

“Creo que Julio intuía que esta iba a ser la última exposición en la que podría trabajar y quería asegurarse de que su presencia se notara. Se implicó mucho en la selección de las obras y en dar forma a la experiencia de los visitantes a lo largo del recorrido narrativo que construimos juntos”, cuenta en una entrevista con Clarín Val Ravaglia, curadora de Julio Le Parc: Light. Colour. Action, la gran exposición que Tate Modern inauguró días atrás en Londres.
La muestra abrió al público pocos días después de la muerte del artista argentino, fallecido el 30 de mayo en París a los 97 años, y se convirtió inesperadamente en un homenaje póstumo. Pese a su delicado estado de salud, el artista mendocino había seguido de cerca el proceso de preparación y todavía imaginaba la posibilidad de viajar en tren de París a Londres para asistir a la inauguración.
Organizada por Tate, en estrecha colaboración con el artista y su atelier, la exposición reúne más de 60 obras que recorren siete décadas de trayectoria, desde sus pinturas abstractas geométricas hasta sus instalaciones interactivas y sus esculturas de luz a gran escala. La muestra está organizada como un recorrido sinuoso, casi laberíntico, pensado para seguir la misión que atravesó toda la carrera de Le Parc: involucrar activamente al espectador.
Desde el inicio del desarrollo de la exposición, Le Parc pidió que se incluyera su poema “Avant que…”, que se puede hallar justo en el ingreso a la muestra, reproducido en inglés, en una serie de paneles que reflejan su división en varias estrofas.
“El poema es una reflexión conmovedora y sincera sobre el envejecimiento, en la que Julio expresa sus sentimientos ante el hecho de llegar al final de su vida, al tiempo que rinde homenaje a su esposa Martha, quien, lamentablemente, también falleció el año pasado, pero aún estaba viva cuando Julio escribió el poema”, cuenta la curadora.
“Su inclusión –dice Ravaglia– resulta ahora especialmente conmovedora, y lo interpreto como otra señal de que Julio, en el fondo, consideraba esta exposición como su último proyecto. Es como si quisiera despedirse”.
Es justamente en el texto que escribió para el catálogo donde Le Parc recuerda que sus primeras obras de 1959 ya revelaban la preocupación que poco después daría origen al Groupe de Recherche d’Art Visuel, el GRAV: “Tras un intenso periodo de investigación, concluimos que el espectador debía estar en el centro mismo del acto creativo”.
La exposición abre su derrotero con las primeras investigaciones ópticas de Le Parc tras su llegada a París, a fines de la década de 1950: estudios y pinturas en blanco y negro en los que ya aparecían las formas geométricas repetidas, los principios matemáticos y los efectos visuales que harían de la percepción uno de los ejes centrales de su obra. En esas piezas tempranas, los patrones parecen desplazarse, girar o vibrar ante la mirada del espectador.
El recorrido avanza luego hacia sus célebres piezas cinéticas desarrolladas a partir de 1959, cuando comenzó a trabajar con cajas de luz, materiales transparentes, superficies reflectantes y elementos móviles, donde la luz se proyecta, se fragmenta, se distorsiona y cambia según el movimiento del público. Estas instalaciones evolucionaron rápidamente hasta convertirse en la obra clave de Le Parc: los “Continuel Mobile”.
En Tate también se pueden ver también sus instalaciones más lúdicas e interactivas, incluidas sus “salas de juego”, en las que el público puede accionar mecanismos, presionar botones, mover piezas o alterar directamente la percepción de la obra. A través de efectos ópticos, experiencias sensoriales e interacciones físicas, la exposición busca hacer visible el papel del público en “completar” la obra.
“La obra de Le Parc siempre ha estado impulsada por su conciencia política”, explica Ravaglia. “Desde el principio, su compromiso de involucrar a los espectadores en la realización de la obra de arte fue una forma de activar su propio sentido de acción, no solo a nivel estético, sino también político”.
En una época en la que términos como “inmersivo” e “interactivo” se usan con frecuencia en el arte contemporáneo, la curadora subraya que en los años 60 esas estrategias tenían otro peso: “Una estrategia radical para democratizar el arte y hacerlo accesible a todo el mundo”.
Para Ravaglia, “la forma en que Julio involucraba a los espectadores y les hacía sentirse parte indispensable de la obra de arte no era solo una manera de seducir la vista, sino de suscitar una reflexión sobre la experiencia sensual como algo activo y reactivo, y no como una simple contemplación pasiva”.
La exposición cierra con la instalación «Blue Sphere», adquirida por Tate en 2024, una obra de gran escala que permite conectar sus investigaciones más recientes con aquellas búsquedas iniciales que lo convirtieron en una figura central del arte cinético internacional.
La retrospectiva Julio Le Parc: Light. Colour. Action permanecerá abierta hasta el 3 de mayo de 2027 en Tate Modern, Londres.



