“Me siento como si hubiera esperado toda mi vida para venir a la Argentina, a conocer al país de Borges”, confiesa Kiran Desai sobre las expectativas que le produce haber llegado, por primera vez, a Buenos Aires. Para la escritora india, habitante desde hace más de tres décadas en los Estados Unidos –“sobreviví las presidencias de Reagan, dos veces a Bush, y ahora a Trump”–, con un declarado amor por Latinoamérica y su literatura, un escritor es mucho más que una referencia literaria, es también la puerta de entrada a un país: “Es increíble en qué medida uno construye el carácter de un país gracias a sus escritores, o cineastas. Cuando tú, como viajero, visitas el lugar, en realidad lo observas gracias a las obras que has leído. Como lectora de Borges, mi idea de Buenos Aires es una ciudad poblada de librerías y bibliotecas”.

La escritora india Kiran Desai vino a la Argentina con su nueva novela La soledad de Sonia y Sunny. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Kiran Desai pasó por Buenos Aires para presentar su más reciente novela en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Se trata de La soledad de Sonia y Sunny, publicada en español por Salamandra, libro en el que la autora estuvo trabajando durante veinte años, tras la publicación de El legado de la pérdida, novela ganadora del Booker Prize. No sorprende, pues, que el volumen tenga casi 800 páginas, y que haya llegado a juntar más de 5000 carillas de notas antes de comenzar a delinear la forma final de esta historia.

Esta ambiciosa epopeya abarca tres generaciones de dos familias de la India, sus viajes y migraciones, sus vínculos intergeneracionales, para ahondar en la tensión entre la cultura tradicional y secular y una pregunta que, a modo de un fractal, indaga por las múltiples perspectivas de la soledad en la sociedad moderna y globalizada. Clarín conversó con Kiran Desai antes de su presentación en la Feria del Libro.

– ¿Cuándo supiste que tu novela iba a ser de largo, larguísimo aliento?

– Lo primero fue darme cuenta que lo que estaba haciendo era crear una montaña de material. Hay un maravilloso haiku del poeta Issa, que dice: “Oh, pequeña hormiga, sube la montaña de Fujiyama, pero despacio, despacio”. Durante la escritura de esta novela me pensé mucho como una hormiga porque no sabía, en realidad, qué estaba haciendo. Cuando enseño, les digo a los estudiantes lo importante que es poder sostener, poder lidiar con esa duda, hasta saber qué es eso que estamos escribiendo.

– Se necesita mucha paciencia para eso…

– Sí. Yo considero que la paciencia es una palabra –una cualidad– clave. Creo que tanto en la vida de un artista como en la vida espiritual, la paciencia tiene una recompensa. Al escribir una novela, hay que esperar que el material emerja, tome forma. Y no sabes cuándo va a suceder eso. Recuerdo en mi infancia, íbamos de vacaciones a las afueras de Nueva Delhi, hacia un río. Al lado de los bungalows donde nos instalábamos, había un ermitaño que se sentaba cerca del río esperando el momento mágico en el que el pez salía del agua. Era un momento místico: pienso así de la escritura.

– ¿La idea de escribir sobre la experiencia de la soledad fue apareciendo en esas notas, o era un tema sobre el que te propusiste indagar?

– Al principio, pensé que quería escribir sobre la soledad en el mundo moderno y globalizado. Pero al empezar a crear este montón de materiales me di cuenta de que el tema podía pensarse casi como una imagen del agua: la soledad tomando formas, diferentes formas, en el mundo occidental y en el mundo no occidental. Además, me interesa pensar en los “espacios-entre”: entre la gente, entre los países, entre las razas.

Abrumada por la soledad

En la comienzo de la novela, la joven Sonia se siente abrumada por la soledad. En el receso invernal de su universidad, en Vermont, la mayoría de los estudiantes partieron a sus casas y solo quedan en el lugar unos pocos inmigrantes. Sus abuelos, preocupados, la llaman desde India… no pueden entender… “¿Sola, sola?”, se preguntan incrédulos. Para una sociedad como la suya, estar solo es una suerte de rareza, un privilegio. La novela indagará de múltiples modos la experiencia de la soledad, poniendo en tensión la tradición y la modernidad, y el espacio de novedad que abren las migraciones.

La escritora india Kiran Desai vino a la Argentina con su nueva novela La soledad de Sonia y Sunny. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

–Ese aspecto polisémico que das a la soledad recuerda aquel comentario de los lingüistas del siglo XX, sobre los muchos modos que tienen para nombrar la nieve un pueblo habitante del ártico…

–Es agradable que menciones la nieve, porque ese es el comienzo de mi novela, en Vermont. Como Sonia, yo también viví allí y pensé mucho sobre la nieve. En la novela aparece Ana Karenina, que inicia con esa enorme tormenta de invierno. También, Sonia lee a Kawabata, El país de la nieve. Recuerdo la primera frase de ese libro, que dice cuando el tren sale del túnel apareces en un mundo diferente, un mundo de metáforas y significados diferentes.

Un by-pass entre Asia y América latina

Hija de la también destacada novelista Anita Desai, durante años, Kiran viajó junto a su madre a San Miguel de Allende, México, donde se juntaban a escribir en los inviernos. El Covid, de hecho, las encontró allí trabajando.

“Para mi madre, México resultó la puerta abierta a una nueva civilización. Para mí, Estados Unidos fue la puerta de llegada a América latina. Lo fascinante del español es que tienes una sola lengua y toda la literatura latinoamericana, algo que no sucedió en Asia, porque nuestras lenguas son todas diferentes».

