“Recomiendan los médicos que debemos ejercitar nuestro cuerpo para que no quede tullido” escribe la reconocida lingüista Alicia María Zorrilla (Buenos Aires, 1948) . “Pero no siempre tienen en cuenta el cerebro, que, ante las dudas, necesita acudir al gimnasio de la bibliografía especializada para recuperar la plasticidad neuronal y lograr una comunicación lo más transparente posible”. En Palabras en apuros, la nueva publicación de la autora (editada por Libros del Zorzal), todas las confusiones lingüísticas en las que nos vemos sumergidos con frecuencia tienen su toque de gracia y una clara explicación.

Entrevista a Alicia María Zorrilla. Foto: Andres D'Elia.

La académica Alicia María Zorrilla lleva publicados dos libros de divulgación en torno a los errores de normativa, Sueltos de lengua y ¡¿Por las dudas…?!, ambos bajo el mismo sello. Y en 2025, una necesidad espiritual la llevó a escribir un libro de cuentos, El otro destierro, sobre temas como la vejez abandonada, la soledad y el deseo de encontrar la felicidad.

Este año, vuelve a entrelazar el humor con los yerros lingüísticos. Según explica, los errores, que no cesan de repetirse, la alientan continuamente a llamar la atención para que no se cometan otra vez.

Presidenta de la Academia Argentina de Letras durante seis años (dos periodos, de 2019 a 2025), hoy continúa ocupando el sillón n°8, a la vez que sigue desarrollando sus investigaciones y participando en congresos y convenciones.

Además, es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Washington, D. C.), nombramientos que constituyeron para ella “un inmenso honor y un compromiso”: “Todas las Academias estamos unidas por dos importantes objetivos: el estudio y el cuidado de las palabras”, explica.

Precariedad lingüística

Con motivo de la publicación de su último libro, dialogó con Clarín acerca de la precariedad lingüística en la sociedad actual y el poder de las palabras. Además, lamentó la pérdida de una de las lingüistas más destacadas del país, Ángela Di Tullio. Habían sido compañeras de la Comisión interacadémica que organizó la Real Academia Española para la preparación de la Nueva gramática de la lengua española, además de haber compartido congresos. “La recordaré siempre con gran afecto. Fue una de esas personas íntegras, cuyo ejemplo seguirá honrando la lingüística en la Argentina”, dice.

–En Palabras en apuros hace hincapié en nuestras “carencias lingüísticas” y en cierta “orfandad de palabras”. ¿A qué piensa que se deben?

–El origen de todos esos males es la indiferencia, el no tener el hábito de consultar los libros que deben consultarse, sobre todo, el Diccionario de la lengua española y las obras normativas. ¿Cómo puede ser que la palabra “nada” solucione la falta de vocabulario si no dicen “nada”? No saben qué decir, y comienza la fiesta de las muletillas (“a ver”, “¿viste?”, “me explico”, “ponele”, “o sea”, “digamos”, “obvio”, “dale”, “nada”, etc.) para llenar esos vacíos léxicos. Se conforman con hablar y escribir la lengua materna, pero ¿la hablan, la escriben? Los ejemplos bastan para afirmar que no siempre: “2 Paquetes de 120 Cápsulas *de Envejecimiento Facial” (publicidad con mayúsculas innecesarias; además, la preposición “de” tiene que ser reemplazada con la preposición “contra”: “contra el envejecimiento facial”); “Espera que se mantenga *alto el fuego” (por “el alto el fuego”); “Se registraron 24 heridos y solo dos siguen internados *sin riesgo de vida” (por “sin riesgo de muerte”); “Marcelo usó un par de veces ese coche, pues su salud lo había deteriorado demasiado” (¿la salud de Marcelo o la del coche?; la salud, ¿deteriora?).

–¿Es un fenómeno que sucede en todos los países hispanohablantes? ¿Hay alguna tendencia particular en la Argentina?

–No sé si con las mismas palabras tratadas, pero estos bastones aparecen también en otros países de habla española. En la Argentina, no es una tendencia actual; se da hace mucho tiempo.

–¿Piensa que hablar y escribir bien son una muestra de respeto al prójimo? ¿Por qué?

–El respeto, que se relaciona con la ética, denota consideración, atención a los demás y a cada uno de nosotros; implica reconocer que existen otros hablantes que desean entendernos, pero también reconocer que existimos y deseamos entenderlos. Es una forma de la cortesía que todos debemos dar y merecemos recibir. Si hablamos o escribimos mal, la comunicación no existe. Entonces, ¿para qué hablamos o escribimos? Etimológicamente, “comunicar” es ‘compartir’ nuestra lengua. Realmente, ¿la compartimos? Esta época, que se adorna con la inteligencia artificial y con el uso de las redes sociales, no advierte que la inteligencia natural, la que debemos desarrollar con intensidad para seguir pensando, necesita enriquecerse para no usar un lenguaje oscuro que nos aísle, sino un lenguaje claro y decoroso que nos una.

