
«Era un otoño extraño, sofocante: el otoño en que Donald Trump iba a convertirse de nuevo en presidente de los Estados Unidos y en la ciudad habían comenzado a darles anticonceptivos a las ratas». La frase aparece en una nota al pie de Patricio Prony marca enseguida el tono de En todo hay una grieta y por ella entra la luz (Editorial Anagrama), una novela donde las notas al pie dejan de ser un comentario lateral para ocupar el centro.
Entrevista al escritor Patricio Pron. Foto: Santi Garcia Díaz. A partir de la figura del escritor y filósofo Benjamin Fondane (1898-1944), Pron arma un libro que mezcla ensayo, autobiografía y relato político. El resultado es una novela atravesada por preguntas que vienen apareciendo hace tiempo en su obra: cómo narrar el presente y qué pasa con la atención en una época donde todo parece ocurrir al mismo tiempo.
Autor de El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, La naturaleza secreta de las cosas de este mundo y Mañana tendremos otros nombres –con la que ganó el Premio Alfaguara de Novela–, Pron vuelve también sobre otra de sus obsesiones: la relación entre literatura y experiencia.
–Tu novela más reciente está construida casi por completo desde notas al pie. ¿Qué te llevó a escribir desde ahí?
–Pienso que todo escritor actúa, “opera”, en un campo específico de limitaciones y posibilidades que son resultado de lo que una sociedad específica cree que es la literatura en un momento determinado. Y tengo la impresión de que a todo ello se añade lo que esa sociedad piensa sobre lo que “corresponde” que escriban un género, una clase o una “tribu” determinados. Quizás no haya mucho que decir acerca de lo que se cree que es la literatura argentina fuera del país porque esto es evidente, y de lo que se cree que es en el país también tenemos numerosísimas pruebas. Yo escribo los libros que no son ese libro que una media docena de buenas intenciones y otra media docena de prejuicios exigen que escriba un escritor argentino, viva en el país o no. Y pienso que por esa razón se parecen –ojalá que algo más que un poco–a los libros argentinos que más me importan.
–En todo hay una grieta y por ella entra la luz nació durante tu estancia en la Biblioteca Pública de Nueva York. ¿Cómo entró la ciudad en el libro?
–Nuestra Babilonia, nuestra Roma, Nueva York es “la” ciudad moderna. Es contradictoria, cruel, cínica. Pero también ofrece muestras de solidaridad y compasión, y en cada esquina hay una razón para hundirse y otra para seguir creyendo. Yo elegí estas últimas, pese a todo. Y pensé que el presente –que es el tiempo sobre el que es más difícil escribir–podía narrarse si lograba verlo como si ya hubiese sucedido. Como si alguien, dentro de muchos años, apartara polvo y sedimentos para intentar entender qué fue exactamente esta época. Porque la época de Benjamin Fondane se parece bastante a la nuestra. Y porque escribir sobre este presente terminó imponiéndose. No era algo que yo quisiera hacer necesariamente. Pero ahí estaban Nueva York, la segunda presidencia de Donald Trump y una política cada vez más cruel con los más vulnerables. Yo no hubiese podido seguir escribiendo sin hablar de eso.
–Benjamin Fondane atraviesa toda la novela. ¿Qué encontraste en él?
–Fondane llegó tarde, es cierto. Pero también llegó antes. Fue el primer intelectual francés que creyó ver en el cine un arte tan valioso como la pintura cuando éste no era más que entretenimiento y el primero en mostrar filmes surrealistas en el Río de la Plata, además del primer –y posiblemente el único–cineasta que rodó una película surrealista en Argentina. Una película tan rupturista que su productor mandó destruir la copia apenas la vio. Y, al mismo tiempo, fue alguien que vivió en una época no tan distinta a la nuestra, en la que algunas personas parecen celebrar que se queme su casa si antes se quema la del vecino. Un tiempo donde la crueldad termina organizándolo todo, incluso la vida de quienes la abrazan. Fondane pensó profundamente su tiempo y su mensaje todavía resuena: el presente nos condiciona, pero no nos determina.
–En el libro aparece la idea de que “obedecer es traicionar”. ¿Qué formas de obediencia ves hoy en la literatura?
–Obedecer en literatura –específicamente a quienes nos dictan qué escritores son importantes, qué debemos leer o qué premio es relevante–es traicionar nuestra propia esencia como lectores y escritores. Esa obediencia nos hace olvidar el impulso que originalmente nos hizo comprender que existía un mundo afuera, uno del que nadie nos había hablado y que podíamos poseer si le prestábamos la atención que Simone Weil asociaba con el rezo. Se trata de traicionar la posibilidad de un pensar desafiante para aceptar, en su lugar, las simplificaciones que hoy son la norma.
–¿Y cómo puede la literatura escapar de esa lógica tan inmediata?
–El problema es que la obediencia se volvió la norma, e incluso cierta desobediencia promovida por las instituciones ya viene neutralizada de antemano. Un razonamiento binario del tipo “nosotros contra ellos” puede producir viralidad en redes sociales, pero rara vez transforma algo. La literatura tiene que buscar la vida que, como siempre, está en otra parte, lejos de esos titulares.