Y si las lecturas de Octavio Paz o Juan Rulfo están entre sus favoritas, imposible no ver en La soledad de Sonia y Sunny un homenaje a Cien años de soledad. En las primeras páginas del libro, incluso, se ofrece el diagrama del árbol genealógico de las familias de Sonia y Sunny, como el que los lectores de García Márquez realizaban del clan de los Buendía para orientarse en la compleja trama familiar.

– ¿Cuán presente tuviste a la gran obra de García Márquez?

– Muy presente. Pero también, El amor en los tiempos del cólera, que releí un par de veces mientras escribía mi libro. En general, creo que los escritores asiáticos, los de la India, están en conversación de muchas maneras con los autores latinoamericanos. Y de hecho para mí es muy interesante poder “saltarse” la conversación europea, sus categorías, hacer un by-pass para ponernos en contacto directamente. El orientalismo o el realismo mágico son los ojos occidentales sobre nuestro trabajo. Por eso, cuando yo leo a Borges, a Pedro Páramo de Rulfo, o a Octavio Paz, no pienso en técnicas literarias, sino en estos términos: es la vida real lo que leo a través de ellos.

– Eso se relaciona con algo que te escuché decir en una entrevista: que, lejos de ser un déficit, estar fuera del lugar de uno, escribir en la diáspora, puede ofrecer un modo diferente de pensar las identidades, por ejemplo, más allá de los énfasis nacionalistas.

– Claro. Yo me di cuenta de que no podía escribir sobre la India en un solo lugar, en un solo momento, porque yo no conozco la India en cada temporada y no he pasado un año en ella por mucho tiempo. Eso, confieso, me angustiaba un poco. En este libro, entonces, llegué a la comprensión de que la diáspora, este lugar “en el medio”, es un lugar muy interesante para trabajar. Es difícil, pero fascinante, porque es en esos “espacios entre” que la historia y la gente cambian. De hecho, el vocabulario de un migrante y el vocabulario de un escritor son similares: hablan de traducción, de reinvención, son espacios muy ricos y creativos.

Tampoco vos debés ser la misma después 20 años…

– Claro. La gente dice que escribir un libro es como tener un bebé. Pero no, realmente, un libro no es un niño en absoluto. Es una cosa completamente diferente. No es un proceso biológico, es un proceso mental. Y el nacimiento puede llevar 20 años, no 9 meses.

La escritora india Kiran Desai vino a la Argentina con su nueva novela La soledad de Sonia y Sunny. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

– Hablando de roles familiares, un personaje que se destaca en la novela es el de Mina Foi, la tía de Sonia, que tuvo un mal casamiento y quedó anclada a su familia de origen y era “menos que una empleada doméstica”, porque ni siquiera cobraba un sueldo.

– En India, la tía es una figura muy importante. Le llamamos tía a la gente querida –amigos de la familia, por ejemplo–, sin ser tíos. También está la figura de la tía loca, o la tía triste. En mi novela, es un pequeño homenaje a una tía que se casó, en una boda arreglada, con alguien que ya estaba casado. Entonces la enviaron a su casa en el tren, y ella pasó el resto de su vida en la casa de sus padres. Y cuando murieron, ella ya era vieja. Es otro vínculo, creo, con la literatura sudamericana: en el relato de Vivir para contarla, García Márquez toma el tren a la plantación de bananas donde vivían sus abuelos. También había una tía allí: la tía supersticiosa, la tía que vivía con los monstruos. Que a su vez él tomaba de Faulkner, y de algunos otros escritores. Ahora, yo soy la única mujer de mi familia, y miro a mi madre de la manera en que mi tía miró a sus mayores. Esas mujeres, las tías –que son las que no tuvieron hijos– estaban siempre un poco fuera de la sociedad.

Las palabras de la literatura

La soledad de Sonia y Sunny abunda en comentarios de autores y referencias literarias –algo que tiene sentido, porque es una historia de una aspirante escritora y un periodista muy lector–. Pero es posible sospechar que –como su admirado Borges– durante los veinte años de encierro que destinó a escribir la novela, la literatura, sus temas y tradiciones fueron su modo de relacionarse con el mundo.

Los lectores vivimos en un mundo diferente, que no es solo tu vida real, sino un mundo construido a partir de lo que lees. Entonces, cuando hablas con alguien, las palabras más importantes, las palabras de la muerte o del amor, en esas conversaciones usamos las palabras de la literatura. Construimos nuestros mundos a través de la lengua de los libros o de los filmes que vemos. Es algo casi inevitable”.

– ¿Te imaginas una adaptación audiovisual de esta novela?

– Sí, de hecho se acaban de vender los derechos para realizar serie. Decidimos que el formato de serie era mejor que un film, por la extensión de la historia.

La escritora india Kiran Desai vino a la Argentina con su nueva novela La soledad de Sonia y Sunny. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

– No puedo dejar de preguntarte, como migrante y vecina de Queens, qué viste a lo largo de estos 20 años que llevó la escritura de tu novela.

– Este es un país que alimenta a las guerras. Y no se detiene nunca. Es una actitud extraordinariamente caliza hacia las vidas de las personas afuera de los Estados Unidos. Cada vez que van a un país para matar, luego se ven a las personas de esos países –de Afganistán, de Irak, etcétera– intentando ingresar al mismo país que los bombardea. Si no es una bomba, también es la guerra económica. ¡Imagínense lo que hace en un ser humano tener, a la vez, esperanza y odio por el país! En ese sentido, supongo que Nueva York es un poco una isla. Y mi barrio –Jackson Heighs– una urbanización completamente multicultural, con asiáticos y latinoamericanos.

La soledad de Sonia y Sunny, de Kiran Desai (Salamandra).