas o ejercicios sino con lecturas, de una forma indirecta, sin intervenir en el texto. No se puede enseñar a escribir porque cada escritor y cada escritora es un mundo distinto y no hay una técnica que sirva para todos, ni para cada momento de una persona, porque vos mismo vas cambiando y lo que te podía servir hace diez años no te sirve ahora. El taller de Hebe no era de corrección y mucho menos de edición, como otros talleres (el de Lili Heker, por ejemplo, donde un texto se puede llegar a leer de tres a 17 veces, con obligación de crítica), sino un lugar donde había personas muy diversas, con estilos muy distintos de escritura y sin la presión de escribir. Hebe, en ese sentido, no creó una escuela como Levrero, no era esa su intención. Si te fijás, casi todos los escritores que vienen del «mundo Levrero» escriben bastante parecido, a partir de ciertas técnicas o ejercicios. También las lecturas influyen. Hay talleres que no salen del cuento norteamericano, y Hebe era bastante más ecléctica en las lecturas. Esto enriquece mucho la mirada. Creo que Hebe fue una maestra, pero sin discípulos.
–Son muy interesantes sus lecciones sobre la crónica. ¿Cómo definís a la Hebe Uhart cronista?
–Hebe dijo un par de veces que cuando empezó a escribir crónica le “salieron alitas nuevas”. La crónica le permitió salir de la estructura y las limitaciones del cuento. Le dio más libertad. Pero no hay que confundirse: Hebe viajaba y escribía crónica, pero no era, a mi entender, una escritora viajera. A ella no le interesaba el viaje en sí sino los personajes que encontraba, los temas, que iba a buscar más allá, lejos de su entorno cotidiano y social. En las crónicas escribió sobre lo que a ella le interesaba, que eran los mismos temas que trabajaba en sus cuentos (la maestra de pueblo, el indígena aggiornado, el uso del lenguaje, el campo con sus frases, las diferencias entre el serrano y el que vive en la costa, los esotéricos y excéntricos, los extranjeros… con la única excepción de la historia familiar, que no incluyó en sus últimos libros. Se puede decir que la crónica le hizo posible una distancia, la liberó de la historia familiar. Pero Hebe nunca teorizó sobre el viaje o sobre la literatura de viaje. Sus clases y presentaciones públicas sobre el tema tenían como base una sumatoria de anécdotas. En cuanto al taller, ella favorecía la crónica de la infancia. Con esto intentaba que el alumno, la alumna, buscara su propio ‘yo’ escritural.. También porque es difícil, para alguien que empieza, trabajar un texto desde la tercera persona, crear esa distancia necesaria con el personaje. La primera persona te permite otras cosas, pero no por esto es más fácil: también se trata de un trabajo y de una ardua búsqueda.
La escritora Liliana Villanueva. Foto: Emiliana Miguelez.–¿Creés que Hebe Uhart tiene el lugar que se merece dentro del canon literario argentino?
–A Hebe eso no le preocupaba mucho, y a mí, para serte sincera, tampoco. Eso es algo que no tiene que ver con la escritura sino con la crítica, con los grupos de escritores, a quién leen, a quién citan, dónde te ubican, cómo te definen. La posteridad le importaba un pepino (creo que dijo algo así alguna vez, cuando le preguntaron, pero no me atrevo a ponerle comillas a la frase, quizás dijo: «un comino»). Bueno habría sido que la reconocieran más en vida, que le dieran premios o becas para posibilitar sus viajes, que ella organizaba con mucho esfuerzo y gastos personales. Nunca ningún editor o editora le pagó un viaje.
Las clases de Hebe Uhart, de Liliana Villanueva (emecé).