Cierta intemperie
Fue en 2000 cuando Pron dejó su Rosario natal para instalarse en Alemania. Después se mudó a España. “Vivo en Madrid porque aquí están mi esposa y mis dos gatos y porque el pescado es muy bueno –reconoce–. Más allá de eso no tengo ningún pensamiento ni reflexión particular sobre el asunto, excepto que “vivir afuera” (como dijo Fogwill) es experimentar una cierta intemperie que es la que yo prefiero para escribir”.
Entrevista al escritor Patricio Pron. Foto: Santi Garcia Díaz. Desde hace más de dos décadas viene armando una obra muy personal, entre novelas, cuentos, diarios y ensayos donde la política aparece mezclada con la vida privada y con la pregunta constante por cómo se vive una época.
–En esta novela aparece una zona más íntima. ¿Qué lugar ocupa hoy la idea de herencia o legado en tu escritura?
–Para ser completamente honesto, no creo que la literatura tenga ningún tipo de responsabilidad con nadie ni deba ser mucho más de lo que desee ser. Y, sin embargo, también creo que ninguno de nosotros puede vivir sin los demás y que esto no está exento de obligaciones. Parece estar de moda olvidar este hecho, y la literatura está llena de personas que han decidido que no van a hundirse sin arrastrar con ellas a otros. Pero yo prefiero no hundirme ni hundir conmigo a los amigos y las amigas que leen mis libros. Como escribió Elizabeth Barrett Browning, “los libros triunfan donde las vidas fracasan”. Y a mí leer y escribir siguen pareciéndome la vida mejor, la vida verdadera.
–Cuando volvés al país, ¿qué ves en la escena cultural argentina?
–¿Qué puede uno ver en Argentina estos días? Un esplendor sutil y un hundimiento sin sutileza. Buenísimos escritores y magníficas escritoras, excelentes librerías, muy buen teatro, universidades que –con una excepción famosa, en la calle Puan–siguen reuniendo el talento y multiplicándolo, pequeños sellos editoriales realmente magníficos y muy buena música. Y todo eso ocupa, desde hace tiempo, el lugar de la resistencia, que suele ser el único lugar donde las cosas verdaderamente prosperan.
–Después de Pron vs. Prompt (publicado en 2024) dijiste que la IA produce “ruido”. ¿Qué lugar ocupa hoy el libro como experiencia de lectura?
–No me disgusta pensar que mi novela podría contribuir a cierta restitución de la atención, pero tampoco me engaño: tengo la impresión de que algunas personas ya han perdido definitivamente esa capacidad. Viven dentro de una sucesión velocísima de estímulos intensos y contradictorios, como el timeline de una red social. Pero también creo que la literatura constituye una especie de “interrupción de la interrupción” sin la cual ninguna vida digna de ese nombre es posible. Y trato de escribir libros que formen parte de esa vida, como lo fueron para mí los de César Aira, Ricardo Piglia, María Moreno, María Sonia Cristoff, Alan Pauls, Sergio Bizzio, Rodrigo Fresán, Daniel Guebel y tantos otros escritores y escritoras que fueron mis maestros y también mis amigos.
Entrevista al escritor Patricio Pron. Foto: Santi Garcia Díaz. –En esta novela también aparece una discusión sobre la autoridad del escritor y las formas de leer. ¿Qué buscabas mover ahí?
–Nos gusta olvidar que el modo en que leemos –todas esas convenciones acerca de qué va primero y qué va después–expresa también ciertas exigencias que existen fuera de la literatura y que determinan cómo vivimos, cuánto trabajamos o incluso qué debemos desear. La literatura producida en talleres –o la que los imita–suele recordárnoslo en cada línea. Pero también existe otra literatura. Y toda desobediencia al “sentido común literario”, incluso algo tan sencillo como alterar la jerarquía entre el texto principal y las notas al pie, puede ayudarnos a cuestionar otras formas de obediencia.
Patricio Pron básico
- Es autor de seis libros de relatos, entre ellos: El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), La vida interior de las plantas de interior (2013) y Lo que está y no se usa nos fulminará (2018), y de ocho novelas, como El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011 y 2024), Nosotros caminamos en sueños (2014), No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Mañana tendremos otros nombres (2019), La naturaleza secreta de las cosas de este mundo (2023) y En todo hay una grieta y por ella entra la luz (2026); el diario de sueños Traumbuch (2022).
Entrevista al escritor Patricio Pron. Foto: Santi Garcia Díaz. - También de los ensayos El libro tachado: Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014) y No, no pienses en un conejo blanco: Literatura, dinero, tiempo, influencia, falsificación, crítica, futuro (2022). Un «duelo» contra un modelo de lenguaje en el que se vio involucrado tuvo como resultado el libro Pron vs. Prompt (2024).
- En 2010 Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores en español de su generación. Ha sido Director’s Guest en Civitella Ranieri y Santa Maddalena, profesor invitado en el Departamento de Literatura de la Universidad de Colonia, y fellow en el Erich Auerbach Institute for Advanced Studies, y en el Dorothy and Lewis B. Cullman Center for Scholars and Writers de la Biblioteca Pública de Nueva York.
- Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, traducido a doce idiomas y publicado en más de veinte países. Pron es doctor en Filología Románica por la Universidad Georg-August de Göttingen y vive en Madrid con su esposa y sus dos gatos.
En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Editorial Anagrama).



