¿Realidad o ficción? De eso se trata el panel “Historias de Terror (reales y de ficción) Made in Argentina”, uno de los principales temas del viernes, que formó parte de la tercera edición de Semana Negra BA en la Biblioteca Güiraldes (Talcahuano 1261, CABA) y contó con la participación de tres autores del género: Virginia Messi (periodista especializada en Policiales de Clarín y autora del libro Crimen y Misterio en Coghlan, de Planeta), el periodista, guionista y realizador de cine Camilo de Cabo y el escritor, librero y tallerista Luis Mey.

La tercera edición de Semana Negra BA. Foto: gentileza.

La escritora y periodista Sol Klinkenberg abrió el panel como moderadora: “El terrorda miedo, puede ser una catarsis de muchas cosas, pero en este último tiempo estamos viviendo un momento muy especial donde, de repente, todas estas historias tienen una ventana y un pulso muy particular donde hay casi una necesidad de un consumo de estas historias.”

Como parte de su introducción, Klinkenberg citó a Stephen King, Mariana Enriquez y a Luciano Lamberti como parte de los grandes autores contemporáneos del género del terror y, más atrás en el tiempo, al uruguayo Horacio Quiroga con su libro El almohadón de plumas.

“El terror nace de la realidad cotidiana, de la vulnerabilidad social, tiene algo de lo político y tiene mucho del lugar. ¿Cómo es su relación con el terror, ya que los tres vienen de lugares muy distintos?”, preguntó la moderadora.

Terror o suspenso

“A mí no me gusta el terror sino el suspenso”, abrió el juego la periodista Virginia Messi, especializada en crónicas policiales, y continuó: “Me parece que mi trabajo tiene mucho más que ver con el suspenso que con el terror. Lo que a mí me gusta del suspenso es averiguar qué pasa. De eso trata mi trabajo casi cotidiano”.

Messi también se refirió al caso del chico que apareció misteriosamente enterrado en una casona en el barrio de Coghlan, donde vivió el músico Gustavo Cerati cuando era joven. Un hecho que se descubrió después de 41 años y causó gran conmoción en la opinión pública. A través de su investigación, Messi lo convirtió en su libro Crimen y misterio en Coghlan. Un caso real de gran suceso literario.

“Lo que pasó en este libro fue la historia de un chico (Diego Fernández Lima) que se va de la casa y dice: ‘Mamá, vuelvo a la noche’ y no se sabe más nada. Pero 41 años después aparece enterrado en el jardín de la casa de un compañero de colegio. Eso es parte del suspenso que aún tenemos. Eso es lo que me gusta, pero el terror propiamente dicho me da miedo: soy muy cagona”, completó la reconocida periodista de la sección Policiales de Clarín.

En cambio, Camilo de Cabo tiene otra opinión sobre el terror: “Siempre me gustó desde muy chico, es mi género favorito de toda mi vida. No sé de dónde viene, tal vez de un cuento que me contó mi abuelo o mi papá cuando éramos chicos. A mi papá siempre le gustaba asustarnos cuando terminaba de leernos un cuento. Eso lo hablé con sus nietos, mis sobrinos, o mi primo cuando éramos chicos: hacía lo mismo que hacía conmigo cuando era chico, pero yo no me acordaba. De repente viene la típica cuando un niño está escuchando un cuento: mi papá de repente decía ‘¡Ohhhh!’… Esa cosa que saltás: te da miedo por un lado y, por otro, mucha adrenalina, como una excitación. Me gusta la adrenalina del terror”, exclama el realizador cinematográfico.

También se refirió a los miedos relacionados con el terror que le puede dar como adulto para tener la misma sensación que sentía cuando era pequeño: “Ahora es difícil encontrar algo que me dé miedo después de haber visto 800 millones de películas de terror. Lo mismo ocurre cuando leo novelas de terror: es como volver a la infancia. Es como decir: ‘Esto me genera miedo y lo estoy buscando’”.

