Cuenta Sepideh Moafi que, cuando tenía diez años, su primo empezó a burlarse de ella por ser un alien. Lo ponía («Resident Alien») en su Green Card, la tarjeta de residencia estadounidense y ella, sin entender nada, gritó aterrorizada. La protagonista de la temporada 2 de ‘The Pitt‘ se enfrentaba a su primera crisis existencial.
Así lo relataba la actriz en un ensayo narrado en primera persona para invitar a una gala de recaudación de fondos celebrada en 2019 en favor del International Rescue Comittee. En el texto, Moafi habló sobre cómo fue vivir como refugiada después de que su familia huyese de Irán tras la revolución islámica de 1979 y el regimen que se impuso en el país desde entonces.
Huyendo de Irán
«Para cualquier familia refugiada, es raramente una elección», comenta la actriz hablando para People. «Las circunstancias eran tan extremas que se vieron forzados a irse.» Después de huir llegaron primero a Turquía y posteriormente a Alemania, al campo de refugiados de Regensburg, donde nació ella en 1985. Poco después, la familia recibiría el visado para viajar a Estados Unidos.
«¿A dónde pertenezco?, ¿dónde está el hogar? Nunca me sentí en casa.» Asegura Moafi hablando de cómo la experiencia de ser una refugiada y, posteriormente, una inmigrante residente en Estados Unidos moldeó su infancia y su vida a lo largo de los años. Sobre todo en lo que, como familia, lidiaban con el trauma propio y una cultura distinta:
«En la superficie, parecía que mi familia podía finalmente tomarse un gran respiro. Pero la realidad es que además de tener que ajustarse a la vida en una tierra y lenguaje completamente extranjera, tenían heridas profundas por experimentar la revolución, guerra y opresión política que llevaban a ejecuciones frecuentes de amigos y miembros de su famila, además de la pérdida de una batalla largamente librada por la democracia.»
Artista multifacética, Moafi es toda una activista en temas de inmigración, en parte por verse como una mujer que tiene un privilegio que muchos otros no tienen. Fue la guerra de Siria lo que provocó una de sus grandes crisis existenciales:
«Enfurecida por la injusticia, llamé a mis padres y les pregunté entre lágrimas: «¿Por qué yo tengo esta vida y ellos no?» A lo cual mi madre, en toda su gloria y sabiduría, respondió «No te preguntes por qué. Solo da las gracias.» En ese momento, esa perla dorada de sabiduría sofocó mi fuego y mi corazón se anegó de gratitud.
A lo largo de los años me he dado cuenta que esta gratitud, si bien esencial, no es suficiente. Ser una refugiada ha marcado mi vida y me siento un fuerte compromiso motivado no solo por ayudar a desestigmatizar pero también a humanizar a nuestros hermanos y hermanas que luchan por sobrevivir en el mundo.»
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