Paul Mescal y Josh O’Connor interpretan en ‘The History of Sound’ a dos jóvenes que se conocen en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Ambos viven una relación breve, pero lo suficientemente intensa como para cambiar sus vidas para siempre.
La película de Oliver Hermanus, que fue una de las propuestas más esperadas de Cannes, parte de una premisa que podría haber dado pie a un romance queer, pero decide recorrer un camino mucho más sutil, melancólico y contenido. En lugar de recrearse en la pasión de sus protagonistas, se interesa por todo lo que queda cuando una relación termina: los recuerdos, las canciones, las decisiones que tomamos y esa sensación de que una persona puede seguir acompañándonos incluso cuando hace años que ya no forma parte de nuestra vida.
Dura poco, pero se queda para siempre
‘The History of Sound’ sigue a Lionel Worthington (Paul Mescal), un joven de Kentucky que viaja a Boston para estudiar música justo antes de la Primera Guerra Mundial. Allí conoce a David (Josh O’Connor), otro estudiante que está mucho más interesado en conservar las canciones y tradiciones musicales que en interpretarlas. Entre ambos surge una relación intensa, aunque poco convencional, que Hermanus evita convertir en un romance excesivamente explícito. Es precisamente ahí donde la película puede acaba siendo algo frustrante: Mescal y O’Connor tienen mucha química y quizá habría sido interesante pasar más tiempo junto a ellos antes de que la historia los separe.
La separación llega cuando David es reclutado para combatir, aunque ambos vuelven a encontrarse posteriormente durante un viaje por la Nueva Inglaterra rural para recopilar canciones folclóricas. La película entiende muy bien algo tremendamente doloroso: que no hace falta pasar años junto a alguien para que esa persona termine convirtiéndose en una de las figuras más importantes de tu vida. Una relación puede durar semanas o meses y, aun así, dejar una huella que permanece toda una vida.
Y David se convierte precisamente en eso: un fantasma. O’Connor tiene una presencia relativamente breve, pero su sonrisa, sus gestos y sus recuerdos sobrevuelan constantemente la película, como si Lionel no pudiera desprenderse de él. Esa ausencia termina condicionando sus decisiones, sus relaciones y hasta su carrera, mientras intenta encontrar una manera de seguir adelante sin conseguir realmente dejar atrás lo ocurrido. La película apuesta así por la melancolía antes que por el romanticismo más evidente y convierte la música en el vehículo perfecto para hablar de la memoria, el deseo y la pérdida.
Mejor verla en la gran pantalla
Uno de los aspectos que más me atraen de ‘The History of Sound’ es precisamente esa forma de entender el amor desde un lugar mucho más triste y menos convencional. No parece interesada en construir una historia apasionada al uso, sino en explorar qué ocurre después, cuando una persona que lo fue todo para nosotros desaparece de nuestra vida. El resultado puede ser más solemne que sensual, pero también mucho más devastador. Y el final, especialmente cuando Hermanus recupera una canción que llevaba tiempo sin oír, parece llevar esa idea hasta sus últimas consecuencias.
Por eso me da rabia no haber podido verla en cines. Una película que concede tanta importancia al sonido, a las canciones, a los paisajes y a los silencios parece hecha para ser experimentada en una sala y dejarse envolver por su atmósfera. Puede que’The History of Sound’ no sea el romance arrollador que muchos esperaban de Mescal y O’Connor, pero precisamente ahí está parte de su encanto: es una película sobre un amor breve que nunca termina de desaparecer, sobre el recuerdo convertido en melodías y sobre esas personas que, incluso cuando ya no están, siguen acompañándonos.
La tenéis disponible en SkyShowtime.
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