“Una noche de 1976, una comitiva fúnebre integrada por Jorge Luis Borges, Fanny Uveda y el portero de Maipú 994, munido de una pala, enterró en un cantero el cuerpo de Beppo, el gato albino al que Borges dedicó un poema en «La cifra”, cuenta Álvaro Abós (Buenos Aires, 1941), autor de Plaza mágica (Adriana Hidalgo), sentado en un café frente a la mítica Plaza San Martín. “Es un lugar de la ciudad que es, en sí mismo, una ciudad”, dice sobre el espacio que conoce desde que lo recorría en triciclo, cuando la sensación dominante era la libertad.

El escritor, biógrafo e investigador Álvaro Abós. Foto: Ariel Grinberg.

Biógrafo de Macedonio Fernández, Antoine de Saint-Exupéry, Xul Solar y Natalio Botana, entre otros personajes decisivos de la cultura argentina, Álvaro Abós ha construido una obra atravesada por los cruces entre historia, política y literatura. Autor de títulos como Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires, en su nuevo libro convierte a la Plaza San Martín en protagonista de una singular biografía urbana.

–Usted dice que su libro no es un estudio urbanístico, lo define como una «biografía» de la Plaza San Martín. ¿Por qué otorgarle una entidad humana a un espacio físico?

–Exactamente, una biografía suele ser la historia de una vida humana, por lo que hacer la de un lugar es una anomalía literaria. Pero esta plaza es un sujeto histórico vibrante. La gente pasa por aquí y dice “qué linda”, pero casi nadie se detiene a ver que en este suelo está grabada la historia completa de la ciudad. Aquí hubo un depósito de esclavos, una plaza de toros, un cuartel, una cárcel y un patíbulo donde se ejecutó a los asesinos de Facundo Quiroga. Para mí, un lugar no cobra un sentido real hasta que no se vuelve experiencia humana. Escribir este libro implicó una búsqueda intensa entre documentos, imágenes y recuerdos para rescatar esa historia que sigue latiendo bajo el pasto.

Padre de la sombra

–Carlos Thays ocupa un lugar central en el libro. Usted lo llama “el padre de la sombra ciudadana”. ¿Por qué cree que Buenos Aires todavía no le reconoció plenamente ese legado?

–Thays fue un verdadero profeta que anticipó el cambio climático. Gracias a él y a los 150.000 árboles que plantó en Buenos Aires, hoy tenemos sombra; sin él, el calor actual sería insoportable. Él soñó esta plaza y fundó una dinastía de paisajistas que llega hasta hoy. Sin embargo, la ciudad es injusta: apenas lo recuerda con un pequeño busto y con un paseo bastante insípido junto a las vías del tren. Quien terminó de realizar su sueño fue el intendente Mariano de Vedia y Mitre en los años treinta, un realizador nato que demolió el “engendro” del Pabellón Argentino, una estructura de cien metros de largo que tapaba la barranca, para abrir el panorama que hoy disfrutamos desde aquí.

–Hay una historia muy instalada sobre el Kavanagh y los Anchorena. Usted sostiene que es falsa. ¿Qué encontró?

–Ese mito es totalmente falso. Se dice que Cora Kavanagh lo construyó para tapar la vista que la familia Anchorena tenía de su iglesia, el Santísimo Sacramento, por un novio despechado, pero la cronología no cierra: Mercedes Castellanos de Anchorena murió en 1920, cuando Cora todavía estaba en el colegio. El conflicto real fue religioso y urbanístico durante el Congreso Eucarístico de 1934. La estructura del Kavanagh tapaba la iglesia que debía presidir el evento y, para solucionar ese quilombo, a Vedia y Mitre se le ocurrió una idea genial: colocar una cruz de cemento de treinta y cinco metros iluminada sobre el edificio. Así, los visitantes que llegaban en barco veían la cruz y el conflicto quedaba, literalmente, bajo el signo de la fe.

–La relación de Borges con esta plaza es entrañable.

–Es fundamental. Borges vivió en un sexto piso sobre la calle Maipú y, al perder la vista definitivamente alrededor de 1955, la última luz que guardó en su retina fue esta plaza. Incluso ciego, seguía viniendo aquí con su asistente, Fanny. A comienzos de los años veinte escribió el poema “Plaza San Martín” y lo incluyó en Fervor de Buenos Aires. Es el único texto en el que menciona explícitamente a esta plaza y se lo dedicó a Macedonio Fernández “…la tarde entera se había remansado en la plaza, / serena y sazonada, / bienhechora y sutil como una lámpara, / clara como una frente, / grave como un ademán de hombre enlutado …”

–La anécdota del entierro de Beppo no es muy conocida.

–Algunos dicen que es una invención mía, pero está en la bibliografía de Fanny. Es el gesto máximo de dejar lo que uno ama en el lugar que ya no puede ver. También hablo de Alberto Girri, de Witold Gombrowicz, de Héctor Viel Temperley, y de Mario Benedetti.

