No son pocas las personas que se han visto solas en la pandemia. Y ha habido distintas formas de vivirlo. Hay personas que disfrutan de la soledad, que no llevan mal el hecho de pasar mucho tiempo sin la compañía de otras personas. Lo necesitan, incluso.  “De todos es conocido aquello de ‘Mejor solo que mal acompañado’, pero en general hay una creencia extendida de que las personas solitarias son ‘raras’ o ‘tristes’, sin tener en cuenta que pueden ser absolutamente felices con un círculo social reducido y que su propia compañía les haga sentir plenos, seguros, productivos y reflexivos”, explica la psicóloga Pilar Guerra Escudero, quien matiza que la soledad no es mala por sí misma. “Comer sin más compañía que el diálogo interior o reflexionar a solas en un país extranjero no tienen por qué ser situaciones negativas, siempre que sean elegidas”, apostilla Guerra.

“La soledad se suele describir como una experiencia angustiosa que ocurre cuando las relaciones sociales de una persona son percibidas como menores, ya sea en la calidad o en la cantidad de lo que la persona desea. Es por ello que los psicólogos han definido la experiencia de la soledad como muy subjetiva. Alguien puede estar solo pero no en soledad y alguien puede sentirse solo incluso cuando está rodeado de personas. La soledad, de hecho, se suele considerar como un rasgo estable, lo que implica que son las personas las que tienen distintos puntos de ajuste para sentirla y van fluctuando alrededor de estos puntos según el contexto y circunstancias de su vida personal”, nos cuenta por su parte Aída Rubio, coordinadora del equipo de psicólogos de TherapyChat.

¿Por decisión propia?

Pilar Guerra considera que hay distinguir entre solitarios que lo son por decisión propia, de los que se vuelven así por culpa de los demás. “Los que prefieren la soledad porque sus intentos de salir de ella han sido frustrados, ya sea por acoso como por dificultades sociales, no sienten una auténtica predilección por la soledad; permanecen aisladas en contra de su voluntad y, por consiguiente, no se puede decir que prefieran estar a solas de forma auténtica”, nos cuenta.

Así son los solitarios

“Como mencionábamos anteriormente, la soledad es un rasgo más o menos estable. Lo que marca la diferencia es la vivencia de soledad que tiene cada individuo. Es decir, la importancia se basa en cómo percibe cada persona su situación. Se podría decir que a partir de esto podemos encontrarnos con dos situaciones opuestas. Por un lado, están las personas que temen la soledad y que se ven afectadas por sus consecuencias más negativas. Estas personas tienden a sentirse vacías, solas y poco queridas, por lo que buscan contacto, pero su estado mental genera dificultad a la hora de poder tener nuevas conexiones. En el lado contrario nos encontramos con personas que aprovechan la soledad y no la evitan. De esta manera le pierden el miedo a estar consigo mismas, generando una experiencia positiva y constructiva, donde se puede reflexionar y aprender sobre uno mismo, lo que se quiere y necesita”, nos anticipa Aída Rubio.

Mientras, Pilar Guerra nos resume en los siguientes seis puntos las características más significativas de las personas solitarias:

  • Se conocen a sí mismas y suelen saber lo que quieren y, por tanto, establecer claramente los límites a otras personas. Creen que si una persona no se es fiel a sí misma, entonces no lo será a nadie más, lo que hace que también entienda y respete los límites de otros. tienen un nivel más elevado de autoconocimiento. Al tener un mayor grado de conocimiento, presentan una mayor consciencia de sus fortalezas y debilidades y por esto es más probable que logren sus metas.
  • Suelen valorar más las relaciones y ser muy leales, porque aunque estén acostumbrados a estar solos, cuando llega alguien que quieren cerca se convierte en la relación más leal de todas (de pareja, amistad, de trabajo o familia). Al tener mucha confianza en sí mismos, no buscan la constante aprobación de los demás. Consideran que no deben nada a nadie y, por tanto, no sienten miedo de ser rechazadas.
  • Tienen una mente muy abierta, siempre en busca de nuevas aventuras y actividades. Esto les posibilita tener ideas más flexibles y, por lo tanto, adaptarse más fácilmente al mundo cambiante que vivimos.
  • Suelen ser más resilientes y tienen fortaleza en los malos momentos. Están acostumbrados a enfrentar sus miedos, problemas y puntos débiles de frente, lo que es una señal de fuerza y valentía. Los retos no les generan pánico porque son muy reflexivos y están preparados para enfrentar cualquier adversidad. Asimismo, en momentos de desánimo, utilizan su soledad para recargar fuerzas y diseñar soluciones.
  • Son personas empáticas, hábiles a la hora de comprender lo que les pasa a los demás y no suelen juzgarlos. Están más atentas al comportamiento de los otros y saben cuándo algo no va bien. Además, tienen facilidad de ver el lado positivo de cada situación, buscando ayudar a las otras personas de una forma práctica y consciente.
  • Por último, las personas solitarias valoran el tiempo más que nadie y suelen administrar de manera más efectiva y productiva las tareas cotidianas. Suelen ser puntuales y aprovechan el tiempo al máximo porque saben que es parte del éxito de la vida y evitan también que los demás lo pierdan. Presentan una alta capacidad de concentración.