Luego, llegó el turno de Luis Mey: “No me gustan los géneros. Siempre digo que si hacés mal terror puede parecer una comedia y si hacés mal una comedia, puede aparecer una novela de terror. Es un viejo proverbio”, explica el reconocido librero y autor de las novelas Macumba (2014) y Curabichera (2024), vinculadas al género de terror.

Mey siguió con su postura: “Si leemos Cementerio de animales, de Stephen King, cuando éramos niños pensábamos que el terror era que el niño de la novela volviese de la muerte. En cambio, ahora que soy calvo pienso que el terror es que muera”.

“Como dijo Virginia (Messi), todas las distopias se transforman en crónica. También asistimos a las historias como imposibles; lo mismo con las fake news: ese monstruo que nos dice que está llegando algo de otro universo. Todo el tiempo nos vienen contando ese cuento de Orson Welles en la radio. Vivimos aterrorizados”, analizó Mey.

“El miedo a lo posible”

Según Klinkenberg, lo que asusta es “el miedo a lo posible, y no a lo imposible”. Para ello, la periodista citó los libros Curabichera, de Mey, Raúl (de Camilo de Cabo) y Crimen y misterio en Coghlan (de Virginia Messi), este último, basado en una historia policial real.

“Hay infancia, adolescencia o esta zona rara entre la infancia y la adolescencia, un barrio como el del crimen en Coghlan. También está el caso del libro de Camilo, en que sitúa un barrio en los 80 y 90. ¿Cómo hacen ustedes para que estas temporalidades o ambientes cobren corporalidad en un texto?”, indagó Klinkenberg.

“Soy contemporánea, tengo la misma edad que Diego Fernández Lima, el protagonista de la historia”, reveló Messi, y siguió: “Por lo tanto, hay muchas cosas que no pude entender sino interpretar. Por ejemplo, en mi libro tuve que explicar a los lectores de hoy —no tan jóvenes— que había cuatro canales de televisión, que el único celular era el zapatófono del Súper Agente 86 (risas), que no había cámaras en las calles. Solamente había teléfonos fijos: cuando uno levantaba el teléfono había alguien hablando del otro lado”.

“Todo eso hacía que las investigaciones criminales fueran absolutamente diferentes, algo que hoy no ocurre. Por ejemplo, si alguien se lleva a un chico, lo siguen las cámaras que están en las calles, los investigadores ven dónde se accionó la antena del celular o ven si se usó la tarjeta SUBE. En mi caso particular, era muy importante explicarle al lector que estábamos hablando de un mundo absolutamente diferente. Cualquiera que quiera entender lo que pasó tiene que transportarse 41 años atrás a ese mundo y tratar de ver las migajas que dejó la historia”, explicó Messi.

De Cabo explicó su libro Raúl: “Arranca con un chico que es el protagonista, quien narra su infancia y conoce a Raúl, un mito misterioso que se termina volviendo su mejor amigo. A lo largo de la novela narra cómo va creciendo con Raúl, hasta la primera juventud”.

La tercera edición de Semana Negra BA. Foto: gentileza.

“En ese sentido, la historia va siguiendo la vida de este personaje. Para mí era muy importante mostrar cómo era ese crecimiento de un varón argentino y porteño y sus distintas etapas escolares, así como el trabajo, las relaciones familiares y de pareja”, agregó.

“Por otro lado, no puedo escribir no siendo porteño”, reconoció de Cabo. Y sumó: “Casi no salgo de Buenos Aires, por eso, para mí, pintar la Ciudad y los escenarios es otra parte de la historia fundamental de los personajes cuando uno los crea. En el caso de Raúl, son los barrios de mi infancia: Villa Urquiza y Villa Pueyrredón. Si bien no es autobiográfica, mi novela está basada en recuerdos de mis barrios en esa época, posterior a los 80. Sería desde 1990 en adelante, pero tampoco era muy diferente: no había celular, tampoco había un montón de cosas”, recordó.