El escritor, biógrafo e investigador Álvaro Abós. Foto: Ariel Grinberg.

Una plaza y muchos mundos

“En Plaza San Martín contraje el hábito –el vicio– de la poesía, y en más de cuarenta años no he podido desprenderme de él”, recuerda Abós de un texto que Benedetti publicó en El País el 23 de abril de 1984.

–En el libro aparecen personajes tan distintos como el padre Mugica y Martínez de Hoz. ¿Qué tiene esta plaza que hace convivir mundos tan diferentes?

–Es una mezcolanza típicamente porteña que une palacios oligárquicos con la cercanía de la Villa 31. Yo rescato mucho al padre Mugica, cuya infancia transcurrió en la calle Arroyo 844, en el seno de una familia de clase alta, pero cuya vida terminó ligada a los más humildes de Retiro. Hubo episodios muy simbólicos, como los enfrentamientos verbales con su vecino Martínez de Hoz, que vivía en el Kavanagh. También distingo entre una “plaza de arriba”, la de la Unión Democrática en 1945, y una “plaza de abajo”, la de Perón nacionalizando los ferrocarriles en 1947. La plaza tiene la capacidad de reunir historias que, en otro lugar, aparecerían dispersas.

–Su propia vida también está atravesada por este espacio: del triciclo en la infancia al exilio en Barcelona.

–Nací a la vuelta, en la calle Charcas, y para mí este lugar era la libertad absoluta cuando tenía tres años y andaba en mi triciclo. Después viví siete años frente a la plaza antes de tener que irme en 1977 porque ser abogado laboralista era considerado “subversivo”.

–En España escribió con el seudónimo de Robert Rose.

–Para sobrevivir hice libros por encargo que me permitían comprar la leche para mi hija recién nacida. No me arrepiento; fue un gran aprendizaje antes de empezar a publicar bajo mi nombre cuando regresé en 1984.

El escritor, biógrafo e investigador Álvaro Abós. Foto: Ariel Grinberg.

–Usted suele decir que “la ciudad es la asesina” y que el policial es nuestra nueva gauchesca. ¿Por qué?

–Absolutamente. Sostengo que el género policial es para la literatura argentina de hoy lo que la gauchesca fue en el siglo XIX. Casi todos mis libros tratan de crímenes porque la ciudad no es solo el escenario: es un agente de la violencia. Incluso en este libro sobre una plaza aparentemente pacífica, el crimen se filtra, ya sea en el asesinato de Mugica o en los fantasmas del patíbulo que alguna vez funcionó aquí.

–Después de tantos años recorriéndola, ¿qué siente que descubrió de verdad sobre esta plaza?

–Antes yo pasaba y decía “qué linda plaza”, como cualquiera. Pero investigarla, mirar cada cantero y cada busto, me permitió quererla más porque ahora sé quiénes pisaron este suelo. Descubrí, por ejemplo, un secreto maravilloso: esta plaza es única porque tiene prohibida la publicidad. Es un refugio real contra la contaminación visual. Cuando amigos que visitan la Argentina me preguntan qué lugar les recomiendo conocer, no dudo en decirles Plaza San Martín. Está toda la ciudad en estas cuadras. Es una ciudad en miniatura.

–También mágica…

–Lea la cita de Franz Kafka que elegí como epígrafe: “El esplendor de la vida está siempre alrededor nuestro. A veces parece invisible. A veces parece estar muy lejos. Sin embargo, siempre está ahí, no hostil, no a disgusto… Viene si uno lo llama con la palabra correcta. Es la esencia de la magia, que no crea, sino llama”.

Álvaro Abós básico

  • Nació en Buenos Aires, ciudad a la que ha dedicado varios libros, en especial Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires, que Canal (á) convirtió en serie de televisión.
El escritor, biógrafo e investigador Álvaro Abós. Foto: Ariel Grinberg.
  • También de temas y personajes que tienen que ver con Buenos Aires tratan la antología El libro de Buenos Aires y biografías como Ciudadano Botana, Xul Solar. Pintor del misterio, Macedonio Fernández. La biografía imposible, Eichmann en Argentina y Mira la catedral que habitas. La vida de Saint-Exupéry en la Argentina.
  • Su obra narrativa incluye los libros de cuentos De mala muerte, Merece lo que sueñas (Premio Alcalá de Henares 1996), Luna amarilla y las novelas Restos humanos, El simulacro (Premio Jaén 1996), El crimen de Clorinda Sarracán, Cinco balas para Augusto Vandor, La búsqueda del tesoro y Capilla ardiente.
  • Ha obtenido, entre otros, el Premio Konex de Platino en 2014 y el Primer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires en 2012.

Plaza mágica, de Álvaro Abós (Adriana Hidalgo).