Consecuencias de la soledad excesiva y la falta de contacto social

Eso sí, Pilar Guerra es consciente de que el ser humano es un ser social por naturaleza y existen estudios que muestran que la soledad no siempre es la mejor opción para la salud. “Esta se ha asociado a una menor cantidad de flujo sanguíneo y a un sistema inmune más pobre, lo que también puede llegar a aumentar las probabilidades de sufrir depresión. No hay más que ver la repentina subida de los casos de depresión que se han derivado del reciente aislamiento impuesto por el confinamiento durante la pandemia”, ejemplifica Guerra.

Sin embargo, el problema no es solo mental, pues nos cuenta que también hay estudios que indican que los solitarios tienen una presión arterial mayor, por lo que el riesgo de enfermedades cardíacas aumenta. “Otras investigaciones apuntan a la relación entre la soledad y el aislamiento con una probabilidad dos veces mayor de padecer Alzheimer”, nos detalla Pilar Guerra. “La soledad crónica está asociada a dificultades físicas y problemas de salud mental como pueden ser la depresión, un aumento del estrés, comportamiento antisocial y tomar parte en conductas de riesgo. Es por ello que las relaciones sociales son tan importantes, ya no solo por que protegen nuestra salud mental, sino porque poseen características que además aumentan nuestro bienestar”, añade Aída Rubio.  En definitiva, según la psicóloga clínica, todos estos estudios ofrecen una conclusión: la soledad no sólo tiene un impacto emocional, sino que también produce un impacto físico.

¿Hay diferencia entre estar solo y ser solitario?

Para Aída Rubio sí que existen diferencias. “Estar solo es no tener contacto físico con otra persona o por ejemplo con un animal que requiera de cuidados o que proporcione una interacción diaria. Ser solitario o encontrarse en soledad es un estado psicológico caracterizado por una experiencia, en ocasiones angustiosa, que se da cuando las relaciones sociales de un individuo son percibidas como de menor cantidad o calidad de lo deseado. Es decir, cuando el contacto social que existe en un determinado momento no es satisfactorio”, nos cuenta.

Nos preguntamos también cómo debemos tratar y abordar la relación con una persona que disfruta estando en soledad. “Sobre todo destaca que la base de todas las relaciones sociales debería ser el respeto, y en este tipo de relaciones ocurre lo mismo. Es importante respetar las necesidades, los límites y el espacio de una persona que disfruta estando en soledad. A su vez, es importante ser capaces de comunicar cuáles son nuestras necesidades tanto con la otra persona como con la relación en general. Es a través de la comunicación y el respeto que podremos lograr una buena relación, ya no solo con las personas solitarias, sino con nuestro contexto social en general”, nos cuenta la experta de TherapyChat.

¿Por qué hay personas que llevan mejor la soledad?

Lo que está claro es que hay personas que llevan mejor la soledad que otras. Tal y como nos cuenta Aída Rubio, de nuevo, volvemos a la idea de la experiencia personal de cada uno respecto a la soledad. “Una buena vivencia de la experiencia de soledad se basa en dos cosas. La primera es si se ha elegido estar solo. Si no se ha elegido estar solo, es probable que la experiencia se viva como mucho más negativa. La segunda es el motivo por el cual alguien decide estar en soledad, ya que podemos encontrar razones tanto positivas como negativas que motivan a encontrarse en este estado”, nos comenta la coordinadora del equipo de psicólogos de TherapyChat, que las resume en las siguientes:

-Las razones negativas, como, por ejemplo: me pongo nervioso cuando estoy con otros o no puedo ser yo mismo cuando estoy con otros; suelen estar basadas en experiencias previas negativas o ineficiencias percibidas. Lo importante de esto es que son personas que es poco probable que puedan vivenciar experiencias positivas de la soledad. Es mucho menos probable que puedan establecer relaciones positivas con otras personas o que tengan una idea clara de quiénes quieren ser.

-Las razones positivas, como, por ejemplo: valoro mi privacidad o puedo participar en actividades que realmente me interesan; están más relacionadas con el crecimiento personal, la identidad o autonomía. Lo importante es que estas razones están relacionadas con experiencias psicológicas saludables. Son personas que aprovechan su soledad para aceptarse de una manera más completa a sí mismos y a desarrollar su crecimiento personal. Es por ello que hay personas que llevan mejor la soledad o que en momentos de su vida incluso buscan tener una experiencia más solitaria.

¿Qué soluciones podemos encontrar?

Si hablamos de soledad no escogida, sino impuesta, la solución en opinión de Pilar Guerra no es sencilla. “Lo queramos o no y, a pesar de (o precisamente debido a) todas las tecnologías a nuestro alcance, la soledad es una tendencia extendida de nuestro tiempo, agravada por la pandemia”, sentencia Pilar Guerra. “De hecho, sin ir más lejos, Japón este año se ha visto obligado a crear el Ministerio de la Soledad para combatir la ola de suicidios a consecuencia de la pandemia. Es el segundo en hacerlo después de que en 2018 Reino Unido fuera la primera nación en dar este paso. Otros países como Australia han señalado en época electoral la temática como un asunto políticamente relevante”, nos cuenta.

Para tratar la complejidad de la soledad en nuestra sociedad no hay soluciones mágicas, ya que dependen mucho de la particularidad de cada caso, precisamente por la cantidad de variables que pueden interferir en el hecho de sentirse solo. Simplemente la edad ya es un factor clave. “Pese a esto, entre las posibles recomendaciones generales figuraría la de cuidar mucho la calidad de las relaciones. En lugar de acumular amistades huecas en redes sociales, cuidar a las personas que están a nuestro alrededor. El apoyo social, y las relaciones personales saludables pueden llegar a ser un factor de protección para cualquier tipo de problema de salud mental, e incluso para la física”, concluye.