Tres tipos de personajes esenciales

Según Luis Mey, hay tres tipos de personajes esenciales en una novela de terror: los ambientes, las personas y las cosas. “Sin ambiente, aunque prefiero llamarlos leviatán porque me gusta esa idea contractualista entre civilización y barbarie donde precisamente se rompe el género entre terror y tragedia”.

¿Qué los emparenta con la novela negra?, preguntó Sol Klinkenberg. “Mi libro no tiene ningún parentesco con la novela negra; es un caso policial de los dos o tres que me tocó cubrir en mis veinticuatro años de carrera. Es un caso sorprendente, pero no es una novela negra”, remarcó Virginia Messi.

“Hace treinta años empecé a hacer policiales, por eso se me pega, pero no se me pega en el lenguaje. Los cronistas de policiales estamos muy curtidos: en nosotros, el terror está como naturalizado”, explicó Messi.

“No me gustó la idea del policial, eso es de los periódicos”, reflexiono Luis Mey, y siguió: “Acá, el policía hace multas, participa en coimas. El investigador prácticamente es el fiscal, pero la novela negra es más amplia, es más entretenida en ese sentido y más permeable: tiene un rayo misterioso más encantador en la búsqueda de lo humano. En cambio, el policial tiende a resolver cuestiones más humanas desde el caso. Por eso me parece que la novela negra es más rica.”

¿Por qué quisieron meterse en lo oscuro?, cuestionó la moderadora Klinkenberg.

“El terror me genera adrenalina, excitación, pero hay una cuestión liberadora: para mí, el terror es tragedia. Las mejores novelas de terror que he leído terminan mal porque uno está buscando eso, sufrir para entretenerte de alguna manera. Creo que eso es liberador”, respondió de Cabo.

En ese sentido, el periodista y guionista de cine agregó que la no ficción también tiene historias. “Veo que en Netflix estrenan series y películas de crímenes una vez por mes. Eso no pasaba siempre.”

“Porque no existía Netflix”, dijo Virginia Messi, entre risas de los asistentes.

“Se ve tanto porque antes no había muchos lugares para ver, ahora están las plataformas y las redes. Lo vemos más porque hay más lugares donde ver, pero no sé si la pasión aumentó. Pero en Clarín, la sección más leída siempre fue la de policiales”, cerró Messi.

“El quinto tatuaje”

Virginia Messi tiene cuatro tatuajes en su cuerpo, pero estaría pensando en hacerse el quinto: “¿Vos te tatuarías la frase ‘Pocas veces los periodistas servimos para algo’?”, apuntó Klinkenberg. “Absolutamente”, dijo Messi.

Según la periodista de Clarín, la historia de Diego Fernández Lima, el chico de 16 años que se fue de la casa de un día para el otro, pero que 41 años más tarde, en 2025, se descubrió que estaba enterrado en una casa en Coghlan, le cambió la vida como cronista de policiales, al punto que publicó la historia en su libro Crimen y misterio en Coghlan.

“Lo adoptamos como una misión. Los periodistas no estamos buscando los clics, pero pocas veces podemos hacer cosas que cambien un poco la vida de la gente. En este caso, armamos como un team con el Equipo Argentino de Antropología Forense: sabíamos que la única manera de enterarse era con el ‘match’ del cuerpo.

“Lo fui difundiendo y por esa difusión lo vio un pariente y se hizo el ADN. Ahí se sintió que claramente ayudamos a la familia”, dijo Messi.

Y agregó: “Cuando estuve con Pochi, su mamá, sentís que serviste para algo. Esto es poder hacer la diferencia: más allá del libro, adoro mi trabajo, me encanta ser periodista”.

“Por eso, cuando les di el prólogo a mis amigos, dijeron: ‘Esto es muy Messi porque el prólogo dice que los periodistas no servimos para nada’. Además, me encargué de llamar a otros colegas para seguir esta historia porque había que contarla en un libro. A eso me refería. De todos modos, no me tatuaría esa frase; es cierta, pero me parece muy pedorra”, cerró Messi.