

A diferencia de lo que se percibe en otras muestras que buscan adueñarse de los espacios, Fundación OSDE le da lugar al vacía para albergar a Elogios de la imaginación, donde la artista y curadora Laura Spivak extiende una invitación a Juliana Iriart, Daniel Roldán y Cotelito a indagar acerca del lugar que ocupan el juego y la imaginación en el mundo. ¿A qué mundo se refiere? ¿El creativo, el que nos rodea o el que se imagina?
Un poco de todo eso parece convivir en las respuestas, que oscilan entre instalaciones, murales y composiciones efímeras donde la materialidad se transforma en palabra.
Ese es el caso de la obra de Iriart, que invita a componer a partir de lo que se escucha. Radicada entre Chascomús y CABA, ingresó al mundo del arte a través del baile cuando era muy chica, por lo que el sonido se convirtió en una herramienta de creación. La obra inmaterial se establece como una parte más de su producción, por medio de la cual permite que otros puedan recrear imágenes en su mente.
Eso es exactamente lo que sucede con un grupo que, recostado entre grandes puffs, oye con atención la Radio de cuadros, donde la voz en off de Iriart describe pinturas poco conocidas, documentadas o visibilizadas.
En medio del cuarto oscuro que los contiene, la artista, habituada a trabajar con formatos muy grandes, como el paisaje que puede verse a la entrada de la muestra, ensaya una coreografía auditiva sin la necesidad del soporte, donde ese público consigue adueñarse de su propio imaginario.
Afuera, espera un gran mural de Cotelito que toma el espacio asignado para despojarlo al máximo y concentrarse en las paredes, algo que realizó en otras experiencias aunque su obra suele caracterizarse por los formatos medios y pequeños. Aquí, sus figuras amorfas cobran otras dimensiones, pero, al contrario de lo que podría pensarse, más que invadir, cobijan a quien se encuentra con ellas.
Las imágenes del Cotelito vienen asociadas a palabras como enigma, contemplación o difusa. Sin embargo, también se podría decir que son arquitecturas perfectas, donde entre formas sencillas y colores ejecutados con la perfección de quien sabe manejarlos, se confeccionan universos sencillos en los que siempre se siente placentero adentrarse.
«Cotelito observa con sorpresa y emoción lo que la naturaleza tiene para ofrecerle. Juega con sus preciosos hallazgos y los traduce en imágenes. Como respuesta a los tiempos convulsos que acechan nuestro presente, Laura pinta flores, insectos, pájaros, que, como luciérnagas, destellan en medio de la noche», describe el texto que acompaña la exhibición, dando lugar a la anfitriona.
Spivak comparte una serie de dibujos y grandes pinturas con lo que consiguen crear un capullo emocional, donde se puede saborear una momentánea sensación de quietud y olvido.
En esta guarida sensorial, Daniel Roldán despliega un ensayo de formas y figuras tan infinito como las miradas de quienes lo observan. Aporta el calor del amarillo, el destello de la creación y nuevamente la posibilidad de manifestar universos propios, donde «cada fragmento funciona como un detonador de asociaciones en las que la imaginación se dispara hasta el infinito».
Como ilustrador y diseñador gráfico, entiende qué componentes hacen a cada escena, cómo compaginar, superponer y alternar, estimulando la mirada para que pueda disparar nuevas posibilidades. Sus trabajos en papel completan el espacio, acercándose a los bordes hasta que parece que algo podrìa rebalsar, mientras que con sus piezas de acrílico, que surgen de collages que Roldán confecciona, le da lugar al vacío y al silencio, así como también juega con la volumetría.
Esta exposición es un impulso a la imaginación, no sólo como un recurso fundante en el proceso de creación de los artistas sino una herramienta de salvación para cualquiera que comprenda su potencial y cómo alimenta la inteligencia, activa los sentidos y estimula la supervivencia, aunque por momentos pareciera estar más cercana a las infancias, ya los adultos olvidan que esta cualidad no se pierde, solo hay que ejercitarla con regularidad.
En tiempos en los que resulta crucial «pensar las cosas de otra manera para resolver problemas» como dice Spivak, y no se equivoca, se podría afirmar que ampliar la interpretación de la realidad desde nuevas perspectivas, podría salvar al mundo.
Elogio de la imaginación, de Juliana Iriart, Daniel Roldán y Cotelito se puede visitar en Fundación Osde (Arroyo 807).