–“Estar en modo avión”, “que algo sea épico”… En su libro, señala que varias palabras y expresiones que están de moda son como bastones que fomentan la pereza al hablar¿Qué otras podría nombrar?

–Lo extraño es que no se conforman con el “modo avión”; este sintagma es tan productivo que aparecieron “en modo abuela”, “en modo geriátrico”, “en modo bruja”, “en modo error”, “en modo asesino”, “en modo harpía y yarará”, “en modo pareja”, “en modo vida”, y tantos otros que asombran. Lo mismo sucede con “épico”, que trasciende todos los significados, ya que proliferan “besos épicos”, “goles épicos”, “promos épicas”, “juegos electrónicos epiquísimos”, “ronquido épico”, “mugre épica”, “una caries épica”, “una peluca épica”, “voces épicas”, etcétera. Usted lo dijo muy bien; son bastones que auxilian pobremente cuando se padece abstinencia de vocabulario, cuando se renuncia a aprender porque, para muchas personas, la cultura lingüística no hace falta.

Entrevista a Alicia María Zorrilla. Foto: Andres D'Elia.

–Al principio del libro, cita a Amos Bronson Alcott, pedagogo estadounidense y padre de Louisa May Alcott : “La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”. Hoy en día, muchas personas “se saben ignorantes” y prefieren relegar su escritura a un chatbot para evitar así errores en sus textos. Como resultado, pululan en internet producciones correctas desde el punto de vista normativo, pero cada vez más homogéneas e impersonales ¿Qué opina sobre esto?

–No puedo afirmar que son producciones correctas desde el punto de vista normativo. Tengo mis reparos. Desde mi punto de vista, el uso de la inteligencia artificial puede ser valioso para ciertos ámbitos profesionales, pero puede quitarle a un escritor el gozo de reflexionar sobre los temas que lo preocupan para darles vida –su vida– en un libro. La inteligencia artificial no piensa, copia de aquí y de allá; carece de sentimientos; carece de alma. ¿Qué texto marmóreo, despersonalizado, saldrá de allí? La inteligencia artificial no le permite al corrector de textos aplicar todo lo que ha aprendido para descubrir y enmendar los errores en los textos que le encomiendan, pues, quizá, todo lo espera de ese dispositivo, salvo que luego “corrija” las equivocaciones que no vio la inteligencia artificial. Esta le impide al traductor ser “traductor”, sentir la satisfacción de trasladar el texto en lengua extranjera a nuestra lengua de acuerdo con su saber. ¿Quién puede robarle esa satisfacción que significa también crecer como profesional, sellar el trabajo con su identidad? ¡Qué diremos de la falta de información verdadera que puede afectar la labor periodística! Con la inteligencia artificial, ¿quiere perderse el placer de la investigación propia en busca de respuestas inmediatas en cuyo contenido no siempre se confía? ¿Por qué no se pagan los derechos de autor? ¿O la inteligencia artificial actúa con la “desinteligencia” de disponer a su aire de los contenidos que no le pertenece? ¿No es eso plagio?

–¿Qué le recomendaría a una persona que quiere escribir y hablar mejor, pero que no sabe por dónde empezar?

–Esa persona debería asistir a algún curso sobre lengua española para comenzar a estudiarla y a reunir la bibliografía necesaria para pulir su escritura y hablar, por lo menos, sin tantos errores. Si es muy lectora, ya ha recorrido un tramo del camino, pero no alcanza. Después de cincuenta y seis años de profesión, continúo estudiando obras gramaticales descriptivas y normativas para no dejar de actualizarme. La voluntad de estudio —el don de poder estudiar— no tiene edad ni fecha de vencimiento.

Alicia María Zorrilla básico

  • Nació en Buenos Airesen 1948. Es académica de número de la Academia Argentina de Letras, institución de la que fue presidenta durante seis años; académica correspondiente hispanoamericana de la Real Academia Española, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de la Academia Chilena de la Lengua; doctora en Letras por la Universidad del Salvador; licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid; profesora especializada en Castellano, Literatura y Latín.
Entrevista a Alicia María Zorrilla. Foto: Andres D'Elia.
  • En 2013, fue condecorada con la Medalla de San Jerónimo por el Colegio Nacional de Traductores del Perú. Es Miembro de Honor de la Unión de Correctores de Madrid y Presidenta y Directora Académica de la Fundación LITTERAE.
  • Fue miembro de la Comisión Interacadémica que creó la Real Academia Española para la composición de la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española, Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica y el Glosario de términos gramaticales.
  • Es autora de obras literarias y lingüísticas, entre ellas, Retrato de la novela; La voz sentenciosa de Borges; Dudario. Diccionario de consultas sobre el uso de la lengua española; Diccionario gramatical de la lengua española. La norma argentina y Diccionario normativo del español de la Argentina.

Palabras en apuros, de Alicia María Zorrilla (Libros del Zorzal).